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lunes, 7 de marzo de 2011

El Festival de Cuentacuentos más antiguo de España

Un año más, gracias al trabajo de Antonio Lozano, Francis, Viviana, Fela, Maricarmen y muchos más, se celebró el Festival Internacional de Narración Oral "Cuenta con Agüimes", 2011. El número XXI, el más antiguo de España, y el mejor organizado. Nació dos años antes que el de Guadalajara.

Allí nos fuimos Beatriz y yo invitados otra vez por Antonio. Bea estuvo contando para niños y “Cuentos con aire flamenco” en el Teatro de Agüimes, en el Cruce de Arinaga, en la isla del Hierro, en Lanzarote, en los Realejos y en el Puerto de la Cruz (Tenerife). Yo estuve impartiendo un Taller de Escritura acerca de “Los recursos de la creatividad” en tres sesiones de tres horas cada una.

Mucho avión, mucho ron, muchos cuentos y muchas risas.

Hasta Agüimes llegaron también con sus cuentos Aldo Méndez (no desde Cuba, sino desde Ciudad Real), al que no veía desde hacía año y medio, cuando coincidimos en Albarracín (yo con otro Taller de Escritura de la Escuela de Escritores, él contando cuentos durante la cena.

Mercedes Carrión, a la que conozco desde hace más de 20 años, llegó con sus tórtolas y peces para los trucos de magia. Quizá sea Mercedes el ejemplo más evidente de la supervivencia de los narradores. No es la que lleva más tiempo contando en España, pero casi, casi.

Cristina Verbena vino desde Zaragoza, aunque en el Puerto de la Cruz la confundieron con Cristina Verberana y dijeron que era gallega. No la conocía de antes, y apenas la conocí en esos días.

Maísa Marbán, mi amiga desde hace otros 18 años, ya recuperada de la aventura con la librería infantil, y rescatada definitivamente para los cuentos narrados. Un reencuentro afortunado, después de tanta distancia y tantos proyectos. Recuperar la amistad de modo intenso siempre es una alegría.

El escritor caboverdiano Germano Almeida, un metro noventa y cinco de buena escritura, el García Márquez de Cabo verde, con el que pudimos hablar y hablar en portugués. CUánta saudade, qué buenas sus novelas. Hizo un espectáculo de lectura/narración en español/portugués, gracias al trabajo conjunto con Maísa, que marca uno de los caminos futuros de multilingüismo en el cuentacuentos.

El Taller de Juglares de Gran Canaria, y Antonio López, que vive ahí mismo, a la vuelta de la esquina, nos recibieron como grandes anfitriones. Y como grandes narradores también, desde luego, que ya llevan muchos años de contadas a las espaldas.

El Festival de Agüimes es siempre un lujo. Volveremos, claro que sí. Qué gusto.

domingo, 26 de septiembre de 2010

África en el corazón

Estuve ayer con tres novelistas amigos, Antonio Lozano, Donato Ndongo-Bidyogo y Pablo Martín Carvajal, en el SILA II (Salón Internacional del Libro Africano) del Puerto de la Cruz.

Conocí a Donato Ndongo-Bidyogo hace 30 años, y durante dos años, quizá más, nos vimos semana tras semana en una tertulia de Madrid, en el café La Hemeroteca, frente a la Escuela Oficial de Idiomas, en la calle Islas Filipinas. Allí nos plantábamos todos los miércoles unos cuantos infectados de letras, entre los que estaban Germán Sánchez Espeso, Antonio Ferres, Alfonso Grosso, Andrés Sorel, Donato Ndongo-Bidyogo, Julio Ollero, Isabel Ramos, Jorge, Paulino, y unos cuantos más. De cuando en cuando nos visitaba algún otro autor amigo de alguno de ellos, como el chileno José Donoso, el poeta Ángel González, Félix Grande, Francisco Umbral, Carmen Bravo Villasante, Fernando Savater, o alguno de los hermanos Sánchez Ferlosio (Chicho y Rafael). Aún estábamos en la transición, aunque más bien tenía sabor a postguerra. Algunos de ellos, la tercera parte, ya están muertos, y a otros hace años que les perdí de vista. El tiempo a veces recompensa a los persistentes con reencuentros, como me pasó ayer con Donato.

