miércoles, 19 de mayo de 2010

Los secretos del cuentacuentos

Acaba de salir publicado el libro teórico para aprender a contar cuentos “Los secretos del cuentacuentos”, escrito por la coordinadora de la Red Internacional de Cuentacuentos Beatriz Montero.


Páginas: 240.

Formato: 17 x 24 cm.

ISBN: 978-84-9842-590-1

Editorial: CCS (Madrid, España)

Colección: 182 TALLERES Nº 21.

Precio con IVA: 13,50 €.


Los secretos del cuentacuentos muestra el camino y las técnicas necesarias para aprender a contar cuentos, y desvela los secretos para ganar el corazón de los oyentes a través del hechizo de los cuentos.

Este manual descubre las claves para llegar a ser un encantador de historias, cuáles son los instrumentos del narrador, qué cuentos integran el repertorio adecuado, y cómo mejorar la técnica de contar cuentos.

Es un libro imprescindible para narradores orales, educadores, bibliotecarios, padres y madres, y para todo aquel que quiera iniciarse y profundizar en el arte de contar cuentos a niños y adultos. Dentro de sus páginas Beatriz Montero proporciona un gran número de recursos prácticos, ejercicios creativos, y consejos expertos de Maga Trapisonda.

Beatriz Montero es cuentacuentos, filóloga, escritora. Desde hace diez años imparte cursos de narración oral en la Universidad Popular Rivas-Vaciamadrid, la escuela teatro Ensayo 100, el Taller Fuentetaja, la Escuela de Escritores, Taller de Escritura de Madrid, Centros de Profesores y Bibliotecas Públicas. Formó parte de la Compañía de la Imaginación, y creó el grupo Trapisondos cuentacuentos. Ha contado en festivales internacionales de narración oral en México, Argentina, Brasil, Costa Rica, Canarias, Madrid, Guadalajara, León y Santander, así como en centenares de teatros, bibliotecas, colegios y centros culturales. Tiene publicadas dos novelas infantiles: Tengo tres mamás y Hay un monstruo en el colegio (Ediciones La Librería), además de relatos breves en varias antologías. Desde 2009 coordina la Red Internacional de Cuentacuentos (International Storytelling Network), www.cuentacuentos.eu , una asociación que agrupa a más de 700 narradores orales profesionales de 41 países en los cinco continentes. Tiene su propia página web www.beatrizmontero.com


El próximo jueves 3 de junio firmará su libro “Los secretos del cuentacuentos” en la caseta 140 (Editorial CCS) de la Feria del Libro de Madrid (Parque del Retiro). Esperamos verte allí.

Si quieres comprar el libro directamente a la editorial a través de Internet, escribe al email de la editorial o entra en su web (tienen pasarela de pago electrónico, pero solo funciona con el navegador Explorer de Windows):

Pedidos por Correo electrónico: apedidos@editorialccs.com

Teléfono Editorial CCS: (34) 91 725 20 00

Web de la editorial: http://www.editorialccs.com/ (haz clic en el enlace de “Novedades” que aparece en la parte superior y busca el libro para comprarlo online).

domingo, 16 de mayo de 2010

Mala muerte

Andrea llenó la bañera hasta más de la mitad con agua caliente, pero sin llegar a quemar. Vertió en el agua lo que quedaba de la bolsa de bolitas de espuma de lavanda. Enchufó la radio y sintonizó Kiss FM. Una antigua canción de Tom Jones comenzó a sonar con fuerza. Cerró la puerta, se desnudó y se sumergió en el agua. La última sensación, al menos, sería de felicidad. Cerró los ojos e intentó relajar todos sus músculos. No lo consiguió, porque cada vez que dejaba la mente en blanco le venía a la cabeza la imagen de Rubén besando a Nuria junto al parking del Morocco. Después de unos minutos abrió los ojos, estiró el brazo fuera del agua y alcanzó el cúter. Lo abrió, palpó el filo con la yema del pulgar, y comprobó que estaba afilado. Sujetó el cúter con la mano derecha, lo hundió en el agua, y se hizo un corte profundo en la muñeca izquierda. Apenas le dolió. Luego cambió el cúter de mano, y se rajó la muñeca derecha. El agua se empezó a teñir de rojo alrededor de las muñecas, formando una nube roja alrededor de la cintura. Dejó caer el cúter dentro del agua y cerró los ojos. En la radio empezó a sonar "Bulería", de David Bisbal. Andrea abrió los ojos asustada. "No me puedo morir escuchando una horterada", pensó. Sacó el brazo derecho ensangrentado fuera del agua, cogió el transistor y lo hundió en el agua cuidando de no desenchufarlo. No le dio tiempo ni a desangrarse.

viernes, 14 de mayo de 2010

Vergüenza judicial

El poder judicial, el poder jodicial, el poder jodiencial ha inhabilitado al juez Garzón. Los fascistas de la judicatura, el consejo superior del poder judicial, a los que nadie a estas alturas puede tener el menor respeto, me hacen sentir vergüenza, como en la época en que Franco humillaba a los españoles.
Diré lo que me sugieren esos jueces franquistas que quieren hacer valer sus privilegios de casta por encima de la más elemental democracia: sonrojo, bochorno, degradación, ignominia, obscenidad, inmoralidad, afrenta, ultraje, descrédito, desprestigio, deshonor, indecencia, descaro, desvergüenza.
Solo merecen desprecio.

jueves, 13 de mayo de 2010

En Madrid, con mucho cuento

Aterrizamos en Madrid el lunes, mientras nos pisaba los talones la nube de ceniza de ese volcán islandés que no me atrevo ni a escribir ni a pronunciar, porque suena a conjuro de invocación al maligno. Nos dio un mordisco en el fuselaje del avión, pero aterrizamos a tiempo en Barajas. Por la tarde el aeropuerto del que habíamos salido, Tenerife norte, ya estaba cerrado. Los que no madrugaron ese día, se quedaron en tierra.

Por la tarde de ese mismo lunes Bea ya estaba contando cuentos en Madrid en las Bibliotecas Públicas municipales. Y lo mismo el martes, el miércoles, ahora mismo (jueves), y mañana viernes.

Quedamos con Wayqui en la puerta de la Fnac de Callao, y nos fuimos con él a comernos dos tortillas de patatas con bravas en el callejón de Álvarez Gato, como Valle Inclán manda.

A la noche nos volvimos a encontrar en casa (Iguana Home) de Nelson Calderón, que nos había preparado un sancocho tan rico que hasta las Farc renunciarían a la guerrilla por sentarse a la mesa. Wayqui asegura que él había pelado las patatas y la yuca, y Lucía puso el cilantro. Nosotros (Bea y yo) el vino. De casa de Nelson salimos con un CD de Hablapalabra, de cuenteros peruanos, editado por Wayqui.


Al otro día quedamos con Elías. Ha adelgazado quince kilos, y está mejor que nunca. Nos contó todas las maldades que pueden hacer tres friquis informáticos cuando se cabrean. Temblad, malditos.

También nos vimos con Armando Trejo, mijo, en casa de Santi. Una casa preciosa, decorada con vacas de todos los colores. Armando nos regaló cuatro CDs que habían grabado en México, y un libro a punto de salir de la imprenta.

Cerca del mediodía estuve en la sede de Páginas de Espuma, con Juan Casamayor, el mejor editor de cuentos de España. Quien no tenga un libro de Páginas de Espuma en su casa, no conoce a los mejores escritores de cuentos contemporáneos.


Por la noche el Atleti ganó la copa de la Uefa, y Bea y yo de golpe nos hicimos cochoneros en la Plaza de Neptuno, a eso de la una de la madrugada.

