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martes, 26 de febrero de 2008

Apostillas al lector sensible

Basilio anda preocupado, y le dice a Peancha que le ayude, a ver cómo es posible eso que ha leído en el blog de Enrique, porque a él no le salen las cuentas. A la Nena tampoco le convence. Eso es lo malo de estudiar física, informática, u otras materias poco dúctiles de ortodoxia científica. Dicen que hay tres lectores haciendo el trenecito con los libros, pero parece que se suicida primero el que se tenía que suicidar último. ¿Acaso es una causa-efecto invertida? Peancha se calza las gafas de cerca y lo lee despacio, para descubrir en qué línea del código fuente ha saltado el error 479B del que habla Basilio.
--Son cosas de Enrique. Déjale. A veces se le va la pinza, y es que él es de letras, y las cuentas nunca le salen.
--Ya, ya. Pero es que esto no tiene sentido. A ver si es que nos está poniendo a prueba, o nos toma el pelo. Porque yo le conozco, y no creo que sea tan torpe que no se haya dado cuenta de que hay un fallo en la secuencia mortal de los lectores.
--Pues no sé, la verdad. A lo mejor alguien le ha hablado de la matemática del caos, y lo ha mezclado con el efecto mariposa, el gato de Schöringer, Rulfo, las meigas y la astrología. No le hagas mucho caso, que solo está jugando.
--Que no. Que me lo explique.
Vale. Mi respuesta no está en la lógica, ni en la causa efecto, sino entre la metaescritura y la sorpresa. Y digo “mi” respuesta porque la interpretación correcta y única de un texto no existe. Existen varias, entras las cuales puede que la del autor no sea de las mejores. De hecho, suele no ser de las mejores, y en todo caso ni será la única, ni tendrá que ser por obligación la más autorizada. Aunque esté más cerca (o por estar más cerca; la cercanía no siempre mejora la visión).
Y como autor, lo que pretendo evitar es lo obvio. Es más fácil (y lógico) que la secuencia vaya al revés de cómo yo la escribo: Se suicida el personaje del libro que está siendo leído, luego se suicida el lector que está dentro del libro a causa de la impresión, y luego el lector externo. ¿Y luego Basilio, que es muy susceptible? ¿Y después yo, que los he enviado a todos a morir en cadena? Pues no. A veces el efecto precede a la causa. Como en Terminator, o en Regreso al futuro. Y, además, un relato previsible deja de ser un relato, porque ha perdido la narratividad necesaria, y ese sí que es un error de concepto grave. El relato tiene que tener una credibilidad y verosimilitud interna (desde Aristóteles, que ya ha llovido), y sus leyes físicas no son las de Newton ni las de Einstein, sino las internas. Y justamente es ahí, en la ficción narrativa, donde se pueden convivir la verosimilitud y la ruptura de las leyes físicas. ¿Y cuando tiene coherencia interna el texto? Eso depende de la habilidad del dios-autor, que al decir “Hágase la luz”, la luz se haga ante el lector. Así que si los mato en orden inverso consigo que Peancha se divierta, Basilio empiece a echar cuentas, y la Nena proteste. Saldo a mi favor: tres lectores intrigados.
Juro por la tumba de Chéjov que esto es una verdad palmaria.

lunes, 25 de febrero de 2008

El lector sensible

Un lector aprensivo lee un libro sobre un hombre asustadizo que lee un libro el cual trata de un hombre muy impresionable que lee un libro. Cuando casi está llegando al final del libro, el lector aprensivo que está leyendo el libro sobre el hombre asustadizo que lee un libro, se suicida por culpa del libro que está leyendo. Esto sobrecoge al personaje asustadizo del libro que está también leyendo un libro de un hombre impresionable que lee un libro, y también se descerraja un tiro antes de acabar de leer su libro; por lo que el libro queda siempre inacabado, en un limbo de espejos perplejos, como de sobra ha demostrado ya la lingüística del texto.