Una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga.La luciérnaga aterrada huía de la feroz depredadora, pero la serpiente no se daba por vencida.
Un día, agotada, la luciérnaga se paró y le dijo a la serpiente:
“¿Puedo hacerte tres preguntas?”
“Sí puedes. Ya que te voy a comer, te dejo que preguntes.”
“¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?”
“No.”
“¿Te he hecho algo?”
“No.”
“Entonces, ¿por qué me quieres comer?”
“¡No soporto verte brillar!”
De ese modo cada día nos tropezamos con serpientes.
---
(Cuento popular, versión de Enrique Páez)
2 comentarios:
Y muchas veces nos quieren comer, aunque no brillemos.
¡Muy bueno!
Igualito, igualito que algunos individuos que andan por ahí. No obstante, ojala pudiera brillar para que las serpientes me quisieran comer. Buen corto.
Publicar un comentario en la entrada