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martes, 23 de abril de 2013

Rumbo a Caracas, al Festival de la Lectura y Literatura en EÑE

Organizado por la Embajada de España, la Cámara del Libro de Venezuela, @culturachacao @cavelibro y @LEERcaracas


El Festival de la Lectura Chacao celebra su 5to. aniversario del 26 de abril al 5 de mayo en la Plaza Francia de Altamira. ¡Súmate a la movida!

Y las dos semanas siguientes, seguiremos en Caracas, en la Universidad Andrés Bello, con más Charlas y Talleres en el 60º aniversario de su fundación, y con el "XI Encuentro con la Palabra que Dice" organizado por Armando Quintero. 

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Conferencias y talleres en Chacao (Próxima semana):


Conferencia: El folio en blanco. Cómo vencer el bloqueo literario
Enrique Páez
Lunes 29 de abril, 6:00 – 6:45 pm,
Salón Obelisco, Plaza Altamira.


Taller: Los secretos del cuenta cuentos 
Imparte _ Beatriz Montero
Lunes 29 y martes 30 de abril, 9:00 am a 12:45 pm.
Biblioteca Los Palos Grandes, Sala de Encuentro 3


Taller: Creación Literaria infantil
Imparte _ Enrique Páez
Jueves 2 y viernes 3 de mayo, 9 am a 12.45 pm.
Biblioteca Los Palos Grandes, Sala de Encuentro 3


Mesa Redonda: Herramientas de acceso a la lectura
Participan: María Beatriz Medina, Aníal Puente, Beatriz Montero y Enrique Páez. Organiza: Embajada de España
Viernes 03 de mayo, de 4 a 4 45 pm, Obelisco.


Espectáculo infantil "Bebecuentos".
Beatriz Montero
Sábado 04 de mayo, 5 - 5:45 pm,
Pabellón infantil.

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Aspectos cognitivos y socio-culturales de la lectura : Las investigaciones neurológicas señalan que “algo impensable” ocurre    en el cerebro de los niños y adultos analfabetos cuando éstos aprenden a decodificar y comprender el significado de las palabras. 

A cargo de Aníbal Puente. Fecha: 30 de abril. Hora: 6:00 a 7:45 pm


Taller: Los secretos del cuentacuentos :

A cargo de Beatriz Montero. Fecha: 30 - 29 de abril. Hora: 9:00 a 12:45 pm
Visita la lista de #TalleresDeFormación en marco del 5to Festival de la Lectura Chacao y organiza tu agenda. Ingresa en http://www.cavelibro.org.ve/
La literatura nos acerca y el Festival de la Lectura Chacao ha creado un punto de encuentro cultural con agradable ambiente para compartir. Súmate a la movida #LEERCaracas



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jueves, 11 de abril de 2013

El binomio fantástico de Rodari

Video de 5 min. Cómo utilizar la técnica del binomio fantástico, descrita por Gianni Rodari en su "Gramática de la fantasía" y por Bernardo Atxaga en "Obabakoak". Uno de los recursos de la creatividad más poderosos y menos conocidos. 

Consejos para escritores del Taller de Escritura de Enrique Páez. 
Grabado en marzo de 2013 en Tenerife, España. 



jueves, 28 de marzo de 2013

Cómo escribir historias entrecruzadas


Cómo escribir historias entrecruzadas - Taller de Escritura de Enrique Páez. Enrique Páez, escritor y profesor de escritura creativa, explica la utilidad y el uso que le han dado los escritores a esta herramienta. Enrique Páez es autor del libro "Escribir. Manual de técnicas narrativas", Editorial SM. 2010-2013, (Quinta edición).

Grabado en marzo de 2013 en Tenerife, España.
Música de fondo: Rebellenherz - come and sit down, con licencia Creative Commons. 


sábado, 16 de marzo de 2013

"La venganza de Miranda", un microcuento de terror


"La venganza de Miranda", un microcuento de terror escrito por Enrique Páez. Cuenta la historia de una mujer que se venga de su asesino después de la muerte. Un relato corto, ultrabreve, dentro del género de los microcuentos de miedo. 


