hipotecas y de aguantar las meadas de los perros. No te cortes las venas todavía, huye en un barco mercante, seguro que bajo la arena de otra playa, y en el interior de una jeringuilla azul, volverás a encontrar adoquines, bragas sucias y poemas de Cernuda. La uña de tu cuaderno araña la pizarra en las tardes tristes, y los murciélagos te atraviesan el pecho a todas horas, sin que puedas abrazarlos. Hay un túnel de hojarasca bajo tu vientre, una espada sin sangre tiritando bajo tu almohada, una postal que nunca fue escrita, una lágrima enquistada que debiste derramar, y que ahora pregunta, desorientada, por su futuro negado, la frontera del amor, y el desasosiego.
domingo, 22 de junio de 2008
La llave de los campos (a Zapata)
Una carta de mimbre acumula desengaños desde que dejaste de soñar, pero tal vez un beso mortal te regrese a las cafeterías. Aquel árbol sindicalista devolvió el carnet en otoño, harto de
hipotecas y de aguantar las meadas de los perros. No te cortes las venas todavía, huye en un barco mercante, seguro que bajo la arena de otra playa, y en el interior de una jeringuilla azul, volverás a encontrar adoquines, bragas sucias y poemas de Cernuda. La uña de tu cuaderno araña la pizarra en las tardes tristes, y los murciélagos te atraviesan el pecho a todas horas, sin que puedas abrazarlos. Hay un túnel de hojarasca bajo tu vientre, una espada sin sangre tiritando bajo tu almohada, una postal que nunca fue escrita, una lágrima enquistada que debiste derramar, y que ahora pregunta, desorientada, por su futuro negado, la frontera del amor, y el desasosiego.
hipotecas y de aguantar las meadas de los perros. No te cortes las venas todavía, huye en un barco mercante, seguro que bajo la arena de otra playa, y en el interior de una jeringuilla azul, volverás a encontrar adoquines, bragas sucias y poemas de Cernuda. La uña de tu cuaderno araña la pizarra en las tardes tristes, y los murciélagos te atraviesan el pecho a todas horas, sin que puedas abrazarlos. Hay un túnel de hojarasca bajo tu vientre, una espada sin sangre tiritando bajo tu almohada, una postal que nunca fue escrita, una lágrima enquistada que debiste derramar, y que ahora pregunta, desorientada, por su futuro negado, la frontera del amor, y el desasosiego.
jueves, 19 de junio de 2008
Fragmentos del subconsciente
El hambre de luz me taladra el páncreas con plomo intermitente. Una luciérnaga etíope parpadea junto a la biblioteca de Babel. Hay un niño que nunca nació que pregunta a todas horas por sus zapatos. La vertical del miedo, desde el patio del colegio hasta el olvido, te inmoviliza los brazos y
las piernas cada vez que intentas enamorarte a través de otro espejo del callejón del gato. Los elefantes no solo son contagiosos: también caducan detrás de los semáforos. Un beso de agua te araña la memoria, y nunca sabrás de quién eran las espadas ni los labios. Bajo la escalera, junto al cesto de ropa sucia, se esconde la fotografía en tono sepia del deseo y lo negado. Ya no puedes acordarte de quién de quién ibas a ser, ni de quién fuiste, tantas vidas sin vivir, cuando las palabras todavía no engañaban, no eran escudos de saliva frente al mar. Hubo una vez que fuiste humano, tal vez no fueras tú, pero entonces ¿quién movía los músculos por debajo de tu piel?
miércoles, 18 de junio de 2008
Yo soy aquel
Aquí está el video de la canción "Yo soy aquel", cantada a duo por Enrique Páez y Javier Sagarna en la sala Clamores de Madrid, el 14 de junio de 2008, durante la presentación del libro "Con sabor a Sugus. 15 años del Taller de Escritura de Madrid".
Que lo disfrutéis.
Que lo disfrutéis.
martes, 17 de junio de 2008
Con sabor a Sugus
El sábado pasado, 14 de junio, me desperté temprano, pero no encontré a ningún dinosaurio haciendo guardia. Debería haber mirado debajo de la cama, que es donde estaba. Creí, tonto de mí, que iba a ser el primer sábado de mitad de junio que yo no iba a estar en la sala Clamores de Madrid presentando el nuevo libro del Taller. Ringo y Pepa dormían debajo de la mimosa del jardín. Madrid quedaba lejos, a casi 300 kilómetros cruzando tres autonomías, y no era necesario estar allí. Más que nada porque el Taller de Escritura de Madrid se cierra, y este año no había editado un nuevo libro con relatos de los alumnos: Cuatro meses de recopilación y edición cada año, desde el primer volumen Historias para adultos imperfectos de 1994, hasta el último Mentira cochina de 2007.
Pero me equivocaba.
Más de setenta conjurados, acaudillados por una tal Beatriz Montero de las altas Torres, me tenían preparada una encerrona y estaban acuartelados bajo la cama, apretujados contra un dinosaurio que respiraba pesadamente.
En los últimos cuatro meses yo he estado semisecuestrado por mí mismo escribiendo la novela 120 kilos. Los que leen este blog lo saben, la han ido leyendo al hilo de su escritura, y han intervenido con consejos sabios cada vez que yo levantaba infundios contra el protagonista, o cada vez que le obligaba a hacer lo que no podía hacer. Dejar de comer, por ejemplo. Y con tantos kilos de novela (que es breve, a pesar de los 120 kilos de Camilo), no me di cuenta que desde hacía cuatro meses decenas de relatos y fotos llegaban en lenguaje binario hasta el ordenador de Bea, y cómo ella se iba hasta Béjar a comprar tomates y cerezas del Jerte, pero en realidad a editar y componer en la imprenta de Luis Felipe Comendador el libro naranja titulado “Con sabor a Sugus”. El número 15, el que cierra los 15 años del Taller de Escritura de Madrid.
Así que me desperté, me duché, me lavé los dientes, me afeité (es que soy muy limpito, mire usted), me inyecté 38 unidades de insulina Lantus y 10 de Humalog, y bajé a desayunar. Café con leche, tostadas con mermelada casera (nos sale riquísima, una receta de Arguiñano, quien quiera, que pregunte), y fue cuando Bea me dijo:
--Termina pronto, que nos vamos a Madrid.
Hacía un sol estupendo. Yo llevaba ya unos días imaginando las aventuras de Lidia adolescente, mi próxima novela, y me frotaba las manos sabiendo que el fin de semana la pondría en marcha. El río Ambroz bajaba con fuerza, haciendo sonar los guijos en los remolinos que se forman a la sombra del fresno.
--Y un cuerno, yo no me muevo --le dije--, ya iremos otro día.
--Que no, que tenemos que ir hoy mismo.
--Anula lo que sea. Nos quedamos --insistí.
--Nos vamos, mira que eres testarudo --dijo Bea--, y me dio con un libro en la cabeza.
Tenemos cuatro o cinco mil libros en casa, hace tempo perdí la cuenta. Pero los conocía todos. Todos menos ese. “Con sabor a Sugus”. Se lo quité de las manos, y se me hizo un nudo en la garganta. “15 años del Taller de Escritura de Madrid”, decía el subtítulo calado en blanco sobre un fondo naranja. Entre naranja y mandarina. Casi podía olerlo.
Solo entonces me di cuenta. En las solapas y en el índice firmaban 70 autores, entre los que están la propia Bea, mi hijo Elías, Emilio, los diez profesores que han dado clase en el Taller durante todos estos años, un montón de amigos, y tres montones de alumnos y alumnas. 214 páginas de recuerdos compartidos, abrazos, memorias, besos, anécdotas, saudades, ficciones, 50 fotos a todo color, recortes de prensa, programas del Taller. Y dos lagrimones como dos piñones que se me cayeron sobre sus páginas. Otro libro con páginas ahuecadas.
En la contracubierta Bea había escrito:
“Enrique Páez anunció en enero de este año que en junio clausuraba el Taller. Y después de anunciarlo entró en un coma nostálgico que le quitó las ganas de fiestas de despedida y más aún, le quitó la ilusión por hacer el libro de fin de curso. El último libro. A escondidas me puse en contacto con alumnos, profesores, y entre todos hemos hecho lo que a nuestro modo son las memorias de estos 15 años de Taller. El libro guarda anécdotas, recuerdos de primeros días del Taller, resbalones con la escritura, premios, amoríos, reflexiones, secretos inconfesables, relatos fantásticos y gamberradas.
