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sábado, 30 de marzo de 2013

Historia de amor

"Historia de amor I" es un microcuento de menos de 1 minuto. Cuenta la historia de amor insólita entre un hidroavión y una ballena. El amor no tiene fronteras, y si no que se lo pregunten al piloto del avión de la base austral. 


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jueves, 13 de agosto de 2009

Amor en Gitmo

Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Percuntia tempora fati conqueror, in uentos inpendo uota fretumque; ne retine dubium cupientis ire per acquor; si bene nota mihi est, ad Caesaris arma iuuentus naufragio uenisse uolet. lam uoce doloris utendum est: non ex acquo diuisimus orbem; Epirum Caesarque tenet totusque senatus, Ausoniam tu solus habes». His terque quaterque uocibus excitum postquam cessare uidebat, dum se desse deis ac non sibi numina credit, sponte per incautas audet temptare latebras quod iussi timucre fretum, temeraria prono expertus cessisse deo, fluctusque ucrendos classibus exigua sperat superare carina.

miércoles, 25 de junio de 2008

Memoria de la sombra

Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Percuntia tempora fati conqueror, in uentos inpendo uota fretumque; ne retine dubium cupientis ire per acquor; si bene nota mihi est, ad Caesaris arma iuuentus naufragio uenisse uolet. lam uoce doloris utendum est: non ex acquo diuisimus orbem; Epirum Caesarque tenet totusque senatus, Ausoniam tu solus habes». His terque quaterque uocibus excitum postquam cessare uidebat, dum se desse deis ac non sibi numina credit, sponte per incautas audet temptare latebras quod iussi timucre fretum, temeraria prono expertus cessisse deo, fluctusque ucrendos classibus exigua sperat superare carina.

jueves, 27 de marzo de 2008

Amor prohibido

Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Percuntia tempora fati conqueror, in uentos inpendo uota fretumque; ne retine dubium cupientis ire per acquor; si bene nota mihi est, ad Caesaris arma iuuentus naufragio uenisse uolet. lam uoce doloris utendum est: non ex acquo diuisimus orbem; Epirum Caesarque tenet totusque senatus, Ausoniam tu solus habes». His terque quaterque uocibus excitum postquam cessare uidebat, dum se desse deis ac non sibi numina credit, sponte per incautas audet temptare latebras quod iussi timucre fretum, temeraria prono expertus cessisse deo, fluctusque ucrendos classibus exigua sperat superare carina.

lunes, 10 de marzo de 2008

Mi pequeña niña

Mi pequeña niña, mi pequeña trenza:
Que no quiero que te asuste el ulular de los lobos que andan sueltos por las calles. Que no quiero que te busquen. Que no quiero que te nombren. Que sé que no te quieren y que azuzan nocturnos corceles de lo oscuro contra ti si no estás atenta.
Mi pequeña rosa, mi pequeña fruta: no tirites bajo la colcha, porque yo detengo a los astros para que tu duermas. Cuidaré desde el otero y desde las olas para que ninguna bruja se acerque a tu alcoba, para que ninguna tarántula haga un nido de veneno en tus tobillos. Dormirás así en un silencio cuajado de palomas. Dejaré tan sólo que mi osito azafranado de peluche te acaricie desde la sombra.
Mi eternamente novia, mi libélula: acurrúcate en una esquina de la cuna hasta que yo vuelva. Que en los párpados se te acumulen lunas y palmeras, y un terciopelo inquieto defienda el cerco de tu ventana. Duerme hasta que, por la mañana, una brisa fresquísima inflame tus mejillas, y descubrirás que en tus sábanas te esperan miles de regalos, caramelos y sorpresas. Sueña con playas y jardines, con canciones de corro y con muñecas. Imagina mundos con niños, chimeneas, delfines, geranios, excursiones y frambuesas. Escucha cómo en la ventana repica el agua, porque una lluvia intensa te está preparando un futuro lleno de ozono y primaveras.
Mi engolfado amor, princesa: no llores más, porque nadie puede nombrar tu nombre en vano, porque al decir tu nombre, desde la boca salpican flores, y una niebla invade el mundo pidiendo brazos que defiendan el recuerdo de tu ausencia. Al pronunciar tu nombre siempre se derraman tres diamantes en la alfombra, y una lluvia de cometas recorre el firmamento buscándote para que vuelvas. Nada se puede contra el poderoso conjuro que te nombra, porque hasta los álamos están atentos al sonido de tus pasos para crecer felices en las huellas que abandonas. Déjate caer ante la sombra, que la noche es un gato fiel que sólo araña cuando tú le alientas.
Mi sortija de luz, mi bailarina loca: no bajará esta noche la luna a comerte el pie descalzo, no lo escondas. Se conformará con reflejarse en todas las charcas que le regala esta lluvia limpia-conciencias. No te canses de reír ni de dar color a las tinieblas. Sigue pajareando dentro así, como una alondra, hasta que toques fondo, hasta llegar al final de la historia. Y no te equivoques más porque, sin tu saberlo, la sangre brota, generosa, y uno cree que ya nada tiene sentido sino morirse así, muy despacio, mientras te nombra.
Mi pequeño cristal, mi diminuta concha: hay países donde las cocinas siempre huelen a manzanas frescas, y el aire sabe a agricultura. No hay bastante azúcar en esta tierra que te someta. Salta, vigorosa, por encima de tu miedo y abraza al mundo, que yo sabré que también a mí me abrazas. Rompe las cadenas que te tiran desde fuera y átate a ti misma, levantándote terrible, sonora y poderosa. Desde el fondo del abismo todos los esclavos del planeta te aclamarán: serás su esposa.
Mi chiquitita luna, mi desgarrada ola: duérmete ya, que si no duermes, yo me pondré muy triste, y quizá muera.