Más info en:

lunes, 18 de febrero de 2013

Cómo escribir a partir de un final

Cómo escribir a partir de un final. Aplicando las técnicas de construcción del cuento de Edgar Allan Poe. Vídeo de Enrique Páez de 3,30 minutos. Estas y otras técnicas narrativas aplicables al cuento y a la novela las encontraréis en el libro de Enrique Páez "Escribir. Manual de Técnicas narrativas", Editorial SM, Madrid 2003-2013.

jueves, 17 de enero de 2013

lunes, 14 de enero de 2013

11 Tips on Creative Writing

I want to share with you all, 

these 11 Tips on Creative Writing. 

Let's write!

Eleven tips on creative writing. Let's try writing stories. Enrique Paez is a well know Spanish author with more than 30 published books in ten languages. He is the director of the Creative Writing Workshop in Madrid, Spain. His book "Writing. A Guide of Narrative Tecniques", SM Publishers, Madrid, Spain, 2011-2013, is a manual for teaching creative writing used in many Universites in Spain .

11 consejos de escritura creativa (por ahora solo en inglés; muy pronto en español)





More info:
http://www.enriquepaez.com (bilingual site)
http://tallerdeescritura.com (bilingual site)
http://enriquepaez.blogspot.com

miércoles, 9 de enero de 2013

El cuarderno de notas del escritor

Una de las herramientas fundamentales de todo escritor es su cuaderno de notas. 

Con algunas bromas visuales incluidas, en este video de 3 minutos explico la utilidad y el uso que le han dado los escritores a este recurso de la creatividad. 


Más información en:
http://www.tallerdeescritura.com
http://www.enriquepaez.com
http://www.enriquepaez.blogspot.com

Suscríbete al canal de YouTube del Taller de Escritura:
http://www.youtube.com/user/creatividadliteraria





viernes, 4 de enero de 2013

"Comisaría", un microcuento contra la tortura

Escribí el relato "Comisaría" hace siete años, con  la esperanza de que en algún momento pasara a ser una leyenda urbana, inexistente, lejana. 
Pero sigue siendo una historia contemporánea. Demasiado, para mi gusto. 
Es un relato contra la tortura, de apenas un minuto veinte segundos. 

miércoles, 2 de enero de 2013

¿Qué escribir? ¿De dónde vienen las historias?

¿Qué escribir? ¿De dónde vienen las historias? 
El origen de las ideas en la escritura. 
Nueva entrega en video del Taller de Escritura de Enrique Páez. 
Más info en www.tallerdeescritura.com



viernes, 28 de diciembre de 2012

Dónde escribir / Where to Write

Less than a minute first tip on Creative Writing by Enrique Páez, author of the book "Writing. A Guide of Narrative Technics", SM Publishers, Madrid, Spain, 5th edition.
http://youtu.be/jOeDbv0Xeg4

Menos de un minuto para hablar del lugar en el que escribe un escritor. Primera entrega de "Escribir.Manual de técnicas narrativas", Ed. SM, Madrid, 2003-2012. 
Vendrán más :-)
http://youtu.be/IgnfVCzXRvQ



More info:
www.enriquepaez.com (bilingual site)
www.tallerdeescritura.com (bilingual site)
www.enriquepaez.blogspot.com



viernes, 3 de agosto de 2012

¡Acaban de publicar otro libro mío en Brasil!

Es una novela de misterio y aventuras. "Esther, Juan e Bia em: O Sequestro" . Con al mejor editorial, Aletria (Belo Horizonte), y las mejores editoras: Rosana Mont'Alverne y Juliana Flores . Imprescindible. Más contento no puedo estar. 


http://loja.grupoe10.com.br/catalog/product/view/id/27/s/esther-juan-e-bia-em-o-sequestro/

A primeira aventura dos irmãos Esther e Juan e da amiga Bia chega finalmente ao jovem leitor brasileiro. O mistério começa no quarto da pequena Martita, onde a família instalou um receptor/emissor de ruídos. O aparelhos começa a receber interferências e, certa noite, Esther escuta inquietantes conversações telefônicas: o planejamento de um sequestro.