Todos coincidimos en lo mismo: Enrique ha marcado nuestras vidas. Por eso este libro pretende ser también un regalo de agradecimiento y de reconocimiento al maestro de los maestros: Enrique Páez”.
--La presentación es esta tarde, en Clamores, a las siete, como todos los años --me dijo Bea--. Piensan ir todos y algunos más.
--Vámonos --le dije sin soltar el libro de la mano.
En el viaje (condujo Bea) estuve leyendo el libro entero, y volviendo a ver todas las fotos en las que estamos, o estoy, con Augusto Monterroso, José Luis Sampedro, Luis Landero, Germán Sánchez Espeso, Luis Antonio de Villena, Medardo Fraile, y decenas de amigos más. 300 kilómetros con un nudo en la garganta. 15 años de memorias concentrados en 300 kilómetros. Habría necesitado un extra de muchos miles de kilómetros para poder asimilarlo.
Antes de llegar a Madrid, a la altura de Ávila, yo ya estaba congestionado. Comimos en un japonés junto a la plaza de Olavide, y el salmón crudo me pareció mucho más fácil de digerir que las emociones.
En la sala Clamores me abracé a mi hijo Elías, Lara López, Josheras, Gabi Llanos, Mila, Álvaro Cerezo, Elisa Agudo, Sonia Aldama, Carmen Cacho, Emilio Montero, María José Codes, Emilia G. Fidalgo, David Gallego, Luisa Mari y José, Carmen García Romeu, Ángeles Lorenzo, mi hermano Tito con Sonia, Marisa Mañana, Ángel Zapata, Inés Mendoza, Paloma Vallhonrat, Javier Sagarna, Chema Gómez de Lora, Jesús Urceloy, Marisol Huerta, Magdalena Tirado, Amparo Seijo, Mariana Torres, Inés Arias de Reyna, Alfonso Fernández Burgos, Ángeles Lorenzo, Chus Melchor, Pedro Sánchez Torrente, Carlos Molinero, Ana Villa, Clara Pérez Escrivá, Carmen Cacho, Elena Yáguez y Héctor, Victoria Santesmases, Isabel Cañelles, Elmo y Ari, Germán, Teresa Sotillos, Pilar Tesorero, Alma y Emilio, mi hermano Javier con Elena, Flor Moral y su hermana, Ana Añón, Pili Mera, Cesi Sánchez Turanzas, Pepe San Leandro, Fernanda Cabral, Germán Sánchez Espeso y no sé cuantos más (no podré decir todos los nombres, aunque a todos los conozca, porque eran cerca de ciento cincuenta).
Esa tarde, en el hotel, después de comer, había escrito esto en previsión de que entrara en shock y no pudiera decir una palabra:
“A veces soy muy lento, preguntadle a mis hermanos que están por aquí, a Tito, a Javier, así que cuando esta mañana me enteré, tarde, muy tarde, que me habíais preparado una encerrona, esa, esa, ha sido esa, se llama Bea, podéis decir, que yo la he visto, que no se haga la despistada. Si ya sé yo que ha sido ella, si ya la conozco.
Bueno, pues digo que cuando me enteré, me dije, ya está, un homenaje póstumo, estoy muerto, a joderse.
Pero resulta que no, que aún no me he muerto, que yo sepa. Así que si no es eso, pues va a ser que me quieren hacer llorar. Hala, ¿que dejas el Taller de Escritura?, pues mira, aquí nos ponemos todos juntos, haciendo la ola hasta que se te caigan los mocos. Y no sé para qué, qué necesidad hay, por qué ensañarse, en fin, imagino que es una venganza, y que habéis ensayado ya la canción para que, cuando se me caiga una lagrimita cursi, a coro empezar a cantar eso de “Cállate, niño, no llores más”. Pues no pienso daros el gusto, así que más vale que Zapata se suba aquí y empiece con aquello de “Y se marchó, y a su barco lo llamó libertad, y en el cielo descubrió gavioootas, y pintó estelas en el mar”.
Porque 15 años no es nada. Yo siempre he sido así de calvo, así de feo, así de cascarrabias, así de frío, así de muermo. Y a pesar de ello tenéis que saber que Bea me aguanta, y hasta me organiza estos sanfermines para que noventa toros disfrazados de alumnos y profes me lancen relatos y memorias, para que resbale y tropiece en la curva de la calle Estafeta, o me caiga por las escaleras del Clamores, menuda juerga.
Tengo que decir que por primera vez en 15 años he leído el libro del Taller después de estar publicado. Que es lo normal, supongo, pero a mí siempre me tocaba encargar los relatos, leer, corregir, editar y distribuir. Ahora yo soy el lector, y os leo, y descubro que el Taller ha sido una pieza clave en vuestras vidas, que a algunos les ha cambiado la profesión, que a otros les sirvió para zambullirse finalmente en la literatura, y que hasta hubo quien encontró el amor de su vida dentro del aula, como me pasó a mí con Bea, o a Concha y Carmen, o Ángel e Inés, o a Chus y Pedro, que incluso tienen una hija que ha escrito un poema en el libro, y que consiguió que soltara otra lágrima esta mañana, dentro del coche, sin que me vieran.
No me es posible daros las gracias uno a uno, porque tendría que ser con grandes y largos abrazos, así que o nos vamos todos a pasar el verano a un camping y allí os lo detallo, como debería ser, o simplemente me quedo aquí acojonado, pensando si no será que soy un difunto y aún no lo sé, pero es raro, porque por aquí está mi hijo Elías, y también ha escrito sus memorias parricidas en el libro; y también están algunos de mis hermanos, Tito, Javier; y mi tía Chitín, que sigue teniendo quince años aunque su pasaporte diga que tiene ochenta y siete; y mis suegros, y mis cuñados, y los profes que llevan tantos años dando clase conmigo: Chema Gómez de Lora, Javier Sagarna, Ángel Zapata, Alfonso Fernández Burgos, Isabel Cañelles, Carlos Molinero, Jesús Urceloy, Mila García Guerrero, Ángeles Lorenzo, Nacho Ferrando y Beatriz Montero, y que han escrito en este libro las páginas y las dedicatorias más hermosas que jamás he leído. Y todos los alumnos y alumnas que estáis aquí, amotinados pero con cara de yo no he sido, yo venía nada más a tomarme una cerveza. Joder, pero si han venido hasta mis amigos de la Facultad, que veo ahí a Victoria. Debería deciros que sois todos unos hijos de puta, una panda de cabrones que tratáis de minarme la moral. Pero sé que en el fondo no hay mala leche, era solo una broma pesada, como en ese chiste malo, porque yo soy Piscis, no cáncer, qué mala sangre. Venga, vámonos a cenar, que aquí Germán va a echar el cierre, que sois unos pesados, coño, que no hay quien os aguante. Hale.”
Luego me hicieron cantar a capella, con Javier Sagarna (gracias por acompañarme, Javier), “Yo soy aquel”, de Raphael, versión asesinos en serie. En algún momento estará colgado en Youtube, al tiempo.
Dediqué unas cuantas decenas de libros. Y después nos fuimos a cenar a La Gata Flora (esa que dicen que si se la metes grita, y si se la sacas llora). Menos mal que Bea había reservado: “Buenas, que veníamos a cenar, somos 60”. Y cerraron el restaurante para nosotros. Luego, a las 12, como Cenicientas enfermas, nos pusimos a hojear libros en la librería de relatos “Las tres rosas amarillas”, que está justo enfrente del restaurante, porque aún estaba abierta. El dueño también fue alumno del Taller, hay que joderse, a veces me pregunto si hay alguien que no haya pasado por el Taller en estos 15 años.
Y venga a darnos besos y abrazos. Y yo aún no había muerto.
A la una nos fuimos al karaoke de la plaza del los Mostenses, en que está escondido dentro del parking, junto a la Gran Vía. Allí Isa Cañelles, Amparo Seijo, Inés Arias de Reyna y Mariana Torres (cuatro profes de la Escuela de Escritores, antiguas alumnas también del Taller de Escritura, qué le vamos a hacer) cantaron Resistiré. Y muy bien, por cierto, con movimientos sensuales que dejarían ojipláticos a todos sus alumnos. Luego yo canté el clásico Cállate niña versión kale borroca; Sergi Bellver una hermosa canción en inglés, y le pedí Ángel Zapata que cantara una vez más “El gato que está triste y azul”, pero no lo conseguí, creo, porque a las tres, cautivo y desarmado como el ejército rojo, me fui al hotel. Allí se quedaron, buscando nuevas canciones en el menú del karaoke, Pableras, Alfonso, Magdalena, Ángel e Inés, Isa, Amparo, Mariana, Ismael, Sergi, Teresa, Ana Añón, Pili, Cesi, Carmen, Concha, todos los de las Tres rosas amarillas, algunos más que mi memoria pretende ocultar sin conseguirlo.
