Espero que nos salgan quemaduras por el sol, agujetas de bailar bachatas, y que le demos esquinazo al tiburón.
Se va el caimán, se va el caimán, se va para Punta Cana.
No nos llevamos los móviles.
No nos conectaremos a Internet.
Dejaremos los portátiles en Madrid.
Nos olvidaremos hasta de nosotros mismos.
Me he comprado un bañador estampado de peces tropicales y una camisa hawaiana. La más hortera que he encontrado. Y un sombrero trenzado de rafia. Pienso contar las olas, las nubes y las hojas de las palmeras, una por una.
Nos espera una dura semana de recolectar conchitas en la playa, aprender los pasos del merengue, y comer papayas, piñas y mangos.
Qué horror. Qué manera de sufrir.
Nos vemos a la vuelta.
(La foto superior me la hizo Bea en Costa Rica hace 4 años. La de abajo es de la Isla de la Juventud, en Cuba, hace 2 años.)