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viernes, 19 de febrero de 2010

La lluvia horizontal

Hoy se puso a llover de abajo arriba. No, yo no estaba haciendo el pino, solo estaba asomado al balcón, de cara al mar, con el barranco de las breñas por delante. Primero empezó a solplar el viento. Viento del norte. El que trae la lluvia. La vi venir, llegaba desde La Palma, pero el viento cada vez soplaba más fuerte, a ras de mar, haciendo borreguitos sobre las olas. Al llegar a las rocas de la costa, el viento empezó a escalar los riscos y a arañar las chumberas. Y llegó la lluvia, y las gotas escalaban la torrentera hasta llegar al balcón de casa, de abajo arriba. Si llevara faldas, se me mojarían las bragas.

Luego empezaron a volar las tejas. Más de cuarenta.

Después tuve que ir a buscar los canalones de recogida de agua de lluvia al jardín del vecino.

Tres camisetas de manga corta en la antena de la televisión.

El cartero sobrevolaba los dragos.

Mañana nos vamos a Madrid, pero regresaremos el domingo.

domingo, 25 de enero de 2009

Vacas a la carrera

Esta mañana, en el Mercado del agricultor de Tacoronte, asistí a una competición de arrastre de vacas y bueyes, aparejados con yuntas, que tenían que remolcar durante doscientos metros un arado en forma de trineo con diez sacos de tierra encima. Un juez con pajarita les cronometraba. Dos bueyes tozudos derraparon en la curva y arruinaron el kiosco de almendras garrapiñadas. El ganado andaba nervioso, y se aliviaba con torrentes de orina antes de cada carrera. Ganó la pareja formada por Clotilde y Bienpagá, primas hermanas y residentes en La Orotava. El entrenador, Rufino Cienfuegos, recibió como premio un pellejo de veinte litros de vino de Icod y tres arrobas de alfalfa fresca para Clotilde y Bienpagá. ¡Viva el alcalde!
Al final, tras los joropos y las coplas canarias,

Todas las canarias son / como ese Teide gigante, / mucha nieve en el semblante / y fuego en el corazón,

carrera de sortijas a caballo, o cómo ensartar en una vara de mimbre una sortija que pende de un hilo. A esa distancia me fue imposible ver la sortija, aunque los entendidos dijeran que era un brazalete. Ganó un guanche color mostaza que dijo ser descendiente de Solimán el magnífico y sobrino nieto de Blacamán, pero me da a mí que mentía como un desfachatado, porque la semana pasada le vi robar carteras a los turistas en la plaza de San Francisco.