Y quince años de Taller y de escritura.
Qué noche. Cómo olvidarla.
Más de setenta conjurados, acaudillados por una tal Beatriz Montero de las altas Torres, me tenían preparada una encerrona y estaban acuartelados bajo la cama, apretujados contra un dinosaurio que respiraba pesadamente.
En los últimos cuatro meses yo he estado semisecuestrado por mí mismo escribiendo la novela 120 kilos. Los que leen este blog lo saben, la han ido leyendo al hilo de su escritura, y han intervenido con consejos sabios cada vez que yo levantaba infundios contra el protagonista, o cada vez que le obligaba a hacer lo que no podía hacer. Dejar de comer, por ejemplo. Y con tantos kilos de novela (que es breve, a pesar de los 120 kilos de Camilo), no me di cuenta que desde hacía cuatro meses decenas de relatos y fotos llegaban en lenguaje binario hasta el ordenador de Bea, y cómo ella se iba hasta Béjar a comprar tomates y cerezas del Jerte, pero en realidad a editar y componer en la imprenta de Luis Felipe Comendador el libro naranja titulado “Con sabor a Sugus”. El número 15, el que cierra los 15 años del Taller de Escritura de Madrid.
Así que me desperté, me duché, me lavé los dientes, me afeité (es que soy muy limpito, mire usted), me inyecté 38 unidades de insulina Lantus y 10 de Humalog, y bajé a desayunar. Café con leche, tostadas con mermelada casera (nos sale riquísima, una receta de Arguiñano, quien quiera, que pregunte), y fue cuando Bea me dijo:
--Termina pronto, que nos vamos a Madrid.
Hacía un sol estupendo. Yo llevaba ya unos días imaginando las aventuras de Lidia adolescente, mi próxima novela, y me frotaba las manos sabiendo que el fin de semana la pondría en marcha. El río Ambroz bajaba con fuerza, haciendo sonar los guijos en los remolinos que se forman a la sombra del fresno.
--Y un cuerno, yo no me muevo --le dije--, ya iremos otro día.
--Que no, que tenemos que ir hoy mismo.
--Anula lo que sea. Nos quedamos --insistí.
--Nos vamos, mira que eres testarudo --dijo Bea--, y me dio con un libro en la cabeza.
Tenemos cuatro o cinco mil libros en casa, hace tempo perdí la cuenta. Pero los conocía todos. Todos menos ese. “Con sabor a Sugus”. Se lo quité de las manos, y se me hizo un nudo en la garganta. “15 años del Taller de Escritura de Madrid”, decía el subtítulo calado en blanco sobre un fondo naranja. Entre naranja y mandarina. Casi podía olerlo.
Solo entonces me di cuenta. En las solapas y en el índice firmaban 70 autores, entre los que están la propia Bea, mi hijo Elías, Emilio, los diez profesores que han dado clase en el Taller durante todos estos años, un montón de amigos, y tres montones de alumnos y alumnas. 214 páginas de recuerdos compartidos, abrazos, memorias, besos, anécdotas, saudades, ficciones, 50 fotos a todo color, recortes de prensa, programas del Taller. Y dos lagrimones como dos piñones que se me cayeron sobre sus páginas. Otro libro con páginas ahuecadas.
En la contracubierta Bea había escrito:
“Enrique Páez anunció en enero de este año que en junio clausuraba el Taller. Y después de anunciarlo entró en un coma nostálgico que le quitó las ganas de fiestas de despedida y más aún, le quitó la ilusión por hacer el libro de fin de curso. El último libro. A escondidas me puse en contacto con alumnos, profesores, y entre todos hemos hecho lo que a nuestro modo son las memorias de estos 15 años de Taller. El libro guarda anécdotas, recuerdos de primeros días del Taller, resbalones con la escritura, premios, amoríos, reflexiones, secretos inconfesables, relatos fantásticos y gamberradas.
Todos coincidimos en lo mismo: Enrique ha marcado nuestras vidas. Por eso este libro pretende ser también un regalo de agradecimiento y de reconocimiento al maestro de los maestros: Enrique Páez”.
--La presentación es esta tarde, en Clamores, a las siete, como todos los años --me dijo Bea--. Piensan ir todos y algunos más.
--Vámonos --le dije sin soltar el libro de la mano.
En el viaje (condujo Bea) estuve leyendo el libro entero, y volviendo a ver todas las fotos en las que estamos, o estoy, con Augusto Monterroso, José Luis Sampedro, Luis Landero, Germán Sánchez Espeso, Luis Antonio de Villena, Medardo Fraile, y decenas de amigos más. 300 kilómetros con un nudo en la garganta. 15 años de memorias concentrados en 300 kilómetros. Habría necesitado un extra de muchos miles de kilómetros para poder asimilarlo.
Antes de llegar a Madrid, a la altura de Ávila, yo ya estaba congestionado. Comimos en un japonés junto a la plaza de Olavide, y el salmón crudo me pareció mucho más fácil de digerir que las emociones.
En la sala Clamores me abracé a mi hijo Elías, Lara López, Josheras, Gabi Llanos, Mila, Álvaro Cerezo, Elisa Agudo, Sonia Aldama, Carmen Cacho, Emilio Montero, María José Codes, Emilia G. Fidalgo, David Gallego, Luisa Mari y José, Carmen García Romeu, Ángeles Lorenzo, mi hermano Tito con Sonia, Marisa Mañana, Ángel Zapata, Inés Mendoza, Paloma Vallhonrat, Javier Sagarna, Chema Gómez de Lora, Jesús Urceloy, Marisol Huerta, Magdalena Tirado, Amparo Seijo, Mariana Torres, Inés Arias de Reyna, Alfonso Fernández Burgos, Ángeles Lorenzo, Chus Melchor, Pedro Sánchez Torrente, Carlos Molinero, Ana Villa, Clara Pérez Escrivá, Carmen Cacho, Elena Yáguez y Héctor, Victoria Santesmases, Isabel Cañelles, Elmo y Ari, Germán, Teresa Sotillos, Pilar Tesorero, Alma y Emilio, mi hermano Javier con Elena, Flor Moral y su hermana, Ana Añón, Pili Mera, Cesi Sánchez Turanzas, Pepe San Leandro, Fernanda Cabral, Germán Sánchez Espeso y no sé cuantos más (no podré decir todos los nombres, aunque a todos los conozca, porque eran cerca de ciento cincuenta).
Esa tarde, en el hotel, después de comer, había escrito esto en previsión de que entrara en shock y no pudiera decir una palabra:
Bueno, pues digo que cuando me enteré, me dije, ya está, un homenaje póstumo, estoy muerto, a joderse.
Pero resulta que no, que aún no me he muerto, que yo sepa. Así que si no es eso, pues va a ser que me quieren hacer llorar. Hala, ¿que dejas el Taller de Escritura?, pues mira, aquí nos ponemos todos juntos, haciendo la ola hasta que se te caigan los mocos. Y no sé para qué, qué necesidad hay, por qué ensañarse, en fin, imagino que es una venganza, y que habéis ensayado ya la canción para que, cuando se me caiga una lagrimita cursi, a coro empezar a cantar eso de “Cállate, niño, no llores más”. Pues no pienso daros el gusto, así que más vale que Zapata se suba aquí y empiece con aquello de “Y se marchó, y a su barco lo llamó libertad, y en el cielo descubrió gavioootas, y pintó estelas en el mar”.
Porque 15 años no es nada. Yo siempre he sido así de calvo, así de feo, así de cascarrabias, así de frío, así de muermo. Y a pesar de ello tenéis que saber que Bea me aguanta, y hasta me organiza estos sanfermines para que noventa toros disfrazados de alumnos y profes me lancen relatos y memorias, para que resbale y tropiece en la curva de la calle Estafeta, o me caiga por las escaleras del Clamores, menuda juerga.
