jueves, 7 de febrero de 2008

Teología de la soberbia

Matías empezó a llorar el miércoles de ceniza. Bajó por la calle Fuencarral acompañando al entierro de la sardina, rodeado de drag-queens semidesnudas y obispos con tangas de cuero, pero al terminar no supo detenerse, y siguió llorando sin freno. El médico le dio la baja, y le hinchó a Prozac, pero Matías siguió llorando. Al cabo de tres días tenía los lacrimales irritados y la piel de las mejillas reblandecida. Lloraba también por las noches, y amanecía sobre una esponja húmeda por almohada. Estudiaron la posibilidad de cauterizarle los conductos lacrimales, pero desistieron porque habría perdido la visión de los dos ojos. Durante meses un psicoanalista escuchó entre hipos todos los sueños que Matías le narraba, sin descubrir la causa de tanta lágrima inútil derramada. ¿Seguro que hace ruido un árbol si se cae en Siberia y nadie lo escucha? ¿Está todavía vivo el gato de Schrödinger dentro de la caja? Matías no supo contestar, solo lloraba.
Algunos empezaron a especular con sus lágrimas. Es Cristo redivivo, y llora por todos nosotros. Es un profeta, y llora por lo que nos espera. Tiene el séptimo chacra abierto, y llora porque sabe de qué materia estamos hechos. Pero Matías no decía nada, solo lloraba. Al cabo de nueve meses, su padre se derrumbó, y se hincó de rodillas ante él, lleno de remordimientos: Perdóname, hijo mío, yo nunca quise hacerte daño. Luego fue su madre, sus hermanos, sus amigos, los vecinos. El dolor era insoportable, así que Matías levantó los ojos y lanzó la pregunta contra el cielo: ¿Para esto me has creado? Y el cielo se abrió, como una sandía, y la poderosísima voz de Dios tronó desde el infinito rasgando las nubes: Mis designios son inescrutables. Y después lo fulminó, con un rayo de soberbia.

5 comentarios:

Bea dijo...

Qué bueno. Esa imagen de obispos en tanga de cuero, es total. Da que malpensar ese diosito.

Pableras dijo...

La vida es muy rica en matices, lo sé pero mi visión y sobre todo mi experiencia de Dios es tan distinta y amorasa que me da no sé qué no habértel sabido mostrar en todo el tiempo que compartimos.

Un fuerte abrazo, fraternal aunque sea desde tan lejos

Arturo dijo...

Yo nunca he comprendido las respuestas que le dan a Job. Hermoso texto. Saludos.

Enrique Páez dijo...

Pableras:
Sé que no piensas como yo. Eres creyente, y lo respeto. No por eso he dejado de ser tu amigo. Yo no soy creyente, pero Dios me tiene mosqueado. Como comprenderás, dado que no creo en Él, la cosa no es nada personal. Solo literaria. No temo su soberbia, ni creo que a Él le importe la mía.
Abrazos desde no tan lejos.

Diego Flannery dijo...

Enrique:
Desde Buenos Aires, Argentina, te saludo con alegría.Buscaba blog de mi interés (soy nuevo en estos espcios cibernéticos )encontré el tuyo y me quedé.
Pensaba en que Dios es inconsciente, mientras leía tu trabajo y encontré la frase que lo justificó : "Al cabo de nueve meses, su padre se derrumbó, y se hincó de rodillas ante él, lleno de remordimientos: Perdóname, hijo mío, yo nunca quise hacerte daño".
Allí está el padre castrador que no habilita, que controla sin permitir, que prohibe hasta la lágrima. El padre-dios-Otro, que debe "caer-dejando lugar a la autonomía del sujeto-Matías".
Enrique un abrazo, voy a buscar la forma para poner un link a tu blog. Te dejo mis datos por si quieres pasarte por mi modesto espacio (que fue sugerido por un paciente muy querido).
abrazos cálidos a la distancia.

DIEGO FLANNERY
BUENOS AIRES - ARGENTINA -
http://palabrasdeldivan.blogspot.com/