Y ahora me voy corriendo a escuchar a Lilina Cinetto, esa argentina escritora y narradora que va a contar esta noche en La Rochela de Madrid. Allí nos vemos.

domingo, 9 de mayo de 2010

La confusión reinante

A finales de 1978 Franco llevaba tres años muerto, y en la Zarzuela estaba instalado su sucesor, escogido a dedo, Juan Carlos I de España y nada de Alemania. En una buhardilla de la Plaza de Oriente, entre tanto, José Bergamín estaba a punto de cumplir 83 años, y seguía tan lúcido y tan republicano como siempre. Casi muerto de hambre, como Corpus Vargas, después de una vida entera dedicada a la escritura. Toda la vida resistiéndose al fascismo para llegar ¿a dónde?
La respuesta fue un artículo demoledor en la revista Sábado Gráfico: "La confusión reinante".
Y otra vez a comisaría, a responder por sus escritos. Y otra vez despedido de otra redacción. Mientras tanto, en el palacio de Oriente, frente a su casa, la confusión reinante. Nunca un título me ha pareció más exacto y más republicano. El rey era entonces el mismo que ahora está enfermito en Barcelona, pobrecito, sana, sana, culito de rana, y que pocos años antes había jurado sobre la biblia defender los principios fundamentales del sagrado Movimiento Nacional (sí, el Movimiento, el de Franco, ¿cuál si no?). Compartiendo despachos con el rey, estaba el presidente Adolfo Suárez, que tenía como mayor currículum el haber sido Ministro Secretario General del Movimiento (el mismo Movimiento, ¿cual si no?), en la época de Carlos Arias Navarro, más conocido como "el carnicero de Málaga".
La memoria es muy mala, porque a veces retiene lo que muchos otros tratan de olvidar.
Yo era republicano antes de morir Franco, y lo seguiré siendo hasta que los borbones salgan de la Zarzuela a un nuevo exilio.

sábado, 8 de mayo de 2010

Las debilidades de los grandes

A veces uno piensa que los personajes a los que admira no tienen debilidades. Y se equivoca.
Supe hace un tiempo que Vázquez Montalbán sufría por su exceso de kilos, y que con frecuencia se ponía a dieta para rebajar la cintura ecuatorial que le rodeaba. No lo consiguió, y murió sentado en una silla de plástico en el aeropuerto de Bangkok en la medianoche del 17 de octubre de 2003, aguantándonse las ganas de comerse un toblerone.
También supe que John Lennon se ponía furioso cada vez que Paul McCarthey sacaba un nuevo disco y aparecía su nombre en la prensa de todo el mundo. ¿Por qué le hacen más caso a él que a mí, si yo soy mucho mejor?, le gritaba a Yoko Ono.
Ni los grandes escritores ni los músicos consagrados se libran de las pequeñas miserias ni de las envidias de corrala que nos envenenan a todos.

jueves, 6 de mayo de 2010

Arqueología de la narración

Antes de que existiera la narración de historias en imágenes a través de la televisión y el cine, las historias se contaban a través de la escritura.

Antes de la escritura existió la narración oral.

Y aún antes, los hombres de las cavernas contaban historias visuales con pictogramas.

Parece que la historia se repite, y está a punto de cerrar el círculo.

Somos la prehistoria de un futuro tan difícil de imaginar como lo fue este presente para los hombres de las cavernas.

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Foto anónima capturada con Google. Si es tuya dímelo y te cito, o la borro.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Haiku oscuro


Noche en Mauthausen.
Un padre salva a su hijo
asfixiándolo.

Las palabras moribundas

Uno sabe que envejece porque los espejos le devuelvan una imagen cada vez más cargada de hombros, con arrugas en cara y manos, barriga creciente, aumento del número de lunares, músculos flácidos, papada en el cuello, bolsas bajo los ojos, dientes que amarillean, piel blanda, calvicie, aumento del número de enfermedades y otros regalos envenenados que nos va haciendo el tiempo en cada cumpleaños. Pero no solo por eso. También nuestro lenguaje envejece, y de pronto un día notamos que hay una parte de nuestro vocabulario en uso que para el resto de la población ya ha dejado de estar en circulación. Palabras descontinuadas, dirían en México. Obsoletas (como la propia palabra “obsoleta”).

Incuso nosotros mismos intentamos no usar ya esas palabras, que nos relegan a un mundo anterior, ya extinguido. A los 14 y 15 años para mí las cosas agradables eran molonas, o fetén; poco después serían dabuten. A los chicos nos salía lefa del berroncho cuando nos hacíamos pajas. Josema y Marisa salían (no eran novios, esa palabra estaba prohibida) y no se morreaban, sino que mordían.

Muy a finales de los sesenta, un día una vieja me paró en la calle, y me dijo que nunca se me ocurriera ser un chico ye-yé. Que los ye-yés eran una vergüenza y una indecencia para España. Estábamos Jaime y yo a las puertas de La Mallorquina, en la Puerta del Sol. Yo le contesté que no se preocupara, porque nunca seríamos ye-yés, ni Jaime ni yo. No mentí, porque los ye-yés habían dejado de existir hacía varios años.

Es muy probable que aquella mujer fuera una chica topolino de su época, de las que iban a los parties y bailaban yenkas con un pick-up, y cada vez que se encontraba a solas con su novio, hacían petting en lugar de meterse mano. Nosotros, en cambio, organizábamos guateques en los que la aguja del tocadiscos se rompía siempre, y era sustituida por un alfiler doblado sacado de la caja de la costura de nuestras madres. Si no había lugar para guateque, nos íbamos a la boîte. Las chicas feas eran fetos y callos malayos, y las guapas ern de bandera o estaban como un camión. Los tontos eran mongoles. Lo políticamente correcto no existía. Éramos “modelnos”, los caraduras eran jetas, meábamos en el waterclós o en el clóset, y en los cines de sesión continua veíamos los films. Las chicas acusaban a los chicos de no saber tratarlas, y ser unos bastos.

En la universidad a mediados de los setenta los policías eran grises, aunque luego fueron maderos, también por el color de sus uniformes. A los progres no nos gustaba que nos llamaran progres. Es algo parecido a si a un hippy le llamas hippy, a un friqui friqui, o a un facha facha. Nunca es fácil identificarse con etiquetas, aunque para todos los demás sean obvias. Los progres de entonces podían ser trotskistas, maoístas, peceros o anarquistas. Socialistas no, de eso no había. Estaban de vacaciones. Había falangistas hedillistas, que querían a toda costa hacerse amigos de los anarquistas, pero para los anarquistas ese era un pacto imposible. No pactaban ni con ellos mismos. Para predicar con el ejemplo, su lema suicida era: Ni Dios, ni Rey, ni CNT.

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Imagen anónima capturada con Google. Si es tuya dímelo y te cito, o la borro.

miércoles, 28 de abril de 2010

Encuentro con lectores en Fuerteventura

En el periódico "Fuerteventura Diario" me recuerdan que mañana tengo que volar a la isla majorera para un encuentro con los lectores de "Abdel" en un instituto de E.M. de Corralejo. Empiezo a tener complejo de concejal corrupto con tanto avión y tanto encuentro. La maldición de los escritores es que cuando no son conocidos, se mueren de hambre y tienen que trabajar en otras cosas para subsistir, por lo que no les queda tiempo para escribir; y cuando ya son más famosos, les piden conferencias y encuentros por todas partes, de modo que tampoco tienen tiempo para escribir.

Pero no pienso quejarme, y menos con esta crisis, quita, quita, vive Dios que nunca muere, y si muere resucita.

Bea contará cuentos, pero por la tarde.

Al día siguiente, de madrugada, avión de regreso a Tenerife.

Dice el periódico (copy-pego):

"II Jornadas de Intercambio Cultural. En esta edición están dedicadas a Latinoamérica. Dentro del “Programa de Inmigración e Interculturalidad” promovido por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de La Oliva y subvencionadas por la Viceconsejería de Inmigración y Vivienda están en marcha las II Jornadas de Intercambio Cultural, en esta ocasión dedicadas a Latinoamérica. Todos los actos se desarrollarán en la sala de exposiciones de la Biblioteca Municipal de Corralejo, a partir de las 20:00h., durante los días 29 y 30 de abril. El día 29 de abril, jueves, estará dedicado a la narración oral. Para ello contamos con una cuentacuentos, Beatriz Montero. Asimismo el escritor de literatura juvenil, Enrique Páez, realizará un Encuentro Literario con el alumnado de Lengua y Literatura del Instituto de La Oliva en el que hablarán e intercambiarán opiniones sobre su obra “Abdel”. También se puede participar relatando cuentos ó leyendas representativas de Latinoamérica y Fuerteventura. Desde la Asociación de Peruanos/as se van a contar leyendas de su país y desde la Comunidad Marroquí han querido homenajear a Mario Benedetti, recitando una de sus poesías en bereber y árabe clásico. El día 30 de abril, viernes, tratará sobre las tradiciones. Hay programados tres talleres: Taller de fusión de danzas latinoamericanas y majoreras, elaboración de mate con la explicación del origen y del significado a la hora de ofrecerlo y un taller de gastronomía cubana. Por último, las Jornadas contarán con una exposición bibliográfica de autores/as latinoamericanos/as y otra exposición de objetos representativos de la cultura latinoamericana."