Tengo que decir que por primera vez en 15 años he leído el libro del Taller después de estar publicado. Que es lo normal, supongo, pero a mí siempre me tocaba encargar los relatos, leer, corregir, editar y distribuir. Ahora yo soy el lector, y os leo, y descubro que el Taller ha sido una pieza clave en vuestras vidas, que a algunos les ha cambiado la profesión, que a otros les sirvió para zambullirse finalmente en la literatura, y que hasta hubo quien encontró el amor de su vida dentro del aula, como me pasó a mí con Bea, o a Concha y Carmen, o Ángel e Inés, o a Chus y Pedro, que incluso tienen una hija que ha escrito un poema en el libro, y que consiguió que soltara otra lágrima esta mañana, dentro del coche, sin que me vieran.
No me es posible daros las gracias uno a uno, porque tendría que ser con grandes y largos abrazos, así que o nos vamos todos a pasar el verano a un camping y allí os lo detallo, como debería ser, o simplemente me quedo aquí acojonado, pensando si no será que soy un difunto y aún no lo sé, pero es raro, porque por aquí está mi hijo Elías, y también ha escrito sus memorias parricidas en el libro; y también están algunos de mis hermanos, Tito, Javier; y mi tía Chitín, que sigue teniendo quince años aunque su pasaporte diga que tiene ochenta y siete; y mis suegros, y mis cuñados, y los profes que llevan tantos años dando clase conmigo: Chema Gómez de Lora, Javier Sagarna, Ángel Zapata, Alfonso Fernández Burgos, Isabel Cañelles, Carlos Molinero, Jesús Urceloy, Mila García Guerrero, Ángeles Lorenzo, Nacho Ferrando y Beatriz Montero, y que han escrito en este libro las páginas y las dedicatorias más hermosas que jamás he leído. Y todos los alumnos y alumnas que estáis aquí, amotinados pero con cara de yo no he sido, yo venía nada más a tomarme una cerveza. Joder, pero si han venido hasta mis amigos de la Facultad, que veo ahí a Victoria. Debería deciros que sois todos unos hijos de puta, una panda de cabrones que tratáis de minarme la moral. Pero sé que en el fondo no hay mala leche, era solo una broma pesada, como en ese chiste malo, porque yo soy Piscis, no cáncer, qué mala sangre. Venga, vámonos a cenar, que aquí Germán va a echar el cierre, que sois unos pesados, coño, que no hay quien os aguante. Hale.”
Luego me hicieron cantar a capella, con Javier Sagarna (gracias por acompañarme, Javier), “Yo soy aquel”, de Raphael, versión asesinos en serie. En algún momento estará colgado en Youtube, al tiempo.
Dediqué unas cuantas decenas de libros. Y después nos fuimos a cenar a La Gata Flora (esa que dicen que si se la metes grita, y si se la sacas llora). Menos mal que Bea había reservado: “Buenas, que veníamos a cenar, somos 60”. Y cerraron el restaurante para nosotros. Luego, a las 12, como Cenicientas enfermas, nos pusimos a hojear libros en la librería de relatos “Las tres rosas amarillas”, que está justo enfrente del restaurante, porque aún estaba abierta. El dueño también fue alumno del Taller, hay que joderse, a veces me pregunto si hay alguien que no haya pasado por el Taller en estos 15 años.
Y venga a darnos besos y abrazos. Y yo aún no había muerto.
A la una nos fuimos al karaoke de la plaza del los Mostenses, en que está escondido dentro del parking, junto a la Gran Vía. Allí Isa Cañelles, Amparo Seijo, Inés Arias de Reyna y Mariana Torres (cuatro profes de la Escuela de Escritores, antiguas alumnas también del Taller de Escritura, qué le vamos a hacer) cantaron Resistiré. Y muy bien, por cierto, con movimientos sensuales que dejarían ojipláticos a todos sus alumnos. Luego yo canté el clásico Cállate niña versión kale borroca; Sergi Bellver una hermosa canción en inglés, y le pedí Ángel Zapata que cantara una vez más “El gato que está triste y azul”, pero no lo conseguí, creo, porque a las tres, cautivo y desarmado como el ejército rojo, me fui al hotel. Allí se quedaron, buscando nuevas canciones en el menú del karaoke, Pableras, Alfonso, Magdalena, Ángel e Inés, Isa, Amparo, Mariana, Ismael, Sergi, Teresa, Ana Añón, Pili, Cesi, Carmen, Concha, todos los de las Tres rosas amarillas, algunos más que mi memoria pretende ocultar sin conseguirlo.Y quince años de Taller y de escritura.
Qué noche. Cómo olvidarla.
jueves, 12 de junio de 2008
Lidia quiere crecer
Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Percuntia tempora fati conqueror, in uentos inpendo uota fretumque; ne retine dubium cupientis ire per acquor; si bene nota mihi est, ad Caesaris arma iuuentus naufragio uenisse uolet. lam uoce doloris utendum est: non ex acquo diuisimus orbem; Epirum Caesarque tenet totusque senatus, Ausoniam tu solus habes». His terque quaterque uocibus excitum postquam cessare uidebat, dum se desse deis ac non sibi numina credit, sponte per incautas audet temptare latebras quod iussi timucre fretum, temeraria prono expertus cessisse deo, fluctusque ucrendos classibus exigua sperat superare carina.
Percuntia tempora fati conqueror, in uentos inpendo uota fretumque; ne retine dubium cupientis ire per acquor; si bene nota mihi est, ad Caesaris arma iuuentus naufragio uenisse uolet. lam uoce doloris utendum est: non ex acquo diuisimus orbem; Epirum Caesarque tenet totusque senatus, Ausoniam tu solus habes». His terque quaterque uocibus excitum postquam cessare uidebat, dum se desse deis ac non sibi numina credit, sponte per incautas audet temptare latebras quod iussi timucre fretum, temeraria prono expertus cessisse deo, fluctusque ucrendos classibus exigua sperat superare carina.
lunes, 9 de junio de 2008
De regreso a La dacha
Que sí, que ya hemos vuelto. Estamos en La dacha, vigilando el río.
Lo que pasa es que lo que tengo de espabilado para unas cosas, lo tengo de tonto para otras. Por
ejemplo, esto de la informática. O yo soy pelín torpe o el portátil se me ha cabreado por haberlo abandonado y sustituido por unos mojitos, y no quiere conectarse a internet. Dice que el ADSL solo le funciona con ron de caña.
Y además, no me deja siquiera dejar comentarios en mi propio blog. Manda huevos. Puedo leer los vuestros, y puedo escribir esta entrada, pero no puedo comentar. Sin comentarios.
Así que he tenido que trasladar los trastos (Outlook, Dreamweaver, Quark, Photoshop) al ordenador fijo. Ese que si te lo tiran por el balcón, abolla el coche.
Y ahora escribo en él.
Esta tarde nos vamos a Salamanca, porque Bea tiene que hacer una contada para bebés en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Las vacaciones se acaban rápido.
Y yo dándole vueltas a la nueva novela. En cuanto tenga diseñado el argumento y los personajes, me pongo a ello dentro de este blog. Así, en pelota picada, delante de todos.
¿Las playas de Punta Cana? Espectaculares. Los hoteles más bien kitsch, pero es lo que hay.
Lo que pasa es que lo que tengo de espabilado para unas cosas, lo tengo de tonto para otras. Por
ejemplo, esto de la informática. O yo soy pelín torpe o el portátil se me ha cabreado por haberlo abandonado y sustituido por unos mojitos, y no quiere conectarse a internet. Dice que el ADSL solo le funciona con ron de caña.Y además, no me deja siquiera dejar comentarios en mi propio blog. Manda huevos. Puedo leer los vuestros, y puedo escribir esta entrada, pero no puedo comentar. Sin comentarios.
Así que he tenido que trasladar los trastos (Outlook, Dreamweaver, Quark, Photoshop) al ordenador fijo. Ese que si te lo tiran por el balcón, abolla el coche.
Y ahora escribo en él.
Esta tarde nos vamos a Salamanca, porque Bea tiene que hacer una contada para bebés en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Las vacaciones se acaban rápido.Y yo dándole vueltas a la nueva novela. En cuanto tenga diseñado el argumento y los personajes, me pongo a ello dentro de este blog. Así, en pelota picada, delante de todos.
¿Las playas de Punta Cana? Espectaculares. Los hoteles más bien kitsch, pero es lo que hay.
jueves, 29 de mayo de 2008
Se va el caimán
Mañana Bea y yo nos largamos a una playa del Caribe. Así, tal cual. Hemos currado mucho, y
adelantamos las vacaciones. Solo será una semana, pero será toda una semana en la República Dominicana, a mantel puesto, con barra libre de mojitos y cocolocos.