lunes, 27 de febrero de 2012

La realidad transustanciada 2


Eso es algo que tarde o temprano debe aprender todo escritor. Que la diferencia entre una historia real y una imaginada no es tan grande. Que la verdadera diferencia, inmensa y casi insalvable, es la que hay entre la vida real y la literaria. El hecho de que nuestros personajes en una historia que escribimos tengan una base real o la tengan fantaseada no cambia nada. No les hace a unos más verídicos y a otros menos. No tienen más consistencia unos que otros por el hecho de su origen distinto. Lo único que les hace reales (literariamente) será el modo en que los tratemos, lo que les hagamos decir o hacer, la carne verbal con la que diseñemos sus músculos.
A la hora de escribir un relato con base real, pues, debemos estar atentos para, con el fin precisamente de ser fieles a esa realidad, transformar parte de la historia. El salto es demasiado grande. De una historia "real" debemos quedarnos con la esencia, el sabor, la sensación, los motivos..., y a partir de ahí reconstruir con nuevas anécdotas y situaciones lo que pasó en la realidad. Los personajes de un relato se definen a través de lo que dicen y lo que hacen, y a los personajes reales tendremos que "inventarles" algunas anécdotas que los definan en su verdadero ser dentro de un relato, aunque esas anécdotas nunca les hayan sucedido literalmente en la realidad. Lo que importa es que definan su esencia con exactitud, no que eso les haya sucedido verdaderamente.
Los directores de cine lo saben bien. El lenguaje visual del cine no es el mismo que el de la novela, y cuando una novela se lleva al cine es necesario cambiar algunas cosas. A veces muchas. Las mejores adaptaciones del cine se han hecho separándose considerablemente de su origen. Apocalipsisnow de Coppola es una magnífica traducción al cine de El corazón de las tinieblas de Conrad, aunque la película transcurra cien años después y en otro continente. Blow up es una película genial que parte del relato de Cortázar Las babas del diablo, aunque Antonioni cambie París por Londres y pederastia por asesinatos.

viernes, 24 de febrero de 2012

La realidad transustanciada 1


Lo de la realidad transustanciada no es una receta alquimista ni un abracadabra con truco. Es algo simple y complejo al mismo tiempo. Me explico: los escritores parten muchas veces de la propia realidad. Algunos incluso parece que utilizan la realidad pura y simple, sin mayores cambios, para contar sus historias. En ocasiones son historias autobiográficas. Eso no es que sea algunas veces así, yo más bien diría que siempre es así. Aunque escriban de hormigas mutantes o emperadores romanos. Todo está dentro del escritor, y que la historia que cuenta se parezca más o menos a su realidad cotidiana sólo depende de lo mucho que haya "transustanciado" esa realidad. Cuando Kafka escribió La metamorfosis, en la que Gregorio Samsa se transforma en una cucaracha, no estaba contando un relato de ciencia-ficción, sino una forma que él tenía de ver la vida. A veces la vida es tan dura que nos sentimos gusanos, o burros de carga, o cucarachas. Pues bien, Kafka hace que Gregorio Samsa no se sienta como una cucaracha, sino que directamente lo transforma en cucaracha (o en "monstruoso insecto", para ser exactos). La metáfora completa, la transformación total. Y como ese ejemplo, encontraremos miles. Si conociéramos a fondo el consciente y el inconsciente de todos los escritores, descubriríamos que todo son símbolos, metáforas de vivencias y visiones su propia mente. Pero no lo conocemos (ni es necesario tampoco). Ni siquiera el propio escritor sabe muchas veces por qué está utilizando un personaje, un conflicto o un objeto. Los usa porque intuitivamente sabe que debe usarlos, sin saber muchas veces de dónde nacen, ni qué significado exacto tienen en su propia vida. Y si hablamos de poetas, ya ni te cuento. Pero veamos cómo funciona ese proceso.
            A la hora de escribir una historia, pongamos que real, y puede que hasta autobiográfica, no conviene hacerlo de manera literal. No es posible. No existen traducciones literales de la realidad a la escritura. En el proceso de traducción, para ser fieles a la realidad, necesitamos cambiar algunas cosas, porque los lenguajes son diferentes. Incluso entre lenguajes naturales, como es el caso del español y el inglés, no es posible hacer traducciones literales, palabra por palabra, sin traicionar al sentido del texto. Los ordenadores por ahora, debido a eso, siguen siendo traductores torpes. Una traducción literal del encabezamiento de una carta comercial que diga "Muy señor mío", en inglés sería "Very mister mine", lo cual no tiene ningún sentido. Para que "Muy señor mío" esté correctamente traducido es necesario hacer algunos cambios, olvidarse de la literalidad de palabra tras palabra, y escribir "Dear sir". Y eso en la traducción entre dos lenguas escritas de un mismo origen indoeuropeo. Si la traducción se tiene que hacer de una realidad vivida, que no es sintáctica sino física, emocional y multiforme, a una lengua natural, con su vocabulario y sus normas gramaticales estrictas, la transformación que se exige es mucho mayor (si lo que queremos es, justamente, ser fieles a esa auténtica realidad). 