Pues nada, que me daré un chapuzón en la playa, y que le daré recuerdos vuestros a la cabra de la legión, que debe andar por allí saltando de peña en peña desde que Franco abandonó el Sahara.

lunes, 26 de abril de 2010

Escritura, inmigración y extinción de lenguas

Esta entrada ha sido borrada. Podrá leerse en las actas del Congreso.

(c) Enrique Páez, Tenerife, abril de 2010
Ponencia en el XIII Congreso Internacional de Inmigración y Biculturalismo
Almería, 22 de abril de 2010

miércoles, 21 de abril de 2010

XIII CONGRESO DE INMIGRACIÓN

XIII CONGRESO DE INMIGRACIÓN


"BICULTURALISMO Y SEGUNDA GENERACIÓN"

Almería, 21,22, 23 y 24 de

Abril de 2010.

PROGRAMA CIENTÍFICO

(Auditorio)

Jueves, día 22 (tarde)

19-21h. Mesa Redonda:

El arte como conexión cultural

Participan:

El cine como puente para el viaje trascultural, por

Dra. Concepción Fernández Soto, Profesora de Enseñanza Secundaria y Miembro del Laboratorio de Antropología Social y Cultural y del CEMyRI, Universidad de Almería.

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La escritura en segundo grado y la extinción de lenguas, por

D. Enrique Páez Maña, escritor, Coordinador de la Red Internacional de Cuentacuentos.

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Flamenco y mestizaje hoy, por

Dr. Norberto Torres Cortes, Doctor en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad de Almería, Profesor de Enseñanza Secundaria, guitarrista de flamenco.

viernes, 16 de abril de 2010

Tutti frutti

Me duelen los ojos. Venus está en conjunción con la luna nueva. Acaban de salir los primeros brotes de tomates. Bea contará cuentos mañana en la plaza de la Constitución de la Gomera. A veces el caos es solo una llamada de alerta. A Malena le gusta que le venden los ojos cuando está caliente. La culpa es de estar tantas horas delante de la pantalla del portátil. Mercurio debería estar ahí, pero parece que se ha escondido. El tajinaste del fondo, junto a la verja, parece que se ha secado. Tendremos que cruzar en el Benchijigua Express con el coche. La belleza protege a los estúpidos, pero solo durante un breve espacio de tiempo. Laura me dijo que Roberto siempre lloraba cuando le venía el orgasmo. Mañana tengo que conectar el riego automático. La eclíptica está asombrosamente nítida esta noche. El árbol de las hamacas se empieza a merecer una buena poda. La foto de Bea con el libro del punto rojo está genial. Escribir es mentir despacio, dije hace veinte años. Los curas pederastas se lavan la polla con agua bendita. Seguro que algunos manguitos de riego están mal conectados. Si hay luna nueva, entonces hay conjunción de sol y luna. Las azaleas están que se salen de los tiestos. Dice que no va a poder hacer todo el espectáculo en portugués. Uno se dedica a lo que le gusta, aunque no le guste reconocer que le gusta. Loreto guardaba de todo en la vagina, como si su coño fuera un baúl de los recuerdos. A este paso necesitaré un masaje para las contracturas. Me gustaría volver a mirar los anillos de Saturno por el telescopio Mons de Izaña. El níspero talado no volverá a crecer, me temo. Con el micrófono craneal se acabaron los problemas de voz. La escritura en segundo grado es la única con conciencia de sí misma. A todos los hombres les hubiera gustado nacer lesbianas.

miércoles, 14 de abril de 2010

Yo apoyo a Garzón

Los jueces, por principio, no me gustan. Ese oficio inquisidor de “administrar” justicia es un trabajo triste, soberbio y rencoroso. Sus servidores nacen, en un porcentaje escandalosamente alto, del vientre más rancio de la burguesía. No son de fiar, así, de primeras, como estamento.

Aunque, afortunadamente, siempre hay excepciones. Y una de ellas es Baltasar Garzón. No lo conozco personalmente, ni necesito irme de cacerías con él (no es esa su faceta más amable), pero tengo que agradecerle que le amargara los últimos años de su vida al dictador Pinochet. Me gustó que renunciara a seguir siendo servidor del Psoe, y abandonara su escaño de diputado (¿no se acuerdan que salió número dos por Madrid, detrás de Felipe González, en 1993?). Después metió en la cárcel al ministro Barrionuevo, y a Rafael Vera, por el caso Gal. Los etarras y los narcotraficantes que están en la cárcel por juicios instruidos por Garzón se cuentan por decenas.

Ahora Garzón ha intentado sacar a miles de muertos del franquismo de las cunetas y las fosas comunes, y devolverles la dignidad a sus familiares. Parece que tampoco le gustan las corruptelas del PP en el caso Gürtel. Estas dos últimas iniciativas han molestado a Falange, que le ha puesto una querella. Y resulta que la querella ha sido admitida, y un tal juez Varela pretende juzgarle por cuestionar el franquismo y destapar los asesinatos cometidos (muchos de ellos por falangistas) en los paredones de tantos pueblos. Qué casualidad.

A Falange le ha salido un valedor, que se llama Valera; y el apoyo del CGPJ (ya decía yo que los jueces no son de fiar), y de todo un partido político, que se llama Partido Popular.
¿Por qué al PP le gusta tanto la querella de Falange? Ya lo decía Objetivo Birmania: “¡Uh! ¡Vaya lío!: los amigos de mis amigas, son mis amigos”.

Los que quieran solidarizarse con Garzón, pueden hacerlo en la web www.congarzon.com . También hay un grupo en Facebook que pide un millón de firmas para apoyar a Garzón. A día de hoy ya somos más de 116.000 los que hemos puesto nuestro nombre allí.

Y como hoy es 14 de abril, y me tienen muy harto la Falange y los Borbones, grito a todo pulmón: ¡Viva la tercera república!

martes, 13 de abril de 2010

El círculo y la muerte

A veces me despierto en mitad de la noche con algo de taquicardia, sudor frío, y un sueño repetido que no tardo demasiado en reconocer. Siempre es el mismo sueño, aunque siempre es diferente. Trato de dormir de nuevo, pero no puedo: en seguida regresa el sueño circular disfrazado de mil formas, cada vez más sutiles. Finalmente desisto, me levanto en mitad de la tiniebla, y a tientas llego hasta la cocina. Me bebo un vaso de leche y me como dos galletas casi a oscuras, para no despertarme del todo. En realidad me como las galletas como un pavo, a grandes bocados, sin interés en saborearlas, y uso la leche para tragar los trozos grandes y que no se me queden atrancados en la garganta.

¿Qué te pasa?, me pregunta Bea, que de pronto se despierta y no me encuentra.

Nada, es solo una hipoglucemia, le digo. Anda, vuelve a la cama.

Vale, pero no tardes, dice, creo que sin llegar a abrir los ojos.

Y vuelvo a la cama, pero no me duermo en seguida, porque el azúcar tarda un poco en subir, así que los siguientes diez minutos me quedo mirando al techo que no veo, porque estoy a oscuras, y pensando en los sueños circulares.

Algunas veces voy abriendo puertas y puertas, para volver al mismo sitio, como en aquella película que se llamaba Cube. Otras veces sueño que sueño un sueño en el que sueño que estoy soñando, y aquello se convierte en una especie de muñeca matrioska redimensionada a cada instante. Una vez soñé con espejos que cruzaba una y otra vez, sin lograr avanzar. Anoche soñé con hipervínculos de una web que me remitían de uno a otro, y a otro, y a otro, para volver siempre al principio. Es difícil distinguir el sueño circular, porque nunca anuncia su circularidad, y solo al cabo de dos vueltas empiezo a caer en la cuenta de que me he metido en una ratonera onírica, y aún dormido distingo la señal de alerta que me anuncia que estoy en una hipoglucemia, y que mi vida corre peligro. Es verdad que el páncreas y los islotes de Langerhans los tengo manga por hombro, pero a cambio tengo contratado a un guardia jurado en el inconsciente que en caso de peligro me despierta por las noches con la sutilidad de un poeta renacentista.

