Recuerdo que lo escribí con rabia, porque desde la Marcha verde,
en vísperas de la muerte de Franco, hasta entonces y hasta ahora, ningún gobierno español ha querido apoyar con un mínimo de decencia a esos otros españoles (todos los saharauis eran españoles) a los que abandonaron a su suerte. A su mala suerte: conciudadanos nuestros que de golpe fueron desposeídos de todos sus derechos, de su nacionalidad y de su tierra. Uno de los exterminios genocidas más sangrantes del siglo XX, que se prolonga en el siglo XXI. Ni el gobierno de Felipe González en su momento, ni mucho menos el de Aznar, ni ahora el de Zapatero, han sabido comportarse con decencia y restaurar una deuda histórica sangrante, y los saharauis expatriados y desposeídos siguen hacinados en tiendas de campaña en las arenas de Tinduf, ahora como hace 17 años, cuando escribí “Abdel”. Ahora como hace 34 años, cuando fueron expulsados por la Marcha verde. Y el gobierno, ahora como hace 34 años, y hace 17 años, sigue mirando a otro lado, porque esos súbditos desarraigados son incómodos y no votan.¿Quién va a escuchar sus gritos en medio del desierto?
Aminatu Haidar está en huelga de hambre en Lanzarote: solo quiere regresar a su país, el Sahara, aunque sea un país ocupado militarmente por Marruecos. Un país hermoso que no hace tanto fue una colonia desangrada y abandonada por España.