jueves, 23 de febrero de 2012

Ve a la caza de argumentos


PONTE A ESCRIBIR. Haz un viaje insólito sin salir de tu ciudad. Tu equipaje será un bolígrafo y un pequeño cuaderno para tomar notas. Con espíritu aventurero y visión de turista sube a un autobús que te lleve a un barrio en el que nunca has estado antes. Ve tomando apuntes de las personas que van subiendo y bajando de autobús. Imagina sus vidas ocultas. Busca y retrata con frases mínimas los pequeños rasgos que te llamen la atención, aunque no sepas muy bien porqué. ¿Dónde pasa sus vacaciones el conductor? ¿Podría alguna pasajera haber sido su amante? ¿Se ha escapado de casa uno de los hijos de ese hombre de la chaqueta gris? ¿Qué hay en el bolso de aquella mujer? ¿Se ha peleado con su novio esa chica? Ve a la caza de argumentos.

martes, 21 de febrero de 2012

Suelta ese bolígrafo de tu mano

Cuando tengas ganas de escribir, de contar algo, de protestar, de decirle algo a alguien, contente.
Cuenta hasta diez, respira profundamente, levántate de la silla, ve al salón, húndete en el sofá y enciende la tele.
No te dejes vencer por la tentación. Haz un esfuerzo para no pensar.
De lo contrario es posible que caigas, como tantos otros, en una espiral de autoconciencia destructiva, y tal vez  descubras que tu vida es tan absurda como la de todos los demás. Sabrás que todos te mienten. Todos: tu madre, el gobierno, tus hijos, tu novia, y hasta tú mismo. Deja que la tele te acune, interésate por Gran Hermano, hazte seguidor un un equipo de fútbol, de un partido político, de una serie de televisión. Vete de putas, por dios, pero suelta de una vez ese bolígrafo que tiembla en tu mano. Y tenle miedo, mucho miedo. 

lunes, 20 de febrero de 2012

El primer resplandor


Las historias que se pueden contar, que se pueden escribir, son infinitas. Hay más que granos de arena en el desierto, o gotas de agua en un océano. Pero aunque sean infinitas, cuando un escritor se sienta a escribir, se centra en una sola, en una única historia que, tal vez, represente a muchas otras, y al escritor mismo, y a muchos de sus lectores. Pero la pregunta que se le hace una y otra vez a distintos autores es: ¿Cómo hace para, de ese posible infinito de historias, escoger una sola? ¿Y por qué ésa precisamente, y no otra? ¿Qué sistema utiliza para saber que la historia concreta que se dispone a escribir es la más adecuada?

      Son muchos los escritores que ante estas preguntas contestan de una forma que parece un poco misteriosa, y que a algunos les parece que en realidad encierra una clave que no quieren desvelar. Algo así como un truco del oficio que no quieren compartir con los demás. García Márquez, Cortázar, Sampedro y un largo etcétera terminan diciendo que ellos no escogen las historias que se disponen a escribir, sino que son las propias historias las que los escogen a ellos. Y esto, dicho así, parece casi como de magia. ¿Tienen acaso esos escritores una facultad extrasensorial para descubrir la bondad de un argumento de la que carecen el resto de los mortales? Yo creo que no. Sí creo que tienen esa facultad, un poco intuitiva, para detectar qué historia es la buena (o, al menos, suficientemente buena), pero también creo que esa habilidad la tienen todos, o casi todos los humanos. Otra cosa distinta es que esté más o menos desarrollada. Y los buenos escritores la tienen muy desarrollada. Es una de sus características.

