domingo, 24 de marzo de 2013

Mensaje a un agresor insistente


Querido amigo (es un decir, porque amigos, lo que se dice amigos, nunca lo fuimos):

Te noto un poco irritado. Algo molesto. Deberías calmarte, porque esa rabia que te corroe solo te traerá úlceras y desconsuelos. Seguro que más de uno te lo ha dicho antes que yo. Relájate un poco. Respira. Cuenta hasta diez. Recuerda el proverbio árabe: “Eres esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios”.

Por mi parte, ya lo sabes, no pienso entrar en discusiones contigo. Soy dueño de mis silencios, así que voy a ignorarte. Ni siquiera te voy a nombrar (seguro que ya te habías dado cuenta). Haré como si no existieras. ¿Y sabes por qué? Pues porque no pienso entrar en tu juego y hacerte publicidad gratuita. En realidad es eso lo que buscas, ¿verdad? Se te nota a la legua. La gente ya te conoce. No es la primera vez que intentas generar una trifulca para que se escuche tu voz, ¿a que no? Desde hace tiempo tratas de hacerte un nombre a través de la discusión, la descalificación y la calumnia. Piensas que si agredes y hundes a los otros, tú saldrás beneficiado. Es obvio que esa es una estrategia mezquina, además de equivocada, pero cada cual escoge su modo de relacionarse con los otros y moverse por la vida. Allá tú. El mar es muy grande, casi infinito, y no es necesario que estemos todos subidos en el mismo barco. Tampoco tenemos que estar de acuerdo. Como le escribió H. G. Wells a James Joyce: “El mundo es ancho, y hay sitio suficiente para que los dos nos equivoquemos en él.

Lo que me sorprende es que según tú, yo sea el origen de tu berrinche. Pues qué le vamos a hacer. Qué pena. El asunto tiene mala solución, porque yo no voy a dejar de hacer lo que crea que tenga que hacer, tanto si te parece bien como si no. Hasta ahí podríamos llegar. No tengo que darte explicaciones, ni de mi vida personal, ni de mi vida profesional. No te debo nada. Tal vez tus amigos te den la razón. Pues claro: para eso están. A mí mis amigos también me quieren. Esto no es una guerra, porque dos no discuten si uno no quiere, así que te vas a quedar con las provocaciones, las mentiras y las infamias enquistadas en la boca. Tu credibilidad y tu supuesta profesionalidad decrece ante los ojos de los demás cada vez que te lanzas al ataque para tratar de desprestigiar a alguien, en lugar de trabajar para ayudar a los demás. La gente no es tan tonta como tú te crees. Te sorprenderá saber que la mayoría es capaz de pensar por su cuenta, y distinguir mentiras de verdades. Una cosa es preguntar o criticar; y otra muy distinta es arrojar mentiras y calumnias disfrazadas de "inocentes" comentarios. Así que puedes difamar lo que quieras, que solo escucharás como respuesta tu eco resonando en el vacío. Los psicólogos tratan a las personas como tú, e intentan que superen  sus inseguridades, su envidia, y su complejo de inferioridad (disfrazado exteriormente a través de un complejo de superioridad). Tal vez te convendría visitar a alguno.  

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Recuerdo que en cierta ocasión un amigo me aconsejó: “Nunca discutas con idiotas: te verás obligado a descender a su nivel, y entonces, con su experiencia, te derrotarán”. La mayor crueldad con los agresores verbales es no contestarles, porque la indiferencia los mata.

Y eso mismo te aconsejo que hagas tú también, querido lector: Cada vez que alguien te ataque con motivos infundados a causa de los celos, la envidia, o la mala sangre, no intentes buscar una respuesta rápida e inteligente que lo desarme de inmediato, tal y como sucede en las películas. Eso no funciona así. Solo realimentarás su furia. Casi siempre la mejor respuesta es la indiferencia. Ignóralo. No entres al trapo. No te lo tomes como ataque personal, porque la persona que te ataca seguro que tiene un largo historial de embestidas contra otros. A poco que rasques o preguntes verás cómo esa persona pendenciera es bien conocida por su incontinencia verbal y sus ataques indiscriminados. No le des el gusto de darle una respuesta que ni merece ni busca. Solo intenta hundirte para sobresalir. 

Pero sus mentiras tienen las patas muy cortas, y no llegarán muy lejos. Su credibilidad está bajo mínimos. Y si en algún momento consigue convencer a alguien que se deja arrastrar por la difamación, que no es capaz de pensar por su cuenta, que no es capaz de verificar la verdad por su cuenta, que no es capaz de informarse por su cuenta, ¿de verdad querrás tener a tu lado a semejante marioneta? Te aseguro que no pierdes nada. Deja que se vaya. 

Aprender a ignorar y superar las agresiones verbales te hará más fuerte y más sabio. Nadie puede triunfar y tener éxito sin sufrir al mismo tiempo la violencia verbal de los envidiosos y los mentirosos. Es pura cuestión de estadística: Aunque la inmensa mayoría te apoye, un  5 %, como poco, va a estar siempre descontento con lo que hagas, hagas lo que hagas, da lo mismo. En el caso de los políticos la aprobación nunca llega al 50 %. Así que tú tienes que decidir si hacerle caso al 95 % que te apoya y que les parece bien cómo haces tu trabajo, o hacerle caso al 5 % que no le gusta lo que haces y quiere  que hagas otra cosa diferente, probablemente en su propio beneficio. 

Así que tú, ni caso. Lo que de verdad te va a proteger siempre, como un escudo antimisiles, será tu profesionalidad, tu trabajo, tu honestidad, tu independencia, y tu generosidad. Que nadie te lo quite.

5 comentarios:

Begoña dijo...

Todos conocimos a personas así, que al final dejamos atrás y después otros fueron dejando atrás; por eso ahora están solas.
Con el tiempo aprendieron a reciclarse a costa de desengaños, pero no todos quisimos volver a empezar. Cuando hay algo bajo la superficie siempre queda una esencia.

Buena lección la de hoy :)
Saludos

Enrique Páez dijo...

Cierto, Begoña. Yo no voy a sentir lástima por la soledad final de los depredadores. Ese es su karma. Yo siempre intentaré ponerme del lado del más débil, del acosado.

Inés Arias de Reyna dijo...

Qué gran verdad, Enrique. Gracias por estas palabras, que me han recordado a una persona que conocí de este talante y a la que espero no volver a ver en mi vida. Hay personas que es mejor tenerlas muy lejos, a uno o dos mares de distancia.

Luis Recuenco dijo...

Ostias, Enrique, no sé hasta qué punto te está afectando lo que cuentas. Mira, yo otra cosa no seré, pero leal a mis amigos lo soy hasta el final. Además del exquisito escritor que no escribe que conoces atesoro varios cinturones negros en diferentes artes marciales. Por tener, tengo hasta un carné del ministerio del interior que avisa de mi potencial peligrosidad. Solo tienes que llamarme y darme una dirección. Y aunque es posible que parte de anterior no sea rigurosamente cierto, no dudes de mi lealtad. A mis amigos no los toca ni Cristo. Un abrazo de oso.

Elba Ticano dijo...

Como de refranes parece que va el asunto, aquí van los mios.

"se cree el ladrón que todos son de su condición".

"quien se pica, ajos come"

y al señor que presume de que puede partir piernas como regalices le diré, que más vale maña que fuerza.

Un gusto!