Espero que nos salgan quemaduras por el sol, agujetas de bailar bachatas, y que le demos esquinazo al tiburón.
Se va el caimán, se va el caimán, se va para Punta Cana.
No nos llevamos los móviles.
No nos conectaremos a Internet.
Dejaremos los portátiles en Madrid.
Nos olvidaremos hasta de nosotros mismos.
Me he comprado un bañador estampado de peces tropicales y una camisa hawaiana. La más hortera que he encontrado. Y un sombrero trenzado de rafia. Pienso contar las olas, las nubes y las hojas de las palmeras, una por una.
Camarero, otro mojito de ron Brugal.
Nos espera una dura semana de recolectar conchitas en la playa, aprender los pasos del merengue, y comer papayas, piñas y mangos.
Qué horror. Qué manera de sufrir.
Nos vemos a la vuelta.
(La foto superior me la hizo Bea en Costa Rica hace 4 años. La de abajo es de la Isla de la Juventud, en Cuba, hace 2 años.)
Espero que nos salgan quemaduras por el sol, agujetas de bailar bachatas, y que le demos esquinazo al tiburón.
Se va el caimán, se va el caimán, se va para Punta Cana.
No nos llevamos los móviles.
No nos conectaremos a Internet.
Dejaremos los portátiles en Madrid.
Nos olvidaremos hasta de nosotros mismos.
Me he comprado un bañador estampado de peces tropicales y una camisa hawaiana. La más hortera que he encontrado. Y un sombrero trenzado de rafia. Pienso contar las olas, las nubes y las hojas de las palmeras, una por una.
Nos espera una dura semana de recolectar conchitas en la playa, aprender los pasos del merengue, y comer papayas, piñas y mangos.
Qué horror. Qué manera de sufrir.
Nos vemos a la vuelta.
(La foto superior me la hizo Bea en Costa Rica hace 4 años. La de abajo es de la Isla de la Juventud, en Cuba, hace 2 años.)
martes, 27 de mayo de 2008
La biblioteca de Alfonso
Hace muchos años (catorce, para ser precisos), cuando empezaba a impartir el segundo año de mi Taller de Escritura, se apuntó como alumno un periodista, Alfonso Fernández Burgos, que en aquel momento ya era el director de la revista Muface. Yo le había enviado información de los cursos, por si algún redactor o lector de su revista estuviera interesado. Y resultó que fue él mismo el que se inscribió como alumno. La revista
era una revista oficial, del Ministerio de Administraciones Públicas o algo así, pero tenía una tirada de 800.000 ejemplares. Una barbaridad. A mí me pareció que alguien que dirigía una revista y que tenía bajo su batuta a un grupo de redactores, si se apuntaba como alumno al Taller de Escritura era porque definitivamente tenía muchas ganas de escribir. Y no me equivoqué. Cada semana Alfonso traía su relato recién escrito, y lo leía en alto para someterlo a la crítica feroz de todos los presentes. A veces nos traía pruebas de imprenta de artículos que escribía para otras revistas, y salía con la columna llena de anotaciones para corregir antes de que las máquinas de la imprenta se pusieran en marcha. Entre sus compañeros, ese año, estaban Javier Sagarna (actual director de la Escuela de Escritores), Magdalena Tirado (actual profesora de Novela en Fuentetaja), Inés Arias de Reyna, Carmen Cacho, Lola Escudero, Lourdes Casanova, María José Guillén Rubio, Antonio Huerta, Ana Cristina López Corral y Ana Ossenbach. Más de la mitad han terminado publicando algún libro, supongo que aquella fue una buena añada. Pero el caso de Alfonso fue especial, porque al finalizar el primer curso de Relato breve, juntó los relatos que había escrito a lo largo de los tres trimestres, y los presentó al premio Fernández Lema. Y lo ganó. El libro se publicó con el nombre “Propósito y Excusa”. El jurado justificó al premio diciendo que era asombroso el despliegue de técnicas narrativas diferentes desarrolladas a lo largo de los relatos: parecía casi como si hubiesen sido escrito por distintos autores. Y no, no hubo distintos autores; solo Alfonso, que se ciñó como alumno aplicado al programa de Relato breve de ese año, el cual proponía la escritura de un nuevo cuento cada semana desde un punto de vista diferente, o jugando con el tono narrativo, o a partir de un modelo chejoviano, o con estructura de monólogo interior, y un largo etcétera (hasta 36 sesiones en nueve
meses). Al año siguiente Alfonso se inscribió en el curso de Novela, y durante nueve meses le acompañé en el viaje alucinante de construir la trama y los personajes de su novela “Al final de la mirada”, que ganó el premio Juan Pablo Forner 1998, y que se publicó en la colección Andanzas de Tusquets, junto con las de Almudena Grandes y Luis Landero. Nunca un profesor ha estado tan orgulloso de los triunfos de un alumno como lo estuve yo entonces.
Desde entonces, Alfonso es mi amigo. Ha seguido ganando premios, y publicando novelas y libros de relatos. Y desde hace cinco años imparte los cursos de Novela del Taller de Escritura de Madrid. Dice que es su modo de devolver lo que recibió en su momento, y que en realidad pagaría, en lugar de cobrar, por impartir esos cursos. También ha fundado la editorial Gens, que publica solo narrativa de alta calidad.
Ahora me acaba de enviar un correo: dice que le ha llamado el Concejal de Cultura de su pueblo, Jabugo, para comunicarle que el Ayuntamiento ha decidido ponerle su nombre a la biblioteca de su municipio. Biblioteca Alfonso Fernández Burgos. Está más contento que el espejo de Scarlett Johansson, y dice que lo próximo será una estatua ecuestre, pero que le da un poco de miedo. Yo le digo que se convierta en glorieta, y mejor aún si tiene fuente.
No sé. Todo esto me da un poco de yuyu, porque si mi amigo Alfonso se convierte en biblioteca, tiene que ser porque ya estamos viejos de cojones.
era una revista oficial, del Ministerio de Administraciones Públicas o algo así, pero tenía una tirada de 800.000 ejemplares. Una barbaridad. A mí me pareció que alguien que dirigía una revista y que tenía bajo su batuta a un grupo de redactores, si se apuntaba como alumno al Taller de Escritura era porque definitivamente tenía muchas ganas de escribir. Y no me equivoqué. Cada semana Alfonso traía su relato recién escrito, y lo leía en alto para someterlo a la crítica feroz de todos los presentes. A veces nos traía pruebas de imprenta de artículos que escribía para otras revistas, y salía con la columna llena de anotaciones para corregir antes de que las máquinas de la imprenta se pusieran en marcha. Entre sus compañeros, ese año, estaban Javier Sagarna (actual director de la Escuela de Escritores), Magdalena Tirado (actual profesora de Novela en Fuentetaja), Inés Arias de Reyna, Carmen Cacho, Lola Escudero, Lourdes Casanova, María José Guillén Rubio, Antonio Huerta, Ana Cristina López Corral y Ana Ossenbach. Más de la mitad han terminado publicando algún libro, supongo que aquella fue una buena añada. Pero el caso de Alfonso fue especial, porque al finalizar el primer curso de Relato breve, juntó los relatos que había escrito a lo largo de los tres trimestres, y los presentó al premio Fernández Lema. Y lo ganó. El libro se publicó con el nombre “Propósito y Excusa”. El jurado justificó al premio diciendo que era asombroso el despliegue de técnicas narrativas diferentes desarrolladas a lo largo de los relatos: parecía casi como si hubiesen sido escrito por distintos autores. Y no, no hubo distintos autores; solo Alfonso, que se ciñó como alumno aplicado al programa de Relato breve de ese año, el cual proponía la escritura de un nuevo cuento cada semana desde un punto de vista diferente, o jugando con el tono narrativo, o a partir de un modelo chejoviano, o con estructura de monólogo interior, y un largo etcétera (hasta 36 sesiones en nueve
meses). Al año siguiente Alfonso se inscribió en el curso de Novela, y durante nueve meses le acompañé en el viaje alucinante de construir la trama y los personajes de su novela “Al final de la mirada”, que ganó el premio Juan Pablo Forner 1998, y que se publicó en la colección Andanzas de Tusquets, junto con las de Almudena Grandes y Luis Landero. Nunca un profesor ha estado tan orgulloso de los triunfos de un alumno como lo estuve yo entonces.Desde entonces, Alfonso es mi amigo. Ha seguido ganando premios, y publicando novelas y libros de relatos. Y desde hace cinco años imparte los cursos de Novela del Taller de Escritura de Madrid. Dice que es su modo de devolver lo que recibió en su momento, y que en realidad pagaría, en lugar de cobrar, por impartir esos cursos. También ha fundado la editorial Gens, que publica solo narrativa de alta calidad.