      Las historias que merecen ser escritas no son las mismas para todos, y ahí radica una de las claves de todo ello. Una buena historia para un escritor no necesariamente es buena para otro. Cada uno debe encontrar las que mejor le vengan, que más se acerquen a su modo de interpretar el mundo, y que resuenen en su interior con una fuerza desconocida. A eso se refieren con que "son escogidos por la historia". De algún modo que ni ellos mismos saben expresar, la historia aparece ante el escritor como un moscardón que no desaparece, que insiste en estar ahí, dando vueltas dentro de su cabeza, hasta que el escritor se decide a darle forma a través de las palabras. Neruda decía: "Mis criaturas nacen de un largo rechazo", porque finalmente hay que sacárselas de encima a través de un minucioso conjuro que tiene forma de escritura. Los personajes llaman a la puerta, marean, van tomando forma y terminan exigiendo del autor que se les dé vida. Piden nacer, y el escritor no tiene más remedio que ceder a sus demandas. Visto así, el escritor es en realidad una especie de intermediario, de catalizador, para unos seres fantasmales que habitan en su cerebro y exigen su carta de ciudadanía. "Escribo porque no me queda más remedio", vienen a decir algunos, y son los que reconocen que, de algún modo, la historia se cuenta desde dentro, se la cuentan los propios personajes, se escribe sola.

¿Qué mérito tiene entonces el escritor? ¿En qué consiste su trabajo? ¿Cómo decir que es en realidad un artista, cuando las historias le buscan a él y luego se cuentan solas? Ése es el último peldaño. Miguel Ángel no bromeaba cuando decía que en sus esculturas él sólo tenía que quitar lo que le sobraba al bloque de mármol. La escultura estaba ya dentro, y su trabajo consistía en ponerla al descubierto para que todos vieran lo que él ya había visto de antemano. El mérito consiste en saber qué es lo que sobra de una pieza de mármol para convertirla en Moisés o en David. Se precisa una sensibilidad especial, que se va creando con el tiempo, y una técnica muy depurada para quitar todo lo que sobra, pero sólo lo que sobra. Con la escritura para lo mismo: es preciso tener un oído muy fino para escuchar lo que el personaje quiere decir, qué historia quiere contar, y cómo la quiere contar. Lo dice no con palabras, sino con imágenes, estados de ánimo, intuiciones y sensaciones. Y es preciso tener una gran sensibilidad y pericia técnica para traducir ese mundo inmaterial a la sucesión de palabras que constituyen una historia.

“¿Cabría imaginar un videocasete miniaturizado, sin botones de mando ni consumo de energía; que comenzara a funcionar automáticamente en cuanto se le mirara, que parara de funcionar en cuanto se le dejara de mirar, que pudiera avanzar o retroceder deprisa o despacio con nuestra sola voluntad, a saltos o con repeticiones, a placer del usuario?”. Esa es la definición que Isaac Asimov da del libro. Un aparato, todavía, altamente sofisticado y con mayores prestaciones y facilidades de uso que cualquier ordenador. Y algo parecido podemos decir del bloc de notas.

Son muchos —incontables, tal vez la mayoría— los autores y autoras que llevan en algún bolsillo del pantalón un diminuto cuaderno: un bloc de notas. Es el pequeño ordenador personal del que siempre habla y siempre muestra José Luis Sampedro. En él se escriben pequeños relámpagos, ideas repentinas que, tal como vienen, se suelen ir. Una buena idea es demasiado valiosa para permitirnos olvidarla. Hay que retratarla, sujetarla con los hilos de las palabras para que pueda ser después recuperada. Una veces es un gesto, una forma de vestir, una voz de timbre inconfundible, el perfil de una nariz, un olor. En el bolsillo de Antonio Machado, al momento de morir en Colliure, encontraron un pequeño papel: el inicio —o el esqueleto— de un poema que hablaba de las tardes azules y del sol de la infancia.

