“I would prefer not to”, repetía testarudo Bartleby el
escribiente cada vez que le pedían que hiciera algo que él no quería hacer. Y
no lo hacía. ¿Por qué? Simplemente he would prefer not to, punto pelota. Herman
Melville sigue vivo después de 120 años de su muerte a través de sus historias.
Dicen que Bartleby es el único personaje central,
protagonista de una historia literaria, que rompe con las leyes de la
narratología al ser un ser inactivo, reacio al movimiento, letárgico, que no
avanza, ni cambia, ni toma decisiones, ni hace con sus actos que la historia
crezca (las catálisis de Barthes en el Análisis estructural del relato).
Yo no lo veo así. Bartleby es para mí, el Ghandi de Wall
Street, el primer insumiso, un
activista de la inacción, un protoindignado empapado de filosofía zen. Su
resistencia es mucho más proactiva que los maravillosos secundarios comnpañeros
de oficina Turkey, Nippers y Ginger Nut.
Me gustaría repetir, como un mantra, a muchas órdenes, solicitudes
y demandas, lo mismo que Bartleby.
Márchate a Alemania a buscar trabajo.
I would prefer not to (preferiría no hacerlo).
Cásate.
I would prefer not to (preferiría no hacerlo).
Vota.
Vota.
I would prefer not to (preferiría no hacerlo).
Compra bonos del Estado.
I would prefer not to (preferiría no hacerlo).
Renuncia a tus derechos sindicales.
I would prefer not to (preferiría no hacerlo).
Obedece.
I would prefer not to (preferiría no hacerlo).