Ahora me acaba de enviar un correo: dice que le ha llamado el Concejal de Cultura de su pueblo, Jabugo, para comunicarle que el Ayuntamiento ha decidido ponerle su nombre a la biblioteca de su municipio. Biblioteca Alfonso Fernández Burgos. Está más contento que el espejo de Scarlett Johansson, y dice que lo próximo será una estatua ecuestre, pero que le da un poco de miedo. Yo le digo que se convierta en glorieta, y mejor aún si tiene fuente.
No sé. Todo esto me da un poco de yuyu, porque si mi amigo Alfonso se convierte en biblioteca, tiene que ser porque ya estamos viejos de cojones.
lunes, 26 de mayo de 2008
Versión definitiva de agradecimientos en 120 kilos
Al final, sopesando pros y contras (y con un peso fundamental del componente estético), he decidido que los agradecimientos aparezcan en el libro con el nombre de los blogs o de los alias con los que habéis participado. Siento mucho haberos mareado uno a uno, una a una, pidiéndoos los nombre reales. Juro que no fue por cotilleo, ni control, ni espionaje.
Eso forma parte también de las correcciones.
Es curioso, porque cuando le entregué la novela a mi editora, y le conté cómo había sido el proceso de creación, a vista de todos en el blog, y con participaciones vuestras entrada tras entrada, me dijo:
--¿Y por qué no incorporarmos los comentarios, tal cual están, en una columna a la derecha, paralela al texto de la novela?
La verdad es que ni lo había pensado. Y tengo que recononcer que la idea, en cuanto a edición, es buena. Muy buena.
--No sé. Revisaré los comentarios, a ver si tiene sentido, si son oportunos, si enriquecen el texto --le dije.
Y en ello estamos. Estudiando el tema.
A mí me parece, de buenas a primeras, que en este novela de 120 kilos, no, porque no hay inteacción entre los comentarios y el desarrollo de la novela. Apenas. Pero en la próxima sí. Todo es cuestión de diseñarla a propósito con esa estructura osmótica, de vasos comunicantes, entre la estructura central, permeable, que va creciendo con desagües y aportaciones de otras historias secundarias que se desarrollan en los comentarios y que interfieren la novela. Esa será la próxima novela. Os invito, por adelantado.
Y regresando a lo de los agradecimientos, para cerrar capítulos, quedarían así (podéis retractaros, modificar o sugerir, que aún hay tiempo):
"Esta novela fue escrita a la vista de todos en el blog de Enrique Páez, enriquepaez.blogspot.com, y en su página personal http://www.enriquepaez.com/, durante la primavera de 2008, y hubo una legión de lectores amigos que siguieron la redacción día a día, en directo, y que aportaron sus comentarios e ideas en el proceso de creación. El autor quiere aquí agradecerles la compañía, los ánimos y los consejos, siempre útiles, en especial a Wok de Bea al curry, Meiga en Alaska, Belén in Red, Mi vida en 20 kilos, Veredas palabreras, Basilio Ruiz Cobo, Edurne desde la orilla, Cerezas en la nieve, Ruth contando historias, Los apuntes de Frida, El diván de Diego Flannery, El arcángel mirón, Una ET en Euskadi, Canopus, Mixto con huevo, Emilio Montero, Placer insurrecto, Satélite Saldama, Botijo de oro, Un tren sobre la tierra, José Montero, Nefert-Ivi®, Hombre de barro, Peancha, Yo no nací para ser culto, Tiburcio Samsa en Tailandia, La Espada Oxidada, Mila García Guerrero, De letras, Lara López, Boca de lobo, Fontaneadas, Habitante del Mal, La Nena, Bizarro con interrupciones, La puerta falsa, Viajero solitario, La mirada oblicua, Aurora Boreal, Benjuí, Amanece en Transilvania, Esa que tiene un blog, La línea recta, No se pisa la hierba, Carmen Cuevas y Diario de Bvalltu. Sin vuestra ayuda los 120 kilos habrían sido mucho más difíciles de llevar."
Eso forma parte también de las correcciones.
Es curioso, porque cuando le entregué la novela a mi editora, y le conté cómo había sido el proceso de creación, a vista de todos en el blog, y con participaciones vuestras entrada tras entrada, me dijo:--¿Y por qué no incorporarmos los comentarios, tal cual están, en una columna a la derecha, paralela al texto de la novela?
La verdad es que ni lo había pensado. Y tengo que recononcer que la idea, en cuanto a edición, es buena. Muy buena.
--No sé. Revisaré los comentarios, a ver si tiene sentido, si son oportunos, si enriquecen el texto --le dije.
Y en ello estamos. Estudiando el tema.
A mí me parece, de buenas a primeras, que en este novela de 120 kilos, no, porque no hay inteacción entre los comentarios y el desarrollo de la novela. Apenas. Pero en la próxima sí. Todo es cuestión de diseñarla a propósito con esa estructura osmótica, de vasos comunicantes, entre la estructura central, permeable, que va creciendo con desagües y aportaciones de otras historias secundarias que se desarrollan en los comentarios y que interfieren la novela. Esa será la próxima novela. Os invito, por adelantado.
Y regresando a lo de los agradecimientos, para cerrar capítulos, quedarían así (podéis retractaros, modificar o sugerir, que aún hay tiempo):
"Esta novela fue escrita a la vista de todos en el blog de Enrique Páez, enriquepaez.blogspot.com, y en su página personal http://www.enriquepaez.com/, durante la primavera de 2008, y hubo una legión de lectores amigos que siguieron la redacción día a día, en directo, y que aportaron sus comentarios e ideas en el proceso de creación. El autor quiere aquí agradecerles la compañía, los ánimos y los consejos, siempre útiles, en especial a Wok de Bea al curry, Meiga en Alaska, Belén in Red, Mi vida en 20 kilos, Veredas palabreras, Basilio Ruiz Cobo, Edurne desde la orilla, Cerezas en la nieve, Ruth contando historias, Los apuntes de Frida, El diván de Diego Flannery, El arcángel mirón, Una ET en Euskadi, Canopus, Mixto con huevo, Emilio Montero, Placer insurrecto, Satélite Saldama, Botijo de oro, Un tren sobre la tierra, José Montero, Nefert-Ivi®, Hombre de barro, Peancha, Yo no nací para ser culto, Tiburcio Samsa en Tailandia, La Espada Oxidada, Mila García Guerrero, De letras, Lara López, Boca de lobo, Fontaneadas, Habitante del Mal, La Nena, Bizarro con interrupciones, La puerta falsa, Viajero solitario, La mirada oblicua, Aurora Boreal, Benjuí, Amanece en Transilvania, Esa que tiene un blog, La línea recta, No se pisa la hierba, Carmen Cuevas y Diario de Bvalltu. Sin vuestra ayuda los 120 kilos habrían sido mucho más difíciles de llevar."
viernes, 23 de mayo de 2008
Comentarios a comentarios
Esto de los ordenadores, el email, Internet y los blogs es un invento que parece haber sido diseñado a medida para los escritores. Puede que también lo utilice Hacienda, la CIA, Carrefour y los arquitectos, pero a mí me parece que lo suyo es hacer lo que yo hago: escribir. Claro que a los pajilleros les
parecerá que todo esto más bien se inventó para poder ver fotos de tías en pelotas, y en movimiento, y con webcam. Aunque para eso les sobra casi todo el teclado: con un ratón y una sola tecla roja como el ojo de Polifemo que diga “SEX”, es suficiente. Aún me acuerdo de los trabajos escritos a mano en el Instituto (ojo con el margen, títulos en color), y de los trabajos escritos a máquina en la universidad (Underwood, Olivetti), con papel de calco para quedarme con una copia. El título del libro, tras el autor, va subrayado. No existían negritas, ni cursivas, ni fuentes, ni cuerpos de letra, ni tracking, ni justificados, ni alineación al centro ni a la derecha para los párrafos (excepto si tenías una paciencia de cojones).
Ahora es mucho mejor. Más fácil. Más rápido corregir. E imprimir. Y hacer copias. Y enviar por correo de modo instantáneo. Como el Nesquik.
Excepto si de pronto se te borra todo, y no has hecho copia.