Poco después de recibir el Premio Nobel de literatura, Kenzaburo Oé sorprendía a todos con unas declaraciones públicas en las que reconocía que desde hacía muchos años que no tenía nuevas ideas, que desde hacía ya bastantes años que la inspiración se le había terminado, pero que afortunadamente había atesorado una buena cantidad de ideas en un cuaderno —una especie de almacén de personajes y argumentos, acumulados de otros tiempos—, escrito en los momentos en que su imaginación era más fértil.

Paul Auster cuenta una y otra vez, siempre que le dan la oportunidad, cómo se hizo escritor el día que, ante el héroe del béisbol de su infancia que no pudo firmarle un autógrafo por no tener bolígrafo, decidió llevar siempre encima un lápiz, estuviera donde estuviera. Puede que al final se convierta en una comprobación rutinaria de lo esencial; antes de salir de casa: llaves, cartera, lápiz y cuaderno.

Los versos del capitán, uno de los mejores poemarios de Neruda, fue escrito en servilletas de bares, en momentos y papeles sueltos durante uno de sus viajes. Cualquier lugar, cualquier momento, cualquier papel nos sirve para fijar una idea. El escritor es escritor las veinticuatro horas del día, aunque tenga que vender su fuerza de trabajo a otros y se disfrace de contable, taxista o farmacéutico unas cuantas horas al día. El escritor lo es a tiempo completo, haga lo que haga; igual que el enamorado está enamorado todo el día, incluso cuando no está junto a su amada; aun cuando esté picando carbón en el fondo de una mina.


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 Más en "Escribir. Manual de técnicas narrativas", de Enrique Páez. Ed. SM, Madrid, 5º edición.

sábado, 18 de febrero de 2012

La cueva del escritor

El sueño de todo aquel que se plantea escribir es hacerlo en una casa grande con una hermosa vista sobre el mar batiendo sus olas a través de grandes ventanales, un perro muy peludo dormitando junto a una chimenea en el salón, una piscina en el jardín trasero y un par de caballos en la cuadra para dar paseos por el bosque circundante. Eso sería estupendo, qué duda cabe. Son las condiciones ideales para escribir, desde luego, pero también para pintar, o componer música. O para vivir, simplemente. Yo también lo quiero.

Pero hablamos de escribir, no de soñar despiertos. En una casa así imagino que se debe vivir muy bien pero, puedes creerme, no se escribe mejor. Y hasta es muy probable que, llegados a ese punto, nos digamos: "Ya está. Tengo la casa. Ya no quiero escribir. Ahora, a vivir". Y es más que comprensible. Quien espere tener esas condiciones mínimas antes de sentarse a escribir, en realidad no quiere escribir en absoluto. En la historia de la literatura, en las biografías de los escritores, encontraremos muy pocos autores que hayan trabajado o trabajen en esas condiciones.

Ahora bien, como dice el dicho: "Una cosa es una cosa, y otra es otra". Lo cual es aplicable a casi todo en esta vida. Y si hablamos de condiciones previas a la escritura, del lugar desde donde se escribe, hay que reconocer que hay lugares adecuados y los hay inadecuados. Muy bien. ¿Y cuál es el lugar adecuado, si puede saberse? Pues la verdad es que hay miles, casi infinitos, y cada cual tiene que buscar el suyo propio. Básicamente podría decir que el espacio físico adecuado para la escritura es el mismo que el espacio adecuado para estudiar. Tal vez de entre los mejores está el de una mesa ordenada, con algunos libros de consulta a mano (diccionario, libros de estilo, nuestro autor preferido...), un cuaderno agradable, una pluma o bolígrafo que escriba bien, a veces un ordenador, temperatura agradable (ni frío, ni calor), un foco de luz a la izquierda (o a la derecha para los zurdos), sin gente alrededor que nos distraiga y, por supuesto, sin un televisor encendido tratando de atrapar nuestra atención. Son los consejos que le daríamos a cualquier estudiante que quisiera mejorar sus hábitos de estudio. Y son lo que yo doy para mejorar las condiciones previas para la escritura. Siendo razonables, habrá que reconocer que este lugar es bastante más fácil de conseguir el primero, el de la casa junto al mar. Y no es peor en ningún aspecto relacionado con la creatividad o la posible calidad de lo que vayamos a escribir. Al contrario: es más real, más nuestro, más de verdad.