Qué cosas.

En cambio las dos hipoglucemias más severas que he tenido en los últimos 20 años me han sucedido estando totalmente despierto. La primera vez fue hace diez o doce años, a las 6 de la tarde, estaba yo solo en casa, mientras escribía en el teclado del ordenador algún relato que ya he olvidado. Me sentí mareado y se incorporé de la silla demasiado rápido. Nada más levantarme me di cuenta de que algo no andaba bien. Llevaba más de cuatro horas de intensa concentración en la escritura, y el mareo no me llegó a sorprender del todo. Siempre que me sumerjo en el espacio transicional de la creación literaria, y profundizo durante un periodo largo (varias horas), regreso a la consciencia como si regresara de un largo viaje por otro universo, y me cuesta despertar. Necesito que pasen unos minutos antes de darme cuenta cabal de quién soy, dónde estoy, qué hago. En aquella ocasión tuve la sospecha de que tenía que ver con la diabetes, pero no supe discernir si se trataba de hipoglucemia o de hiperglucemia. Me acerqué trastabillando hasta la cocina, abrí la nevera y me quedé dudando qué hacer: ¿me pincho insulina o como algo con azúcar? Al menos tenía una neurona despierta, porque razoné que si me ponía insulina y lo que tenía era hipoglucemia, el coma estaba asegurado, mientras que si tenía hiperglucemia y comía algo con azúcar simplemente me subiría aún más el azúcar, que era algo así como darle una patada a los riñones y clavarme un alfiler en los ojos: malo, pero no mortal. Me decidí por comer algo. La neurona ya había hecho demasiado esfuerzo, así que dejó de aconsejarme. El resultado fue que me comí tres filetes de lenguado crudo, a dentelladas sobre el fregadero de la cocina. La única parte del cerebro que me funcionaba en esos momentos era el hipotálamo del cerebro reptiliano. No me dio asco comer pescado crudo a mordiscos desatinados, yo era totalmente inconsciente de lo que hacía, pero sabía raro. Muy raro. Luego empecé a hacer cosas absurdas, a sabiendas de que eran absurdas, como colocar una silla boca abajo en mitad del pasillo, extender por la casa entera un rollo de papel higiénico desenrollado, y meter tres pares de zapatos y dos libros de poemas dentro del lavabo. Era consciente de que lo que estaba haciendo era raro, pero justamente me estaba dejando un mensaje a mí mismo, por si me quedaba dormido y al despertarme no recordaba nada. Quería extrañarme a mí mismo en el futuro, porque lo que estaba viviendo era descabellado, y no quería que se me olvidara.

Consciente del peligro que yo suponía para mí mismo, al día siguiente reanudé las sesiones de psicoanálisis con el doctor Blanco. Él me mostró que tenía más peligro despierto que dormido, que mi inconsciente detectaba el peligro mucho mejor que mi consciente. Que corría más peligro despierto que dormido.

La segunda hipoglucemia fue cenando con mis hermanos, en Santander. Tenía un trozo de pizza en la mano mientras alucinaba. Oía el rumor de sus conversaciones como en sordina, a lo lejos, a pesar de que estábamos todos sentados alrededor de la misma mesa. Cerré los ojos y supe con claridad absoluta que todos mentían, y también yo. Supe también que ninguno sabía que estaba viviendo en una mentira prolongada durante décadas, y tuve miedo de que en mi cara o en mis ojos se pudiera leer que yo era la falsificación de un escritor. Entré en pánico. Estábamos a finales del verano, en casa de Coque. Me preguntaron si estaba bien, y yo les dije que sí. Yo sabía que aquello era una hipoglucemia de caballo, así que esperé entre visiones y revelaciones a que me subiera el azúcar de la pizza desde el estómago hasta la sangre, y de allí al cerebro. Entre tanto nos fuimos todos a ver los fuegos artificiales de Santoña.

¿Por qué son circulares los sueños de mis hipoglucemias?

Solo tengo sospechas. Cerrar el círculo es morir: volver a la tierra convertido en materia y energía (que ni se crea ni se destruye, solo se transforma). El círculo no avanza, no crece: es un péndulo que regresa al mismo punto, sin avance dialéctico. No hay síntesis tras la tesis y la antítesis, sino puro regreso al mismo punto. Repetición de lo que ya se ha vivido, monotonía en el tiempo: muerte en vida. El círculo de amigos, el círculo familiar, el círculo laboral: formas de protección y autoexclusión, negación de lo ajeno, parálisis.

viernes, 9 de abril de 2010

Mi abuelo Antonio

A veces me acuerdo de mi abuelo Antonio, que me llevaba al parque de San Telmo los domingos por la tarde, y me compraba una bola inmensa de algodón de azúcar de color azul. Los hilos de azúcar se me quedaban pegados en la punta de la nariz y en los carrillos, y tenía que quitármelos rápido antes de que mi abuelo se diera cuenta, porque si no él sacaba del bolsillo de su pantalón un pañuelo gris con sus iniciales bordadas, lo mojaba con saliva y me rascaba la cara hasta dejármela escocida. Otras veces me compraba un palulú de regaliz negro, o un chicle bazooka de tres pisos. A mi abuelo le olía la mano a tabaco, tenía la punta de los dedos y los dientes de color amarillento, y usaba jerseys abiertos de pico con botones grandes. Por la noche me leía las aventuras de Simbad el marino, Riquete el del copete y La llamada de la selva. Ponía la voz muy grave cada vez que hacía hablar a los malos, y yo me escondía debajo de las sábanas para que no me descubrieran. Si la historia daba mucho miedo, esa noche me meaba en la cama, y mi madre le echaba las culpas al abuelo. Cuando cumplí seis años me regaló un barco de plástico insumergible con motor y pilas, y en mi primera comunión una bicicleta BH plegable. Lo quise mucho, mucho. Todavía lo echo de menos. Debería acordarme de su muerte, pero no puedo, porque ocurrió tres meses antes de que yo naciera.

miércoles, 7 de abril de 2010

Masoquismo astral

Si quisiera ponerme estupendo y epatar (como se decía antes, en los años 70), pondría una voz molona (otro adjetivo demodé, como también lo está “demodé”) y diría que si ahora me pagan menos por los derechos de autor, es porque tengo mucha suerte. Tengo tanta suerte que las fuerzas del universo, con Luisa L. Hay a la cabeza, han decidido darme una nueva oportunidad para obligarme a escribir o morir de hambre. Un poco de presión. Un empujoncito. Jo, gracias. Los escritores necesitamos que nos obliguen a trabajar, se nos supone vagos patológicos. Precisamos que nos exijan que cumplamos los plazos de entrega, que nos pongan deadlines, como en los periódicos. Así que tendré que agradecer esta putada, como en la historia zen del pobre campesino chino a quien su único hijo, llamado Zijn, se le fractura un brazo, una pierna y dos costillas domando caballos. Qué mala suerte tienes, le dicen sus vecinos. Buena suerte, mala suerte, ¿quién lo sabe?, responde él. Al día siguiente se declara la guerra, y se llevan al frente de batalla a todos los jóvenes del pueblo, menos a Zijn, que se queda junto a su padre curando sus huesos rotos. Alabado sea Buda, Confucio y Alá. Los católicos dicen que son cruces que nos manda el Señor para alcanzar la santidad. Aquí el que no se consuela es porque no quiere.