Si, por ejemplo, llevas una hora escribiendo, terminas, lo envías por email, o en el blog, o en los comentarios del blog (no, no estabas escribiendo en Word para luego copiar-pegar, sino que lo hacías directamente en Outlook, o en el blogger, o en los comentarios abiertos) y de pronto crees que lo has enviado, pero no, y se te borra, y no, no está salvado.
No hay copias de seguridad.
No hay recuperación de documentos.
Lo has perdido.
Por torpe. Por no hacerlo en Word e ir salvando cada cinco minutos. Por no hacerlo bien. Idiota, mira que te lo habré dicho veces.
Aunque en ocasiones es un documento mucho más largo. O varios documentos. No has hecho un backup desde hace tres meses, y de pronto el ordenador hace plof. Se apaga, y no se enciende. No hay disquetes, ni cds con los datos salvados. La placa base y el disco duro se han quemado. En la tienda te dicen que no pueden recuperar nada. Todo perdido. Meses perdidos. Has perdido hasta las notas manuscritas que tenías por ahí, que ya no te servían porque las habías pasado a limpio. La has cagado.
La semana pasada a Chema le robaron el portátil en el Starbucks de Neptuno, en Madrid, a las puertas del Palace. Al camarero se le había olvidado llevarle sacarina, en lugar de azúcar, y se levantó de la mesa para acercarse hasta la barra y coger un sobre de sacarina. Dejó el portátil abierto sobre su mesa. Al regresar no estaba. Solo estaba el café, mudo y aún caliente. Se habían llevado el portátil y el trabajo de los cinco últimos meses. No, él no hacía back-ups más que de vez en cuando. Solo cuando tenía finalizado el trabajo, herencia de las fotocopias que se
mandaban hacer solo cuando la novela estaba terminada. ¿Para qué antes?
Pues eso, que los comentarios a los comentarios se me han borrado. Plof. No están. Me acuerdo de ellos, claro, pero no es lo mismo. ¿Los vas a volver a escribir? Pues no, al menos no del mismo modo, ni en el mismo sitio. Os decía, resumiendo, que os mando muchos besos, y que gracias. Que sois estupendos/as. Que os quiero mucho. Ea. Pero es que dicho así no tiene tanta gracia, ya lo comprendo. No es lo mismo leer un libro a leer el resumen.
¿Y dónde estarán esas palabras? Si nadie las ha leído, más que yo, en ese caso solo existen en mi memoria, y cuando muera morirán también, inevitablemente. Y no habrán existido nunca. Como el árbol que muere en Siberia, pero nadie lo vio nacer, ni crecer, ni morir. ¿De verdad ha existido? A mí me da que esos comentarios que solo han sido tecleados, pero no han aparecido en la pantalla, son como el gato de Schrödinger, que ni está vivo ni está muerto. ¿Os acordáis de que en 2003 una médico de La Concepción sufrió un brote psicótico y mató apuñaladas a tres personas? Pues por lo visto se pasaba horas y horas tecleando en un ordenador que estaba apagado. ¿Qué escribía?
Ayer una amiga editora me decía que la escritura y los Talleres de escritura salvaban vidas. Pero vidas ajenas: las de todas esas víctimas que no han sido degolladas porque el verdugo estaba escribiendo relatos. Luego se los envían a ella, y aunque son relatos malos que no puede publicar, ella siempre les contesta que sigan escribiendo. Mientras lo vuelven a intentar, no se cabrean ni cogen el cuchillo jamonero y se van a buscar a su mujer que está viendo un programa de Ana Rosa Quintana. Otra vida salvada. Visto así, la escritura es un agente de orden público, y debería tener subvenciones del Ministerio de Justicia.
Eso de comentarios a los comentarios suena al libro de Borges “Prólogos con un prólogo de prólogos”. Pero Borges es mejor. Siempre será mejor. Mucho mejor si está muerto. No, no era eso. Y más si está muerto, quería decir. Yo también escribiré mejor cuando esté muerto. Pero no hay prisa, eh, sin empujar.
Ahora es mucho mejor. Más fácil. Más rápido corregir. E imprimir. Y hacer copias. Y enviar por correo de modo instantáneo. Como el Nesquik.
Excepto si de pronto se te borra todo, y no has hecho copia.
Si, por ejemplo, llevas una hora escribiendo, terminas, lo envías por email, o en el blog, o en los comentarios del blog (no, no estabas escribiendo en Word para luego copiar-pegar, sino que lo hacías directamente en Outlook, o en el blogger, o en los comentarios abiertos) y de pronto crees que lo has enviado, pero no, y se te borra, y no, no está salvado.
No hay copias de seguridad.
No hay recuperación de documentos.
Lo has perdido.
Por torpe. Por no hacerlo en Word e ir salvando cada cinco minutos. Por no hacerlo bien. Idiota, mira que te lo habré dicho veces.
Aunque en ocasiones es un documento mucho más largo. O varios documentos. No has hecho un backup desde hace tres meses, y de pronto el ordenador hace plof. Se apaga, y no se enciende. No hay disquetes, ni cds con los datos salvados. La placa base y el disco duro se han quemado. En la tienda te dicen que no pueden recuperar nada. Todo perdido. Meses perdidos. Has perdido hasta las notas manuscritas que tenías por ahí, que ya no te servían porque las habías pasado a limpio. La has cagado.
La semana pasada a Chema le robaron el portátil en el Starbucks de Neptuno, en Madrid, a las puertas del Palace. Al camarero se le había olvidado llevarle sacarina, en lugar de azúcar, y se levantó de la mesa para acercarse hasta la barra y coger un sobre de sacarina. Dejó el portátil abierto sobre su mesa. Al regresar no estaba. Solo estaba el café, mudo y aún caliente. Se habían llevado el portátil y el trabajo de los cinco últimos meses. No, él no hacía back-ups más que de vez en cuando. Solo cuando tenía finalizado el trabajo, herencia de las fotocopias que se
Pues eso, que los comentarios a los comentarios se me han borrado. Plof. No están. Me acuerdo de ellos, claro, pero no es lo mismo. ¿Los vas a volver a escribir? Pues no, al menos no del mismo modo, ni en el mismo sitio. Os decía, resumiendo, que os mando muchos besos, y que gracias. Que sois estupendos/as. Que os quiero mucho. Ea. Pero es que dicho así no tiene tanta gracia, ya lo comprendo. No es lo mismo leer un libro a leer el resumen.
¿Y dónde estarán esas palabras? Si nadie las ha leído, más que yo, en ese caso solo existen en mi memoria, y cuando muera morirán también, inevitablemente. Y no habrán existido nunca. Como el árbol que muere en Siberia, pero nadie lo vio nacer, ni crecer, ni morir. ¿De verdad ha existido? A mí me da que esos comentarios que solo han sido tecleados, pero no han aparecido en la pantalla, son como el gato de Schrödinger, que ni está vivo ni está muerto. ¿Os acordáis de que en 2003 una médico de La Concepción sufrió un brote psicótico y mató apuñaladas a tres personas? Pues por lo visto se pasaba horas y horas tecleando en un ordenador que estaba apagado. ¿Qué escribía?
Ayer una amiga editora me decía que la escritura y los Talleres de escritura salvaban vidas. Pero vidas ajenas: las de todas esas víctimas que no han sido degolladas porque el verdugo estaba escribiendo relatos. Luego se los envían a ella, y aunque son relatos malos que no puede publicar, ella siempre les contesta que sigan escribiendo. Mientras lo vuelven a intentar, no se cabrean ni cogen el cuchillo jamonero y se van a buscar a su mujer que está viendo un programa de Ana Rosa Quintana. Otra vida salvada. Visto así, la escritura es un agente de orden público, y debería tener subvenciones del Ministerio de Justicia.