No ha cambiado tanto. Ahora está más calvo, como yo, aunque su cráneo negro disimula mucho mejor el desgaste de los años. Todavía sigue luchando contra los dictadores de Guinea, su país de origen, y añora poder vivir en Bata o en Malabo, en lugar de Murcia. No es que Murcia sea un mal lugar, él no se queja de eso, sino que tiene sus raíces en Guinea. ¿Qué por qué no regresa? Es fácil, él no lo oculta: la última vez que estuvo allí, como Delegado de la Agencia EFE, con el encargo de informar acerca de los asesinatos de opositores por parte del gobierno, un jefe de la policía militar, tío carnal del actual presidente, le puso una pistola en el pecho y le dijo: “El siguiente vas a ser tú”.

Donato vive exiliado en España y Estados Unidos desde hace más de 30 años, y es el Ministro de Exteriores y Portavoz del Gobierno de Guinea Ecuatorial en el Exilio (un gobierno presidido por Severo Moto, que no puede gobernar, es evidente, pero que amenaza desde Madrid a la dictadura de Teodoro Obiang día tras día).

Donato cree en la libertad antes que en la democracia. ¿Es democrática la Francia que expulsa a los gitanos? ¿Es democracia la de los EE.UU que invaden Vietnam o Iraq, y que inventan la cárcel de Guantánamo? ¿Acaso no llegó Hitler al poder a través de unas elecciones democráticas? (Esas preguntas son mías, no de él). Donato piensa que quizás el sistema constitucionalista europeo no es exportable a África sin más (además, ¿cuál de ellos?, porque hay variantes sustanciales). La historia vivida en África no es la misma que en Europa, la cultura es otra, los mecanismos de relación interpersonal son otros. Puede que aún nadie sepa cuál es el modelo a aplicar, si es que existe, pero sea cual sea ese modelo, la libertad, la justicia, el desarrollo económico y social, y la preservación de la cultura deberían tenerse siempre en cuenta. Yo también lo pienso.

Allí también estaba María Jesús Alvarado (No es la de la foto de la izquierda: esa es Bea), una excelente poetisa mitad canaria y mitad saharaui, editora en Fuertepalo de una gran colección de poemas y relatos del Sahara, y que presentó un documental riguroso y emotivo, La puerta del Sahara, que relata el genocidio y exilio de los últimos 35 años de los saharauis (el suyo también), a través de la metáfora/espejo de la destrucción del fuerte de Villa Cisneros.

Los amigos que regresan, décadas después, a veces son extraños con los que no tenemos nada que hablar; pero otras veces son tesoros reencontrados.

jueves, 4 de febrero de 2010

Crónica del Festival de Agüimes

Desde la isla de enfrente, Gran Canaria, Antonio Lozano nos hizo señales con un pañuelo rojo: “Veníos al Festival, que celebramos 20 años y habrá tarta, piñata, cuentos, y ron Arehucas”. Y allí nos fuimos, Bea y yo, con coche y todo dentro del barco Bencomo Express.

En el hotel Villa de Agüimes Viviana nos recibió, y nos dio la habitación 6. Pero esa tenía cuatro camas individuales, así que se la cambiamos a Elena Castillo, nuestra vecina de Santa Cruz, por la suya, la número 5.

--Cuidado, que dicen que en esta habitación se alojó Garzón Céspedes cuando era él el que programaba el Festival --nos advirtieron bajando la voz.

No somos supersticiosos, pero antes de dormir miramos debajo de la cama por si se hubiera escondido allí. Y luego dentro del armario. “Sal, Francisco, que no te vamos a hacer nada”. Pero Garzón no estaba, así que nos echamos a dormir tranquilos.

