El día que me marché, no tenía conexión a Internet, así que me fui sin dar más explicaciones.
Ahora estoy en Portugal, cerca de Aveiro (la Venecia portuguesa), y no regresaré hasta el martes. Lo digo porque no es que haya abandonado, sino que estoy perdido entre las dunas de San Jacinto, almacenando puestas de sol en mis bolsillos.
Gracias a todos por vuestras aportaciones, muy valiosas. Estoy peleando con los personajes y la trama de la novela. Y creo que, finalmente, sin mostraros los andamios para no romper el suspense, me decida a escribir la novela en este blog, lo cual querrá decir que leeréis borradores, antes de corregir y corregir. Unas treinta veces corrijo mis novelas, pero es la única manera que se me ocurre de no abandonar el blog y al mismo tiempo escribir la novela.
Bueno, al menos a alguno quizá le sirva para ver una de las posibilidades de cómo una novela se cocina a fuego lento, y cómo se corrige una y otra vez, para que los defectos se conviertan en aciertos. A ser posible.
Un abrazo, y hasta el martes que viene.