Así que le doy gracias al universo por ser tan generoso conmigo. Dios escribe recto con renglones torcidos. Tócate los huevos. Pero como creo que aún no he conseguido suficiente motivación, voy a llamar a casa de mi vecino, el boxeador, ese que tiene tan malas pulgas, y llamarle hijo puta en toda su jeta. Seguro que me zumba. Después regreso a casa y verás cómo me sale un soneto bien caliente.

martes, 6 de abril de 2010

Mamá, ven, diles algo

Me dice Bea que deje de hacer el bobo y me ponga a escribir. Me lo dice en tono amenazante, como el que ponía mi madre cuando me decía: “¡Enrique, ponte a estudiar!” Al menos a eso me suena. O tal vez quiero que me suene a eso, porque mi madre está muerta desde hace año y medio, y es muy probable que la eche de menos sin saberlo. El caso es que Bea me dice que escriba, y yo estoy cabreado. No con ella, ni con mi madre, sino con los derechos de autor, porque resulta que hace unos pocos días recibí dos cartas de las editoriales, y en ellas me hacen el saldo de ventas de libros del año anterior. En realidad, más que un saldo es una catástrofe, porque de golpe las regalías por la venta de mis libros han bajado a la mitad de lo que cobré el año pasado. Exactamente a la mitad. Y no solo eso, sino que son la tercera parte (¡la tercera parte!) de lo que cobré hace dos años, tres, o cuatro años. No puedo decir que sea una ruina, pero de golpe y porrazo me acabo de convertir en el vizconde demediado. Mis libros de texto de la ESO han sido descatalogados, porque un nuevo plan de estudios ha barrido el conocimiento anterior, y ahora las pirámides ya no están en el Cairo, sino en Yakarta, posiblemente. Los libros cada vez duran menos (llevo décadas oyendo esa cantilena), así que los que se hayan comprado la Enciclopedia Británica o la de Espasa Calpe, que empiecen a calentar la chimenea tomo a tomo, porque ya no vale ni un carajo. Ni para decorados de “Amor en tiempos revueltos”, porque ahí siempre los ponen de cartón piedra, y dentro los productores esconden las camisetas de cocaína. Porca miseria.

Pero como Bea lo dice, y yo soy muy bien mandado, o a lo mejor solo es que echo de menos a mi madre, voy y escribo. Todavía me acuerdo de que cada vez que subía a Santander para verla, me decía: “Ay, hijo, a ver cuándo me escribes una novela de verdad, como las de Antonio Gala, tan bonitas, y no esos cuentos para niños que escribes”. Y ahí me dejaba bien jodido, porque a partir de ese momento yo era incapaz de escribir una línea. En el camino de regreso a Madrid iba mascullando todo tipo de blasfemias y jaculatorias, a partes iguales. ¿Una novela de verdad? Manda cojones. Uno puede pasarse la vida escribiendo, pero si no le escribe a su madre una novela de verdad, como las de Antonio Gala, nunca pasa de ser un puto escribano, un oficinista, un sub-escritor, ya ves tú, literatura infantil, para niños, ¿para niños?, ¿y qué sabrán los niños? A esos se les engaña con un caramelo y un palulú, así que escribir para niños es como darle margaritas a los cerdos. No se ha hecho la miel para la boca del asno, hijo mío, crece de una vez, ponte a escribir algo que valga la pena, algo de lo que me vaya a sentir orgullosa, y pueda decirle a mis amigas: Mira, esta novela la ha escrito mi hijo Enrique, para mí, mira, mira, si está dedicada y todo, fíjate lo que pone, “A mi madre, que me dio la vida y me enseñó a hablar, porque sin ella seguiría perdido”, qué cosas tiene, ¿verdad? Es que siempre ha sido un exagerado, desde pequeño, yo siempre le tenía que regañar: “Enrique, te he dicho diez millones de veces que no seas exagerado”, y él se reía, yo qué sé de qué, y no me hacía ni caso.

Pues sí, la culpa de que escriba es de mi madre. Y la culpa de que no escriba también es de mi madre, así que no sé si llamar otra vez al doctor Blanco para reanudar el psicoanálisis que dejamos aparcado hace ocho años. Pero con lo que ahora me pagan de derechos de autor, ni de coña puedo acudir a las sesiones del doctor Blanco. Tampoco puedo subir a Santander a protestarle a mi madre, porque está muerta, la cabrona. Podría ir disfrazado a la parroquia y confesar mis pecados al confesor, a ver qué me dice, que seguro que me sale más barato. Pero le tengo miedo, que igual me mete mano pensando que soy un adolescente que ha discutido con su madre. Vaya mierda. Podría acudir al departamento de mecánica de fluidos en astrofísica, para que me pongan la cabeza como un bombo, pero luego tendré resaca.

Así que agacho la cabeza, le saco la lengua a Bea cuando no me está mirando, y me pongo a escribir, para ver si así mi madre se aparece levitando por detrás de las cortinas, como en Lourdes, justo en el momento en el que se pone el sol y hay reflejos que ciegan la vista por unos instantes, y me dice que lo estoy haciendo muy bien, que está muy orgullosa de mí, que yo soy el preferido de todos sus hijos, porque los demás son unos vándalos, sobre todo Nacho, y que como premio me va a poner no una, sino dos onzas de chocolate incrustadas en el bocadillo de la merienda. Hala, joderos, que mamá me quiere a mí más que a todos vosotros, patanes, capullos, lerdos, mongoloides.

Pero creo que no va a ser así. Lástima, porque ya empezaba a creérmelo.

¡Mamá, ven, por favor, que se están metiendo conmigo, diles que me dejen en paz!

sábado, 3 de abril de 2010

¿San Pancracio o San Mamés?

Cuando era pequeño quise ser santo. A ser posible San Pancracio, y que me decapitaran un 12 de mayo en la Vía Aurelia de Roma. Cosas del espectáculo. O será que me gustaba el perejil. Pero como yo no era un niño consentido, también me conformaba con ser San Mamés, evangelizando leones. O San Eubulo de Cesarea, que fue destrozado por los leones y luego decapitado (de la segunda parte seguro que no iba a enterarme). O uno de los Cinco santos Mártires de Tiro, que fueron expuestos desnudos a las fieras, sobrevivieron y fueron degollados. Puro exhibicionismo. O los santos Prisco, Malco y Alejandro de Cesarea, devorados por leones y otras fieras. También las santas Máxima, Donatila y Segunda, San Marino de Anazarba, San Queremón de Nilópolis: todos devorados por leones. Vaya panzada.

Lo de los misioneros africanos que terminaban en el caldero de la tribu de negros caníbales, junto al explorador con casco, también molaba.

¿Que por qué me acuerdo yo ahora de eso?

Debe ser que la Semana Santa saca lo mejor de mí: vértigo de santidad.

O será que se acerca la hora de la cena y me preocupa que la nevera esté vacía.

Si me convirtiera en catoblepas, ese animal mítico que se alimentaba de sí mismo, podría autodevorarme.

Y si conmigo no me alcanzare, porque la hambruna fuera mucha, llamaría al vecino, que está gordito.

jueves, 1 de abril de 2010

No hay bestia tan feroz

Ese es el título de la novela de Edward Bunker: “No hay bestia tan feroz”. Es una novela negra, de delincuentes malos de cojones, aunque no tanto como promete. El propio título del libro es en sí mismo la primera crítica sustanciosa: No hay bestia tan feroz. Los personajes de esta novela no son tan malos. De hecho son demasiado pudorosos, demasiado mirados, demasiadas justificaciones y valoraciones morales acerca del bien y del mal. La conciencia y las reflexiones parece que existen entre ladrones y asesinos, viene a decir el autor. La verdad es que el currículum personal de Edward Bunker parece más duro que los asaltos y crímenes del protagonista de la novela, el malo malísimo llamado Max Dembo. Bunker, según dice la solapa del libro, pasó gran parte de su vida entrando y saliendo de prisión con condenas por atraco a mano armada, tráfico de drogas y extorsión, llegando a figurar entre los diez fugitivos más buscados por el FBI. Tarantino, que recomienda la novela, le contrató para el papel de Mr. Blue en Reservoir Dogs. Por lo visto en la cárcel se dedicó a leer libros. Poco creíble, la verdad, aunque el Lute hiciera la carrera de derecho entre rejas. A mí me recuerda aquello del libro gordo de Petete, pero con otra letra: La cárcel yanqui te enseña, la cárcel yanqui entretiene, y yo te digo contento hasta el programa que viene. Hay un momento en que el libro me saltó de la manos, porque la famosa suspensión de la incredulidad dejó de funcionar. Lo contaré: el protagonista, Max Dembo, que narra en primera persona sus peripecias por los bajos fondos de Los Angeles, asegura al principio de la novela que en la cárcel, donde estuvo ocho años, leía cinco novelas a la semana. Un lector voraz, durante ocho años. 250 novelas al año, dos mil novelas en ocho años, hacen que cualquiera tenga un lenguaje muy depurado. Eso debería ser incontestable. Pero resulta que en un momento de la novela, cuando está preparando un asalto con otros dos compinches, Max Dembo comete una incorrección sintáctica al hablar, ¡y sus dos colegas delincuentes le corrigen! Eso sí que no hay quien se lo trague. ¿Los delincuentes de Los Angeles están al tanto de cuestiones lingüísticas? ¡Y unos cojones!