Hay ocasiones en las que ni tan siquiera podemos encontrar un lugar tranquilo en nuestra propia casa. Para esos casos hay que ser tan cabezotas como imaginativos. Existen bibliotecas, bancos en los parques, salas de espera en estaciones de trenes, autobuses y aeropuertos... Hasta los hospitales, iglesias y tanatorios, si llega el caso, pueden llegar a ser en algún instante lugares apropiados. Tendremos que buscar nuestro propio rincón.

Uno de mis alumnos vivía con sus padres en una casa muy pequeña. La madre y la abuela tenían encendida la televisión todo el día, y no tenía una habitación propia (dormía en el salón, en una cama sale del interior del sofá familiar). No había lugar en donde concentrarse. Finalmente se encerró en el cuarto de baño, puso unos cojines sobre la bañera, y se sentó en su interior, a salvo de todos, para poder escribir. Tal vez no sea el lugar ideal, pero si a él le servía para escribir, puede empezar a serlo. Me contaron también el caso de una mujer a la que su marido y sus hijos tomaban el pelo cada vez que se ponía a escribir: "¿Qué haces? ¿Por qué no dejas de escribir bobadas y perder el tiempo? ¿Qué vamos a cenar hoy? ¿Qué crees, que te van a dar el Premio Nobel?" Ella sabía que nunca iba a conseguir que respetaran su necesidad de escribir, así que buscó un lugar a salvo de las agresiones, fuera de la casa: se sentaba en una cafetería, y a veces en el interior de su propio coche, y escribía... Luego compraba rápidamente algo para cenar y al regresar a su casa decía que había tardado mucho porque las colas en el mercado ese día eran horrorosas. También vale.

En realidad, el lugar desde donde se escribe, una vez que estamos en el proceso, sólo está presente en las primeras líneas. Una vez que entramos en el mundo de la escritura, dejamos de estar ante esa mesa, o bajo ese árbol, o en el interior de la cafetería que nos acoge, y nos trasladamos al mundo en el que sucede la historia que estamos contando. Hay un momento, que muchos autores definen como "mágico", en el que las paredes que nos rodean desaparecen y nos vemos embarcados en un galeón pirata, en un bosque impenetrable, o suspendidos en el aire por un paracaídas.

Hay un espacio real, lógico, en el que vivimos. Es un mundo visible y objetivo, palpable, común, en el que nos movemos con cierta soltura. Pero también existe otro espacio, el de los sueños, que parece igualmente verdadero, al menos cuando estamos inmersos en él, pero que no podemos controlar. Ese espacio de los sueños, al que nos vemos arrastrados cada noche, funciona con la lógica que se nos escapa, es irreal, y habitualmente nos parece absurdo. Está ahí, sin duda, y aunque lo fabriquemos nosotros mismos, desde el inconsciente, apenas podemos entenderlo. Es otro mundo. Pero hay un tercer espacio que no es ni uno ni otro. O, mejor dicho, que es un poco uno y un poco otro. Es un lugar fronterizo entre la realidad y el sueño, un lugar intermedio, que el psiquiatra D. W. Winnicott llama "espacio transicional".

¿Y a qué viene esto? Pues a mucho, porque es justamente en ese lugar intermedio, transitorio entre la realidad tangible y el sueño impalpable en donde se sitúa la creación literaria. Ángel Zapata diría que es como el cuarto de juegos del escritor. El escritor, en el momento de la escritura, debe comportarse como un niño cuando juega: un zapato alzado sobre la mano y planeando es una nave espacial que viaja rumbo a Urano, la cama es un barco velero que va a la deriva tras un accidente... Si el niño no cree que las cosas sean así, se acabó el juego, dejará de ser divertido remar con la escoba al borde de la cama. Si el escritor no se sumerge, no se cree, no vive la historia que está escribiendo, deja de ser divertido, deja de ser creativo, deja de ser escritor. Puede fingir, muchos lo hacen, pero va a tener que hacerlo muy muy bien para engañar al lector. En todo caso a él mismo no se podrá engañar, así que dejará de jugar, dejará de escribir, muy pronto.

