Mostrando entradas con la etiqueta diario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta diario. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de junio de 2008

Memoria de la sombra

Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Percuntia tempora fati conqueror, in uentos inpendo uota fretumque; ne retine dubium cupientis ire per acquor; si bene nota mihi est, ad Caesaris arma iuuentus naufragio uenisse uolet. lam uoce doloris utendum est: non ex acquo diuisimus orbem; Epirum Caesarque tenet totusque senatus, Ausoniam tu solus habes». His terque quaterque uocibus excitum postquam cessare uidebat, dum se desse deis ac non sibi numina credit, sponte per incautas audet temptare latebras quod iussi timucre fretum, temeraria prono expertus cessisse deo, fluctusque ucrendos classibus exigua sperat superare carina.

lunes, 17 de marzo de 2008

Cumpleaños feliz

Hoy es mi cumpleaños, así que empieza un año nuevo. No para todo el mundo, pero sí para mí. Y para unos 150.000 españoles más, un millón de gringos, dos parados de Aldeanueva del camino, y San Patricio, patrono de las pintas de Lager, Murphy's y Guinness. Ya ves, no estoy solo, pero como no conozco a ninguno de todos esos, es como si lo estuviera.
Hace dos meses y medio (¡qué joven era entonces!) empecé a escribir de nuevo, casi a diario, un diario, este diario. Engrasando el bolígrafo entumecido. Alfonso Fernández Burgos lo llama hacer handing. Como footing, o fucking, pero con la mano. O sea, maning. No sé, vamos a dejarlo.
Ahora me apetece escribir novelas. Dicho así, en plural, novelas, parece un poco exagerado. Digamos otra novela. La verdad, la verdad, es por el dinero. Así de crudo. Este handing del blog está bien, con una retroalimentación inmediata de los lectores (bien amables y cariñosos, hay que decirlo), pero por una novela juvenil de 150 páginas saco cinco millones de pesetas. Tal cual. Vendiendo mucho, claro, 50.000 ejemplares, pero es que es lo que vendo. O mis editores. Cualquiera de los dos, me da igual quien sea el culpable, siempre que yo lo cobre. Lo malo es que la última novela que escribí fue hace quince años. A lo mejor tú no habías nacido. Por el camino se cruzó un Taller de Escritura, 3.000 alumnos, ocho años de psicoanálisis, un hermano muerto, un libro teórico de técnicas narrativas más extenso que la suma de las cinco novelas anteriores, y 20 kilos de más flotando entre los muslos y la barriga. Tal vez ahora no sea más que un hipopótamo ágrafo. O tal vez Buda, dispuesto a reescribir el Kamasutra, el Tao, el Corán, y las Mil y una noches. En fin, como es por la pasta, prefiero escribir Harry Potter, que además es tocayo. Y que detrás vengan los popes aguafiestas de El País a decirme que qué malo, pura bazofia, qué asco. Chúpame el rabo, mongolito.
En fin, que una novela, digo. ¿Y por dónde empiezo?
Se supone que aquel que ha escrito cinco novelas lo sabe, ¿no es así? Pues no. Al menos no es exactamente así. Lo que se sabe, después de cinco novelas, es que hay que empezar de cero, ni desde muy cerca ni desde tan lejos, ni personal ni ajeno, ni frío ni candente, ni al azar ni improvisado. Una gloria de conocimiento, ¿a que sí? Pues nada, tira para adelante. Es lo que hay.