--Son cosas de Enrique. Déjale. A veces se le va la pinza, y es que él es de letras, y las cuentas nunca le salen.--Ya, ya. Pero es que esto no tiene sentido. A ver si es que nos está poniendo a prueba, o nos toma el pelo. Porque yo le conozco, y no creo que sea tan torpe que no se haya dado cuenta de que hay un fallo en la secuencia mortal de los lectores.
--Pues no sé, la verdad. A lo mejor alguien le ha hablado de la matemática del caos, y lo ha mezclado con el efecto mariposa, el gato de Schöringer, Rulfo, las meigas y la astrología. No le hagas mucho caso, que solo está jugando.
--Que no. Que me lo explique.
Vale. Mi respuesta no está en la lógica, ni en la causa efecto, sino entre la metaescritura y la sorpresa. Y digo “mi” respuesta porque la interpretación correcta y única de un texto no existe. Existen varias, entras las cuales puede que la del autor no sea de las mejores. De hecho, suele no ser de las mejores, y en todo caso ni será la única, ni tendrá que ser por obligación la más autorizada. Aunque esté más cerca (o por estar más cerca; la cercanía no siempre mejora la visión).
Y como autor, lo que pretendo evitar es lo obvio. Es más fácil (y lógico) que la secuencia vaya al revés de cómo yo la escribo: Se suicida el personaje del libro que está siendo leído, luego se suicida el lector que está dentro del libro a causa de la impresión, y luego el lector externo. ¿Y luego Basilio, que es muy susceptible? ¿Y después yo, que los he enviado a todos a morir en cadena? Pues no. A veces el efecto precede a la causa. Como en Terminator, o en Regreso al futuro. Y, además, un relato previsible deja de ser un relato, porque ha perdido la narratividad necesaria, y ese sí que es un error de concepto grave. El relato tiene que tener una credibilidad y verosimilitud interna (desde Aristóteles, que ya ha llovido), y sus leyes físicas no son las de Newton ni las de Einstein, sino las internas. Y justamente es ahí, en la ficción narrativa, donde se pueden convivir la verosimilitud y la ruptura de las leyes físicas. ¿Y cuando tiene coherencia interna el texto? Eso depende de la habilidad del dios-autor, que al decir “Hágase la luz”, la luz se haga ante el lector. Así que si los mato en orden inverso consigo que Peancha se divierta, Basilio empiece a echar cuentas, y la Nena proteste. Saldo a mi favor: tres lectores intrigados.
Juro por la tumba de Chéjov que esto es una verdad palmaria.