Eso de comentarios a los comentarios suena al libro de Borges “Prólogos con un prólogo de prólogos”. Pero Borges es mejor. Siempre será mejor. Mucho mejor si está muerto. No, no era eso. Y más si está muerto, quería decir. Yo también escribiré mejor cuando esté muerto. Pero no hay prisa, eh, sin empujar.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Propiedad Intelectual
Ya llevé la novela "120 kilos" al Registro de la Propiedad Intelectual. Dirección: Pl. del Descubridor Diego de Ordás, 3, 28003-Madrid, Teléfono: 91 720 82 43, Fax: 91 720 67 70, Correo electrónico: propiedad.intelectual@madrid.org. Hay más sedes repartidas por todo España, además de los consulados en el extranjero, que funcionan también como registros. Y cualquier material registrado en cualquier sede, tiene efectos en todo el territorio nacional. www.mcu.es/propiedadInt/CE/RegistroPropiedad/RegistroPropiedad.html
Me cobraron de 12,19 euros, tasa única. Ese es uno de los trámites que conviene realizar cuando se termina un libro y antes de empezar a moverlo por editoriales y concursos. Luego, en caso de plagio literal, aunque sea de cinco líneas sin entrecomillar y sin citar la fuente, ahí está el registro y el artículo 270 del Código Penal. En caso de plagio creativo (basado en, homenaje a, versión de) no habrá muchas posibilidades de un juez se pronuncie en una dirección ni en otra. ¿Cuál es el límite? El que plagia lo sabe, y el plagiado también. Y en caso de duda, el juez. Hay denuncias famosas, como cuando Warner Brothers denunció a los hermanos Marx por utilizar el nombre "Una noche en Casablanca" en una película después de que la productora hubiese filmado "Casablanca". La respuesta de los hermanos Marx fue denunciar a Warner Brothers por firmar como "brothers", cuando ellos eran hermanos desde mucho antes.
¿Qué se hace después con el libro? Pues se lleva a los editores (hay varios miles en España), o se presenta a concurso (hay más de cinco al día, 1600 al año, solo en España), o se autopublica (en autoedición o en coedición). Pero lo importante no está ahí. En serio. Lo más importante, lo más difícil, es haber terminado el libro; y lo siguiente más importante de todo es empezar a escribir otro.
Y después otro.
Ya voy.
Me cobraron de 12,19 euros, tasa única. Ese es uno de los trámites que conviene realizar cuando se termina un libro y antes de empezar a moverlo por editoriales y concursos. Luego, en caso de plagio literal, aunque sea de cinco líneas sin entrecomillar y sin citar la fuente, ahí está el registro y el artículo 270 del Código Penal. En caso de plagio creativo (basado en, homenaje a, versión de) no habrá muchas posibilidades de un juez se pronuncie en una dirección ni en otra. ¿Cuál es el límite? El que plagia lo sabe, y el plagiado también. Y en caso de duda, el juez. Hay denuncias famosas, como cuando Warner Brothers denunció a los hermanos Marx por utilizar el nombre "Una noche en Casablanca" en una película después de que la productora hubiese filmado "Casablanca". La respuesta de los hermanos Marx fue denunciar a Warner Brothers por firmar como "brothers", cuando ellos eran hermanos desde mucho antes.¿Qué se hace después con el libro? Pues se lleva a los editores (hay varios miles en España), o se presenta a concurso (hay más de cinco al día, 1600 al año, solo en España), o se autopublica (en autoedición o en coedición). Pero lo importante no está ahí. En serio. Lo más importante, lo más difícil, es haber terminado el libro; y lo siguiente más importante de todo es empezar a escribir otro.
Y después otro.
Ya voy.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Apostillas a 120 kilos
He decidido incluir una pequeña nota de agradecimiento en la novela 120 kilos. Será esta (a no ser que alguien proteste, no quiera aparecer, o quiera aparecer con otro nombre o seudónimo diferente):
"Esta novela fue escrita a la vista de todos en el blog de Enrique Páez, enriquepaez.blogspot.com, y en su página personal www.enriquepaez.com, durante la primavera de 2008, y hubo una legión de lectores amigos que siguieron la redacción día a día, en directo, y que aportaron sus comentarios e ideas en el proceso de creación. El autor quiere aquí agradecerles la compañía, los ánimos y los consejos, siempre útiles, en especial a Bea Montero, Meiga en Alaska, Belén Rueda Martín, María Fernanda Ávalos, Juan José Mera, Edurne García Argote, Joseba Molina, Ruth Ibáñez, Gloria Valdés-Bango, Diego Flannery, Gilda Manso, Basilio Ruiz Cobo, Emilio Montero, Aurora Páez, Una ET en Euskadi, Haldar F. Savery, Elisa Agudo, Ivana Díaz Otero, Sonia Aldama, Enrique Nieto, José Montero, Leo Sánchez, Álvaro Cerezo, Hombre de barro, Peancha, Fernando Alcalá, Viajero solitario, Emilio de Miguel, Manuel Espada, Mila García Guerrero, Pablo Insua, Lara López, Joaquín Bernal, Tamara Medal, Guido Eytel, Amparo Seijo, David del Río Otero, Ana Saturno, Mariana Torres, Javier Puche, Berna Wang, Juan Carlos Márquez, Aurora Boreal, Benjuí, Carmen García Romeu, Paola Vázquez, Recaredo Veredas, Ana Pino, Carmen Cuevas y Luis Recuenco. Sin vuestra ayuda los 120 kilos habrían sido mucho más difíciles de llevar."
"Esta novela fue escrita a la vista de todos en el blog de Enrique Páez, enriquepaez.blogspot.com, y en su página personal www.enriquepaez.com, durante la primavera de 2008, y hubo una legión de lectores amigos que siguieron la redacción día a día, en directo, y que aportaron sus comentarios e ideas en el proceso de creación. El autor quiere aquí agradecerles la compañía, los ánimos y los consejos, siempre útiles, en especial a Bea Montero, Meiga en Alaska, Belén Rueda Martín, María Fernanda Ávalos, Juan José Mera, Edurne García Argote, Joseba Molina, Ruth Ibáñez, Gloria Valdés-Bango, Diego Flannery, Gilda Manso, Basilio Ruiz Cobo, Emilio Montero, Aurora Páez, Una ET en Euskadi, Haldar F. Savery, Elisa Agudo, Ivana Díaz Otero, Sonia Aldama, Enrique Nieto, José Montero, Leo Sánchez, Álvaro Cerezo, Hombre de barro, Peancha, Fernando Alcalá, Viajero solitario, Emilio de Miguel, Manuel Espada, Mila García Guerrero, Pablo Insua, Lara López, Joaquín Bernal, Tamara Medal, Guido Eytel, Amparo Seijo, David del Río Otero, Ana Saturno, Mariana Torres, Javier Puche, Berna Wang, Juan Carlos Márquez, Aurora Boreal, Benjuí, Carmen García Romeu, Paola Vázquez, Recaredo Veredas, Ana Pino, Carmen Cuevas y Luis Recuenco. Sin vuestra ayuda los 120 kilos habrían sido mucho más difíciles de llevar."
martes, 13 de mayo de 2008
120 kilos (y 29. Fin)
Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
domingo, 11 de mayo de 2008
120 kilos (28)
Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
sábado, 10 de mayo de 2008
120 kilos (27)
Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
viernes, 9 de mayo de 2008
120 kilos (26)
Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
jueves, 8 de mayo de 2008
120 kilos (25)
Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
miércoles, 7 de mayo de 2008
120 kilos (24)
Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
martes, 6 de mayo de 2008
120 kilos (23)
Este es un texto falso que sustituye al que había antes, para evitar su copia.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
Prima duces iunetis uidit consistere castris tellus, quam uolucer Genusus, quam mollior Hapsus circumeunt ripis. Hapso gestare carinas causa palus, leni quam fallens egerit unda; at Genusum nune sole niues nunc imbre solutae praecipitant; neuter longo se gurgite lassat, sed minimum terrae uicino litore nouit.
lunes, 5 de mayo de 2008
120 kilos (22)
Este es un texto falso que sustituye al anterior para evitar su copia. Disculpen las molestias.
Hoc fortuna loco tantas duo nomina famae conposuit, miscrique fuit spes inrita mundi posse duces parua campi statione diremptos admotum damnare netas nam cernere uoltus et uoces audire datur, multosque per annos dilectus tibi, Magne, socer post pignora tanta, sanguinis infausti subolem mortemque nepotum, te nisi Niliaca propius non uidit harena. Caesaris attonitam miscenda ad proclia mentem ferre moras seclerum partes iussere relictae. Ductor crat cunctis audax Antonius...
Hoc fortuna loco tantas duo nomina famae conposuit, miscrique fuit spes inrita mundi posse duces parua campi statione diremptos admotum damnare netas nam cernere uoltus et uoces audire datur, multosque per annos dilectus tibi, Magne, socer post pignora tanta, sanguinis infausti subolem mortemque nepotum, te nisi Niliaca propius non uidit harena. Caesaris attonitam miscenda ad proclia mentem ferre moras seclerum partes iussere relictae. Ductor crat cunctis audax Antonius...
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