Pero bueno, es una novela que se lee bien, sin esfuerzo, para pasar el rato, a lo bobo. No tan a lo bobo como escuchar un programa de Ana Rosa Quintana, claro, faltaría más, pero casi se podría hacer de modo simultáneo sin necesidad de perder el hilo de ninguno de los dos acontecimientos. Solo se necesitan dos neuronas, una y media para el libro, y la otra media para ver la tele. Si alguno/a no sabe qué hacer solo en casa, aprovechando que el resto de la familia se ha ido a ver procesiones, pues que se lea este libro, que le hará menos daño y será más entretenido que hacerse cofrade de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte.

lunes, 29 de marzo de 2010

Librofórum con actrices porno

Hace 15 años, cuando publiqué mis primeros libros infantiles en Bruño y en SM, hice centenares (sí, sí, centenares) de encuentros con lectores. Los promotores de Bruño y SM se turnaban y me venían a buscar a casa, o quedábamos a la salida de alguna estación de metro, y me transportaban en su coche de un colegio o otro. Normalmente hacía 4 ó 5 encuentros al día (tres por la mañana y uno por la tarde). Tres veces por semana. Unos 40 encuentros al mes, durante dos o tres años. En total, alrededor de 1.000. Y en cada encuentro podía firmar 70 libros de media. Si alguien multiplica y calcula que 70 libros por 1.000 encuentros son demasiados libros, porque llegarían a 70.000, pues no se equivoca, porque de mis cinco novelas infantiles se han vendido ya medio millón. Lo cual quiere decir que de cada siete libros vendidos, uno lo firmé con mi propia mano. Hice bolos de semanas enteras por Galicia, Andalucía, Castilla La Mancha, Canarias... pero eso fue hace tiempo. Fue agotador.

Luego, durante 15 años, me dediqué por completo al Taller de Escritura de Madrid. Y dejé de hacer encuentros con lectores. Se acabó. Además, pagaban muy poco.

Hasta hace unos días, en que, como excepción, hice otro. Uno aislado. Fue el pasado viernes 26 de marzo, en el colegio Rodríguez Campos (entre El Rosario y Santa Cruz de Tenerife). El director, Carlos, me había preparado un encuentro con alumnos de 1º de ESO, y una firma de libros. Serían tres o cuatro aulas que se juntaron en el gimnasio. Se habían leído uno de mis libros, "Devuélveme el anillo, pelo cepillo", y lo llevaban todos debajo el brazo.

Después de hablar y preguntar sin descanso, se pusieron todos en fila, y empecé a firmar libros. Y los más tímidos me hacían la pregunta que se les había quedado guardada en los labios durante el encuentro. No se habían atrevido a hacerla en voz alta, delante de todos.
Hace 15 años los alumnos apenas tenían contacto con Internet, pero ahora sí. Y algunos les había entrado la curiosidad, y habían entreado en mi blog. En este blog que ahora estás leyendo tú en estos instantes. Y de pronto uno de ellos, en voz baja, me preguntó:
--Oiga, he leído en su blog que a usted no le gustan las actrices porno con las tetas pequeñas. ¿Por qué no le gustan?
Levanté la vista del libro que estaba firmando y lo miré perplejo. Se hizo un silencio atronador, que diría Góngora, y vi que él, y cinco amigos, y el director del colegio, esperaban mi respuesta enmudecidos.
Eso es lo que pasa cuando un profesor les aconseja a los alumnos que lean a un autor directamente en su blog. Que de pronto va alguno, y lo hace.
No había escapatoria. Así que con naturalidad, sin falsear la voz, di mi respuesta más honesta:
--Pues porque me gustan con las tetas grandes, claro.
Y seguí firmando libros.
Nadie dijo ni mú.
Al salir del gimnasio le comenté a Carlos, el director, lo de la pregunta comprometida.
--La escuchaste, ¿no?
--Pues claro --me dijo--. Ese chaval es mi sobrino.
Lo dicho: no hay nada mejor que la naturalidad.
Tendré que prepararme para los próximos librofórums.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La memoria que no tengo

Blanca Giles era de la pandilla, y tenía novio. Cuando yo la conocí ya estaba saliendo con Manolo Conde. Blanca vivía en Cea Bermúdez, y Manolo en Goya 116, qué casualidad, porque yo pasé mi infancia en el portal de al lado desde que nací hasta los 9 años, en que nos trasladamos a Caracas. Pero no, yo no recuerdo a Manolo de la infancia.

El Palacio de Deportes estaba en construcción, y cuando se inauguró empezaron los grandes espectáculos en su interior. Los carteles mostraban unas patinadoras con falditas diminutas, el culito en pompa y los brazos en abiertos en cruz: Holliday on Ice. Mis padres nuca me llevaron a verlo, y yo soñaba con las patinadoras cada noche. Luego cambiaron los carteles por los del Circo Price, y en ellos aparecía una trapecista columpiándose en bañador sobre un palito a 20 metros de altura: Pinito del Oro. A esa sí que me llevaron, mi padre no se puedo aguantar las ganas, y yo creí que al domador le iba a comer la cabeza un tigre. Qué miedo.

Pero no, a Manolo nunca lo vi por el barrio. No lo conocí hasta que Blanca me lo presentó 15 años más tarde: “Enrique, este es Manolo, mi novio”, me dijo hinchando mucho el pecho. Blanca era bajita y tetona, y una buenaza de cuidado. Seguimos siendo amigos cuando se casó con Manolo en Chinchón, y cuando tres años después se fueron a vivir a Málaga. Pero antes de trasladarse al sur vivieron en la calle Galileo y en San Hermenegildo, junto a San Bernardo. Blanca se quedó embarazada, y durante los exámenes de fin de curso los de la pandilla cruzábamos la noche a golpes de antetaminas (Centramina, Simpatina), pero ella se desvelaba solo con sobredosis de Optalidones disueltos en cocacola. Manolo le tenía prohibidas las anfetas. Pero a lo que iba, que me pierdo: en la terraza de Blanca había dos sillas de madera con brazos. Un día, aburrido de leer “Los conceptos fundamentales del materialismo histórico”, con un lápiz afilado y con letras grandes grabé perforando la pintura un poema espantoso en el reposabrazos. Decía así:

Blanca
desbanca
la banca
con el anca.
Aún manca
le arranca
la palanca.

El poema era malo, ya lo he dicho. Supongo que fue mi venganza contra Blanca por haberme recomendado el libro de Marta Harnecker.

No me da pena por la silla, ni por Blanca. No fue una putada demasiado grande, porque el fin de semana siguiente Manolo ya la había lijado y pintado nuevamente, y la había dejado como nueva. En realidad lo siento por mí mismo, porque aún me acuerdo de ese poema absurdo que nunca me gustó.

¿Qué por qué me da pena? Pues porque un día mi padre me dijo que la memoria tiene un límite, y que llega un momento en que ya no cabe más, y que entonces el cerebro elimina algunos recuerdos poco útiles para dejar espacio a los nuevos recuerdos, así que me yo me pregunto, no sin inquietud: ¿A qué amigo he olvidado, y que ahora debería llamar para quedar a comer el próximo domingo? ¿De qué trataba ese libro que me gustó tanto, y del que ya he olvidado hasta el autor y el título? No lo sé, está perdido en la memoria, por culpa de un poema horroroso que lo ha desterrado al olvido. Al menos Borges dejó un poema magnífico que todavía no he olvidado:

"De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a Quién prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifronte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando el ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son los que me han querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan."

martes, 23 de marzo de 2010

Para qué nos vamos a engañar

Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Percuntia tempora fati conqueror, in uentos inpendo uota fretumque; ne retine dubium cupientis ire per acquor; si bene nota mihi est, ad Caesaris arma iuuentus naufragio uenisse uolet. lam uoce doloris utendum est: non ex acquo diuisimus orbem; Epirum Caesarque tenet totusque senatus, Ausoniam tu solus habes». His terque quaterque uocibus excitum postquam cessare uidebat, dum se desse deis ac non sibi numina credit, sponte per incautas audet temptare latebras quod iussi timucre fretum, temeraria prono expertus cessisse deo, fluctusque ucrendos classibus exigua sperat superare carina.

sábado, 20 de marzo de 2010

Día Internacional del Cuentacuentos: 20 de marzo

El 20 de marzo, con el inicio de la primavera, se celebra el Día Mundial de la Narración Oral.