El viernes 22 de enero abrió la función inaugural Antonio López, con su guitarra al hombro, mientras Fele, su mujer, lo miraba con ojitos tiernos. Beatriz Montero contó la mejor versión del Medio Pollito que jamás se haya oído nunca. Siguió el canadiense Marc Laberge, the quiet man, director del Festival interculturel du conte du Québec, con cuatro cuentos breves. Luego Ana Griot (León), Elena del Castillo (Tenerife), Jean Michel Hernández (Francia) y Coralia Rodríguez (Cuba). Todos muy guapos, con tablas y con buen repertorio. Para mi gusto, la mejor función de todo el Festival, y eso que después hubo muchas y sabrosas.

Según pasaban los días empezaron a gotear narradores de cuentos de todos los colores: Boniface Ofogo, Boni, con una película sorprendente bajo el brazo, filmada en el funeral de su padre unos meses antes en Camerún. Antonio González (un lobo y un ratón escondidos en su garganta) y Ana Torrellas (Benedetti en escena), de La Carátula de Elche, medio valencianos medio venezolanos, junto con Nazario, hermano de Antonio González, especialista en escenografía, luces y sonido. Grandes bebedores de ron. Vidas enteras guarecidas en los escenarios.

Nicolás Buenaventura y Pilar llegaron desde París con un espectáculo de cuentos zen, “Maestra palabra”, mínimo, exquisito y bien modulado. Hola y adiós, porque al día siguiente se fueron al carnaval de Barranquilla, en Colombia. Buena suerte, compañeros.

Coralia, la bella mulata, arrancó leyendas de reinas yorubas del interior de la tierra. “Había una vez un cocodrilo verde” que se llamaba Cuba, mi hermano, tú ya sabes mi amol. Bea y yo le compramos en la calle Triana de Las Palmas una camisa para su compañero Michel, un rubio de dos metros que le esperaba en Suiza. Días después Coralia asistió como alumna a mi Taller de Escritura, y se descolgó con un monólogo excelente, una voz propia irreductible. Espero que siga escribiendo. Y contando, claro.

Cuando llegó a Agüimes mi amigo Alberto Pérez, los que estábamos allí ya nos habíamos bebido unas cuantas botellas de Arehucas. Alberto, con su orquesta volátil flotando en el aire y un catarro de los de suspender espectáculos, hizo un esfuerzo titánico para contar y cantar un rock and roll. Mítico. La propuesta músico-narrativa más novedosa de todo el Festival, sin duda.

Durante el segundo fin de semana llegó el diluvio de narradores: Félix Albo (Valencia), Magdalena Labarga y Masissa Amado (Palique), Alekos acompañado por su tiple y el Conde Sisebuto, Bonai Capote (Guinea), Pep Bruno (un poco despistado, algo perdido), Antonio Abdo con Pilar Rey (La Palma), el Taller de Juglares de Gran Canaria, Oswaldo Pai (Zaragoza) con sus bolas malabares, y Kiko Cadaval con culito de oro, un bebé nonato flotando en formol, y todo Galicia en la mochila.

Y todos los que no se subían al escenario, pero estaban por allí: Carlos Gil Zamora de Artezblai (Bilbao), Cristina G. Temprano (Lanzarote), Francis, Mario, María Jesús, Viviana, Fele, Pino y Antonio Lozano (Agüimes), el novelista Pablo Martín Carbajal (Tenerife), Lola López del Instituto Cervantes de Marrakech, y algunos más que si se me olvidan no es por malicia, sino por alzheimer.

Volveremos, cómo no, todas las veces que Antonio Lozano quiera. Sus “Cenizas de Bagdag” se vino conmigo en la maleta, y muy pronto se convertirá en una aventura compartida gracias al misterio de la lectura y el pacto de suspensión de la incredulidad.

(Todas las fotos son de Enrique Páez y Beatriz Montero. Haz clic sobre ellas para verlas más grandes)