domingo, 9 de marzo de 2008

Amnesia inducida

Se bebió una cerveza y le supo a poco. Tres vasos de whisky empezaron a tranquilizarlo, pero no del todo. Se tragó toda la bodega de la casa en una sola noche sin descanso. Al final consiguió ganar la batalla, y cuando su mujer regresó por la mañana para recoger sus cosas, él dijo que no la conocía.

jueves, 28 de febrero de 2008

Historia de amor

Aquella ballena antártica se enamoró del hidroavión que llevaba y traía cartas y alimentos a los científicos de base Esperanza. El hidroavión no dijo nada, pero a su manera también la amaba. Andrew Schultz, el piloto, dijo que no lo sabía, pero tras el accidente, ya en el hospital, horas después de que un helicóptero lo rescatara de entre los pingüinos, jura que vio a los amantes danzar felices junto al iceberg.

jueves, 21 de febrero de 2008

Mal de amores III

Un rayo de sol se cuela por la ventanilla del avión y me calienta el muslo. El calor y el movimiento semejante al de mecer la cuna me amodorran, y de pronto me acuerdo de ti, así que bajo el tapasol de un zarpazo y maldigo la distancia que crece entre los dos a cada segundo. Me alejo de tu cuerpo a 850 kilómetros por hora, pero al llegar a los 10.000 metros de altitud me pongo a llorar. Mal de altura.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Mal de amores II

Se compró la estufa de butano el mismo día en que su marido la abandonó por aquella puta. Por primera vez no pasó frío aquella noche, pero a la mañana siguiente decidió dejar abierto el gas y apagar el fuego.

martes, 19 de febrero de 2008

Mal de amores I

Pasó la noche observando por el telescopio a Saturno, Andrómeda, la Vía Láctea, Venus y las cinco Pléyades.
Así de grande fue su dolor cuando ella le dijo que no volvería.

lunes, 21 de enero de 2008

Memoria y ausencia

Un alambre se agarrota en mis dedos y me impide escribir. Un viento polar ha congelado el éter que fluía por mi cerebro y me impide pensar. Una lava pétrea ha solidificado mi pensamiento en una fotografía de tono sepia. Y así me ha dejado, con la cara vuelta a la ventana, el mar batiendo incesantemente contra mis pupilas y tus recuerdos anegándolo todo. Pasa un barco, pasan gaviotas sobrehilando con su pico la curva de las olas, y yo no veo nada. En mis manos sólo noto un derrame de tiempo, gota a gota, que me va desangrando irremisiblemente.

Así me cerca tu memoria. Cierro los ojos y te veo ante mí, acerco mi mano para tocarte y un muro de cemento y arcilla cocida me araña la piel, y no son tus labios. Te recuerdo llorando, con ese gesto de abandono y desagüe de ternura. Hoy la noche ha bajado todas las persianas, y sé que duermes mientras te imagino. Y sueñas que te deseo. Te he visto a través de una bola de cristal sonriendo entre tules e incendios, seduciéndome desde el infier­no. Sólo pido que cuando la muerte me alcan­ce, caiga como un fardo no sobre un surco de tierra, sino sobre tu cuerpo desnudo, para sobrevivir atado a ti el tiempo sin fin que se esconde al otro lado de la muerte.

Pasan los minutos como si fueran años. Pasan las horas como si fueran generaciones y dinastías en la historia, y en mis ojos se acumula la nieve de un tiempo inmemorial, rabioso de tu ausencia. Busco entre las formas cambiantes de las nubes un perfil que te recuerde, y en el cabeceo de proa de los barcos tus piernas cortando el aire. En todas las banderas veo tu falda llamándome a voces, y en todos los círculos la pompa sensual de tus nalgas. Tropiezo y creo notar tu pie poniéndome la zancadilla. Cada cosa que leo y me gusta me hace ir a buscarte para contártelo —nunca te encuentro, siempre has bajado a comprar postales—. Me despierto y ya te has levantado y te has ido antes que yo pise la cocina. Hasta las plantas se están quedando mustias. Ellas necesitan tierra, agua y sol; yo necesito tu piel, tu saliva y tu olor.

No quiero hablar de la derrota, aunque duerme abrazada a mí todas las noches desde que te fuiste. No quiero, pero se me va la letra por ese tobogán desesperado cada vez que me siento a escribir y a contarte lo que sucede junto a la bahía durante tu ausencia. Tampoco querría hablar de la tristeza, ni de la añoranza, la desesperación y la melancolía, pero es que casi ya no queda más, porque lo llenas todo tú, y todo aquí es vacío de ti. El lecho de la bahía me llama, como una sirena o un agujero negro, y asegura que estás allí, dormida bajo las olas con un beso jugando entre tus labios. Y tengo que levantarme y salpicarme la cara con agua fresca para detener el impulso de lanzarme al silencio del mar, a disputar visiones entre gaviotas y sargos, buscando el dibujo cambiante de tu sexo entre las rocas.