International Storytelling Netwok participates in the World Storytelling Day with a long storytelling session in La Havana, Cuba, led by Mayra Navarro. Participants:

La Red Internacional de Cuentacuentos participa en el Día Internacional de la Narración Oral con una larga sesión de cuentacuentos en La Habana, coordinado por Mayra Navarro. Participan:

Aldo Méndez / CUBA: COMO TE LO CUENTO…

Jícarade Cuentos /CUBA : Dania Gutiérrez. OSHÚN

Tirso Clemades / CUBA: SEXUALIDAD Y VIHda

Proyecto PARA CONTARTE MEJOR / CUBA: Lavinia Ascue /Ricardo Martínez / Beatriz Quintana / Benny Seijo: Si de animales se trata…

TALLER ContArte / CUBA: Nelson del Risco / Videlia Rivero: AMÉMONOS

Lissette Pinillo y Nivaldo Peñalver / CUBA : BALOMPIÉ CON WEMBA

Taller Permanente del GTH / CUBA: Ada Ofelia González: No os asombréis de nADA

Juanita Urrejola / Chile: CUENTOS…


La iniciativa surgió en Suecia, "Alla berattares dag" (El día de los cuentacuentos), en 1991, y con el pasar de los años se han venido sumando cada vez más países.

Se trata de que la mayor cantidad posible de narradores cuenten historias en todo el mundo, en todos los idiomas, durante todo el día y la noche.

En el año 2005 fueron 25 países de 5 continentes que realizaron eventos para conmemorar este día.

En 2006 siguió creciendo la marea de los cuentacuentos.

En 2007 fue la primera vez que un concierto de la narración se celebró en Terranova, Canadá.

En 2008, Holanda y los países bajos participaron en el Día Mundial de la narración con un gran evento llamado "Vertellers de Aanval": el 20 de marzo, tres mil niños fueron sorprendidos por la repentina aparición de cuentacuentos en sus aulas.

Cada año hay un tema sugerido para los cuentos. Estos son los que se han propuesto hasta ahora:

2004 - Pájaros
2005 - Puentes
2006 - La Luna
2007 - El nómada
2008 - Sueños
2009 - Vecinos
2010 - Luz y sombra
2011 - Agua

Así que desde la Red Internacional de Cuentacuentos nos unimos a la fiesta colectiva mundial, y felicitamos a todos los cuentacuentos que dedican buena parte de su vida y sus esfuerzos a contar historias. ¡Feliz día, narradores!

Más información en

www.freewebs.com/worldstorytellingday/

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Imagen: Logo del Día Mundial del Cuentacuentos, de Mats Rehnman

jueves, 18 de marzo de 2010

Esa manía de cumplir años

Debido a que ayer fue mi cumpleaños, y porque eso suele ir unido a una serie de festejos en forma de felicitaciones, regalos y piñatas, me ha dado por pensar, cosa rara en estos tiempos descerebrados, en lo que significa esa cosa rara que le pasa a todo el mundo: cumplir años. A todos menos a mi hermano Javier, que se quedó anclado hace 16 años en los 49, y dice que él no cumple ni uno más, porque hacerse viejo es una mierda, y la jubilación se la regala al Estado, porque él va a seguir siendo para siempre joven, forever young, aunque algo desmejorado por las canas y las ojeras. Peter Pan se quedó corto. Al resto de los hermanos nos sale barato el día de su cumpleaños, eso sí, pero a mí me preocupa ese extraño bucle en el tiempo, porque cuando éramos pequeños él tenía 10 años más que yo, y ahora yo le saco seis.

Así que considerando la vida como una curva de esas que tanto les gusta dibujar a los economistas, donde primero se crece a partir de cero (la fundación de la empresa, el nacimiento), para luego llegar a un cénit, y después vivir el descenso, pues me da por pensar (bobadas, ¿qué querías?) que los primeros años, pongamos hasta los 25 ó 30, la vida va en aumento: a las mujeres les crecen las tetas, a los hombres la picha, se adquiere poder, dinero, casa, sabiduría (no todos, algunos se hacen diputados), libros, infidelidades, piojos, amigos, hijos, hipotecas (¿serán lo mismo?), orgasmos, desilusiones, experiencia…
Después toca estar unos poquitos años en el cénit. Y luego, a partir de los 35 ó 40, el descenso, lento pero implacable, hasta el cierre de la empresa, por defunción más que nada. En ese declive llegará el cáncer de próstata, el de mama, el alzheimer, los músculos blandos, los entierros de los amigos, las visitas al médico y a la iglesia (no habrá salvación, ni aquí ni allí), el insomnio, las arrugas, las verrugas, las gafas de cerca, la calvicie, el cansancio, y la sensación de derrota tras haber luchado tanto para llegar a ser un inútil incapaz de retener el pis, hasta el punto de que muy pronto volverá a usar pañales desechables.

Qué raro es el desaprendizaje. Y qué injusto. Cuando un bebé se mea, su pis fresquito es fuente de risa y vitalidad; cuando un anciano se mea, su orina oscura es vergüenza de la incontinencia, puro presagio de la muerte. Los desvaríos de un niño se llaman imaginación desbordante; los de un anciano son simple demencia. El beso de un niño es alegre, el del viejo es amargo. Qué mal edificado está el armazón de la cultura, que sigue premiando al cuerpo victorioso de los que crecen, y castiga a los derrotados por el tiempo. ¿Cómo no va a querer mi hermano Javier renunciar a la vergüenza de hacerse mayor, de envejecer? “Vive rápido, muere joven, y deja un bonito cadáver”. Las enseñanzas de James Dean han calado mucho más a fondo que las de Confucio y Heidegger unidos.

Pero si regresamos a la antropología economicista, desde los 35 hasta los 85, siendo generosos, hay un tobogán descendente que termina en la tumba. No es un tobogán en línea recta, ni mucho menos. Más bien parece una curva modelo panza de burra: al principio el descenso apenas es perceptible, y en los últimos años es de vértigo, pero haciendo un promedio mentiroso, cada año nos morimos un 2 por ciento. Cada año, por nuestro cumpleaños, somos un 2 por ciento más torpes, más bobos, más feos, más doloridos, más arrugados, más incontinentes, más impotentes, más malolientes, más enfermos, más… muertos. Puesto que yo ahora cumplo 55, tengo un 40 por ciento de mi vida, mi cerebro y mi cuerpo desgastado. Es como si tuviera gangrenado un brazo, una pierna, un pulmón, un huevo, un ojo, un oído, el bazo, el páncreas y un riñón. Peor que el pirata patapalo. Tal vez pueda parecer que no es exactamente así por aquello de que la curva de la muerte no es igual en los 20 primeros años de descenso (de los 35 a los 55) que en los 20 últimos que nos llevan al cementerio. De hecho a mí no me parece que esté tan hecho polvo. Pero es una deducción engañosa, porque el tiempo y su aprovechamiento tiene una curva idéntica pero inversa a la del deterioro, y eso provoca que la capacidad de hacer y deshacer, de viajar o gozar, se verá muy reducida de los 65 a los 85. Así que lo que no vivamos, hagamos, aprendamos o gocemos de los 35 a los 55, difícilmente lo podremos hacer después de los 65.

Todo esto parece muy sombrío. Una putada de la que nadie nos había hablado antes.

