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sábado, 3 de abril de 2010

¿San Pancracio o San Mamés?

Cuando era pequeño quise ser santo. A ser posible San Pancracio, y que me decapitaran un 12 de mayo en la Vía Aurelia de Roma. Cosas del espectáculo. O será que me gustaba el perejil. Pero como yo no era un niño consentido, también me conformaba con ser San Mamés, evangelizando leones. O San Eubulo de Cesarea, que fue destrozado por los leones y luego decapitado (de la segunda parte seguro que no iba a enterarme). O uno de los Cinco santos Mártires de Tiro, que fueron expuestos desnudos a las fieras, sobrevivieron y fueron degollados. Puro exhibicionismo. O los santos Prisco, Malco y Alejandro de Cesarea, devorados por leones y otras fieras. También las santas Máxima, Donatila y Segunda, San Marino de Anazarba, San Queremón de Nilópolis: todos devorados por leones. Vaya panzada.

Lo de los misioneros africanos que terminaban en el caldero de la tribu de negros caníbales, junto al explorador con casco, también molaba.

¿Que por qué me acuerdo yo ahora de eso?

Debe ser que la Semana Santa saca lo mejor de mí: vértigo de santidad.

O será que se acerca la hora de la cena y me preocupa que la nevera esté vacía.

Si me convirtiera en catoblepas, ese animal mítico que se alimentaba de sí mismo, podría autodevorarme.

Y si conmigo no me alcanzare, porque la hambruna fuera mucha, llamaría al vecino, que está gordito.

jueves, 8 de enero de 2009

Solidaridad caníbal

Descubro en una web especializada, la respuesta a la pregunta que llevaba años haciéndome, y que nunca nadie supo responderme con precisión hasta la fecha:
¿A cuántos caníbales podría alimentar mi cuerpo?
Y la respuesta categórica es doce. Ni más ni menos. Doce caníbales hambrientos que me estarían a partir de entonces muy agradecidos. Eso me ha convencido de que ando con un poco de sobrecarga. Si entras para informarte y resolver tus dudas, has de saber que la página web te preguntará por tu peso, tu edad, tu altura, la cantidad de ejercicio que haces, y si tu dieta es vegetariana o no. Una cosa seria y científica, vaya.
Así pues mi cuerpo habría podido servir de banquete a los apóstoles en la última cena. Tendría que dejar a Cristo en ayunas, eso sí, pero a fin de cuentas él ya estaba muerto cuando se sentaron a cenar, y además dicen las Escrituras que alimentó a sus apóstoles con su cuerpo y su sangre a través de un truco de magia. Por eso su cuerpo no ha sido hallado nunca. Conclusión: Cristo debió de ser como yo, con algunos kilos de más, y no famélico como lo pintan en las estampitas. O eso, o no visitó esta web donde le habrían informado de que con su cuerpo flaco, como mucho le daba para alimentar a seis apóstoles desganados.
Yo me voy más tranquilo hoy a la cama sabiendo que, en caso de necesidad, podré ayudar a doce hambrientos. Hay que ser solidarios. Soy una fonda con patas, y a partir de ahora llevaré en mis bolsillos sal y pimienta para que el guiso salga sabroso. Nunca se sabe lo que nos depara el destino.