Escribir en ese "espacio transicional" no es sinónimo de estar loco (o todos los niños lo están). El niño, navegando en el barco-cama, sabe descender de él cuando su madre le llama para que se tome la merienda. Es un barco o es una cama, depende de si está jugando o está merendando. Ahí no hay esquizofrenia, sino desarrollo de la imaginación. Es el mismo mecanismo que usa el escritor cuando nos describe una trinchera asediada como si estuviera allí. Y es que está allí.
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Enrique Páez. Escribir. Manual de técnicas narrativas. Ed. SM, Madrid, 2001-2012 (5ª edición)

miércoles, 8 de junio de 2011

La escritura diafragmática

Escribir, respirar. Respirar, escribir. Para los escritores más vocacionales, ese es el binomio correcto, la simetría perfecta. Necesitan escribir tanto como respirar. Hace tiempo que los deportistas, los actores, los cantantes y los yoguis saben que hay respiraciones superficiales, débiles, que aspiran el aire a pequeños sorbos; y hay respiraciones profundas, que esponjan las aletas de la nariz y renuevan el aire de los últimos alveolos en la profundidad de los pulmones. Esa es la respiración diafragmática, infrecuente para los no iniciados, pero que se puede alcanzar con unos simples ejercicios bien dirigidos.

Al escribir sucede lo mismo. Hay escritores superficiales, que apenas rozan la epidermis de los hechos y las personas, constructos llenos de tópicos y arquetipos, la levedad de la escritura. Y al mismo tiempo, habitando otros cuerpos, hay otros autores que se sumergen en el pozo, que radiografían a los personajes, que hacen visible lo que no era obvio, y quiebran el secretismo de los deseos. Escritura superficial contra escritura diafragmática.

Ojalá todos los escritores aprendamos a escribir con el diafragma, con las entrañas (lo más entrañable que tenemos).

Ojalá los políticos también empiecen a respirar con profundidad, en otros aires menos corruptos, y su olfato les conduzca más allá del olor a barniz y naftalina de sus despachos oficiales.

Ojalá todos nos bebamos la vida a grandes sorbos, exiliados de la monotonía, y salgamos a la calle con los pulmones llenos de aire nuevo y refrescante, como si todos los días fueran un 15-M en la Puerta del Sol de Madrid.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La mano

Hay una mano que no puede ser mía, pero que habita al final de mi brazo, que escribe disparates y confiesa crímenes irracionales. No puedo controlarla. Miente mucho. Se inventa las cosas.
A veces me inculpa de delitos de sangre que yo jamás he cometido, y se crece con detalles que jamás podré rebatir.
Otras veces desvela secretos vergonzosos de mí que nadie sabe, excepto yo mismo, y tengo miedo de que se entere mi familia, el jefe, los vecinos.
He tenido que exiliarme muchas veces. No puedo echar raíces en ninguna parte, porque siempre tengo miedo de que esa mano delatora me incrimine en cuando crimen absurdo se le ocurre, y que confiese mis pensamientos clandestinos a los cuatro vientos.
En ocasiones, y eso es lo que más me asusta, escribe sobre mí como si fuera yo, y cuenta cosas que me cuesta reconocer, pero que al leerlas descubro que son así, y que esa mano sabe de mí más que yo. Estoy a su merced. Quiere arruinarme la vida.
He intentado pedir ayuda, pero tengo miedo de acabar en la cárcel o en el manicomio. Esa mano no es mía, lo juro. No le hagan caso. Miente. Se lo inventa todo, y no sé de dónde lo saca.
Hay días que me gustaría amputarla y arrojarla a la olla del cocido.
Me desnuda. Me estrangula. Me está matando.
Incluso me deja notas con órdenes tajantes en la puerta del frigorífico: haz esto, o aquello.
No lo soporto más. Lo último que ha escrito es el colmo: Dice que quiere escribir una novela. No sé qué hacer. De vez en cuando le doy el mando del televisor, para que se entretenga.
A ver si se calla.