lunes, 11 de febrero de 2008

Diáspora

Me dicen que cómo es que nos hemos ido a vivir tan lejos, en mitad del campo, si siempre hemos sido ratas de ciudad. Hace diez años yo tampoco lo hubiera imaginado, pero tampoco lo pensé de tantos otros. Peancha y Basilio a La Laguna. Berna al Pirineo aragonés. Marina a las Alpujarras. Blanca a Málaga. Nacho a Florianápolis. Tito, Jaime y Coque a Santander. La Nena a Barcelona. Victoria y Salvador a Cuenca. Ramón a Brooklyn. Piti y Esteban a Cáceres. Debes creerme que podría seguir hasta el aburrimiento citando nombres de personas que antes vivían en Madrid, y un día hicieron las maletas. Parece que el destino está repleto de caminos, y ninguno termina en Roma.

5 comentarios:

Basilio dijo...

Hace un tiempo oí una anécdota que recuerdo sólo vagamente: se trataba de una entrevista realizda en Santander a un famoso torero sevillano en años de la gloriosa.
-Maestro, ¿no se encuentra usted cansado después de venir de Sevilla, que está tan lejos?
-Mire udté, Zevilla eztá, onde tiene que eztá. ¡Lo que ezta lejoh e ezto!
Aún así, Enrique, ¿que diantres haces tan lejos?
Un abrazo
Basilio, desde Tenerife

-MissCani- dijo...

Se le saluda.... desde El Salvador...

Aurora Paez dijo...

Querido Quique.

Acabo de venir de Florianópolis y te juro que volvería con los ojos cerrados.
Me encanta tu casita en La Dacha, pero lo de Nacho es indescriptible. Él ha creado un “Amaranai” en Brasil y propone crear otro en España, de esta manera, cuando el crudo invierno se haga sentir aquí, agarramos las maletas con bañadores y ropa ligera y nos vamos a las plácidas playas de Garopaba. Por el contrario, cuando el invierno allí se aloje, siempre podemos venirnos a pasar el verano al… ¿Mediterráneo? Y disfrutar nuevamente del calor estival. Al fin y al cabo es lo que siempre has querido ¿no?

Pues hágase. Yo, me apunto. Vengo de Brasil con esta prédica para debatirla el día del cumpleaños de tu madre, el 28 de marzo (90 años). ¿Nos vemos en Santander?

Muchos besos.
Nena

Enrique Páez dijo...

No, si a mí lo del calor me gusta. Claro que sí. Tengo alma de conguito, y nos descansaré hasta que unos caníbales me cocinen en el caldero.
Intentaré ir a Santander, que 90 años son 90 años.
Besos

Esaque dijo...

Porque Madrid, el centro de Madrid, es una ciudad de paso. El corazón se le seca y aunque sus esquinas guarden en la memoria tus mejores anécdotas, y aunque pases en ella 41 años, tres ex-maridos, 2 carreras, 7 nietos y 4 perros más un gato, siempre será una ciudad de paso, de encuentros y desencuentros a lo bestia. Y claro amigo, eso llega un momento que es demasiado, y el cuerpo pide un respiro en forma de campo o cambio de continente. Y esto es así aunque al mismo tiempo a la cabeza le cueste salir de allí y los ojos sigan encontrando en Madrid la capital de todos los atlas de geografía humana.
No sé cómo será para los oriundos de la capital, para mí ha sido así. O parecido.
Besos de otra rata de ciudad venida muy al sur.