Pero solo lo parece. En realidad no es así, o no debería ser así. Que la muerte llega, eso es evidente, pero que la muerte sea una putada no lo es tanto. La muerte tiene que ser el descanso final, el retiro merecido y conseguido, el sueño eterno y feliz, el atraque en el puerto de destino, por fin, ya era hora. No se trata de querer llegar antes para alejarnos de este valle de lágrimas (vivo sin vivir en mí… y muero porque no muero), sino de llegar al final de la maratón cansados y satisfechos, mirar un instante hacia atrás, y poder decir: lo conseguí. Y descansar. Al menos hasta la siguiente reencarnación, a la que llegaremos tan desmemoriados que ni siquiera sabremos que tenemos vidas heredadas a nuestras espaldas.

Lo que yo quiero ahora es reconocer la belleza terminal de la derrota, disfrutar de la hermosura de los cuerpos desgastados y curtidos por el tiempo (nos ha jodido, barriendo para casa). La belleza infantil y adolescente es fácil, no necesita esfuerzo, es inmediata, y hasta podría decir que es un poquito cursi. Es como un coche nuevo, como el inicio del amor, como el primer viaje de vacaciones. Es pan comido, no tiene densidad, no hay matices, es tan simple como los dibujos de Walt Disney. En cambio la belleza del cuerpo desgastado es la del vino curado, la del viaje fuera de las rutas turísticas habituales, la de la hermosura construida de forma personal e intransferible por un cuerpo que acumula un tesoro de experiencias y vivencias en su interior. El cuerpo joven es un cofre hermoso, pero que todavía está hueco por dentro. El cuerpo viejo es un baúl herrumbroso y destartalado, pero lleno de sorpresas en su interior. Esa es la paradoja.

Como diría Neruda en sus memorias, “confieso que he vivido”, ahora a mí me toca disfrutar de la belleza del naufragio, del final del imperio, de la hermosura fronteriza de la decadencia. Lo anterior ya ni siquiera me interesa. Hay que saber estar, saber mirar, y haber vivido para descubrir que en la trastienda de la vejez hay tesoros ocultos de los que nadie nos habló nunca. Es el secreto mejor guardado de los ancianos. Quizá nunca lo ocultaron, pero nadie lo escuchaba. Cosas de viejos, déjale, que chochea.

Pues allá tú. Tú te lo pierdes. No sabrás cómo vivirlo, y te odiarás a destiempo.

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Las cuatro fotos son de cuando yo tenía entre 19 y 23 años. Me las envió ayer Elías. Casi no me reconozco.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Crónica de la Presentación de la RIC en Barcelona

Regresamos de Barcelona antes de que cayera la gran nevada. Yo no fui. “No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises, o amenaces miedo”, que diría Quevedo. Y sigue “¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”

La presentación de la Red Internacional de Cuentacuentos en el Ateneo fue genial. El Ateneu estaba en obras, y la calle Canuda también, pero eso no impidió que nos juntáramos allí una buena cantidad de letraheridos enredados con los cuentos. La sala estaba al 120 % de su capacidad (gente sentada en el suelo, de pie, atascando la puerta). Incluso Pau Pérez, Jordi Muñoz, Muriel Villanueva y Pep Durán estaban sorprendidos, porque nunca habían visto la sala Sagarra tan atestada, y eso que acuden a diario al Ateneu.

Tal y como estaba previsto, primero nos presentó Muriel Villanueva, responsable de relaciones internacionales de la Escola d’Escriptura del Ateneu de Barcelona, y luego hablaron Alekos, Beatriz Montero, y el que firma esta crónica.

Después empezaron los cuentos. Abrieron la sesión dos antiguas alumnas de los cursos de narración oral del Ateneu, Mª Àngels Gil e Inés Macpherson, con cuentos de Pere Calders y Benedetti. Después Rubén Martínez Santana resumió la creación del universo y del género humano sin palabras, con orquesta propia y efectos especiales digitales (con los dedos), una genialidad. Gracias, Rubén. Alekos le dejó su espacio a Hanna Cuenca, recién aterrizada desde Bogotá, vía Festival de teatro de Elche, que contó un cuento de neoprincesas urbanas. Beatriz Montero sacó a un sapo del estanque y lo colocó, desnudo, en la cama de la princesa. Al menos eso fue lo que la princesa le dijo al rey cuando por la mañana se los encontró a los dos desnudos en la cama. Y al final Pep Durán abrió su maleta y nos deleitó con sus memorias húmedas de la librería Robafaves, con letras náufragas destiladas de las páginas de los libros.

Antes de salir nos encontramos con Martha Escudero (gracias por tus dos artículos, Martha), con Ignasi Barjau (contes i cuentos), con Kristinoshka, con Sergi Bellver, y con muchos narradores de Barcelona. Para celebrarlo nos fuimos a cenar ropa vieja y pollo con aguacate al Raval, cruzando al otro lado de las Ramblas. ¡Qué rico!

Y al día siguiente, de paseo. La boquería, el puerto, la Sagrada Familia, el barrio gótico... Turismo puro y duro, recuperación de la memoria (yo vivía en la pensión Fernando del barrio chino cuando Franco tuvo el buen gusto de morirse de una vez). Regresé a la antigua escuela donde impartí mis primeras clases, San Felip Neri, en pleno barrio gótico, detrás de la catedral, y me volví a dejar fusilar en sus paredes de piedra que aún conservan las huellas de metralla de los fusilados en la guerra civil.

Al caer la noche regresamos al casco viejo, y nos acercamos primero al Harlem jazz club, uno de los templos de la narración oral barcelonesa, y después a casa de su vecina, Valentina, a escuchar cuentos de Joan Boher, presentados por Cristina Salvador. Y otra vez a beber cerveza, antes de que llegaran las nieves.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Presentació a Barcelona de la Xarxa Internacional de Contecontes (RIC)


Presentació a Barcelona de la Xarxa Internacional de Contecontes (RIC) - International Storytelling Network

Dijous 4 de març, a les 19.30 h, a la sala Sagarra (4a planta) de l'Ateneu Barcelonès, C/ Canuda, 6.

Hi intervindran els coordinadors de la Xarxa,
Beatriz Montero,
Enrique Páez i
Alexis Forero (Alekos),

i la responsable de relacions internacionals de l'Escola d'Escriptura,
Muriel Villanueva .

A la segona part de l'acte, explicaran contes:

Pep Durán,
Alexis Forero (Alekos),
Ma Àngels Gil,
Inés Macpherson,
Rubén Martínez i
Beatriz Montero.


Si voleu més informació sobre la xarxa, cliqueu al següent enllaç: http://www.cuentacuentos.eu/

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Presentación en Barcelona de la Red Internacional de Cuentacuentos (RIC) - International Storytelling Network.
Jueves 4 de marzo de 2010, a las 19.30 h, en la sala Sagarra (4a planta) del Ateneu BarcelonèsC/ Canuda, 6.

Intervindrán los coordinadores de la RIC,
Beatriz Montero,
Enrique Páez y
Alexis Forero (Alekos),

y la responsable de relaciones internacionales de l'Escola d'Escriptura,
Muriel Villanueva.


En la segunda parte del acto contarán cuentos:

Pep Durán,
Alexis Forero (Alekos),

Ma Àngels Gil,
Inés Macpherson,
Rubén Martínez y
Beatriz Montero.

Si quieres más información sobre la RIC, clica el siguiente enlace: http://www.cuentacuentos.eu/

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La Xarxa Internacional de Contecontes (RIC) - Red Internacional de Cuentacuentos (RIC) - (International Storytelling Network) - es un portal de narradores orales abierto a todos los in teresad os en la difusión del cuentacuentos, la animación a la lectura, la creación literaria y las artes escénicas. Esta plataforma de interconexión y divulgación del trabajo de cuentacuentos agrupa a más de 560 narradores de 40 países en los cinco continentes.

Entre sus objetivos prioritarios se cuenta la preservación y recuperación del patrimonio cultural oral e inmaterial de la humanidad, la defensa de las lenguas en peligro de extinción, la difusión del oficio de los narradores orales, la dinamización de las bibliotecas y centros escolares, la creación literaria, y la expansión de las artes escénicas. Ante el deterioro y el retroceso de la oralidad frente a las nuevas tecnologías, los cuentacuentos dan la voz de alarma para mantener viva la herencia de Sherezade y el milenario arte de contar cuentos.